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El último poema de Sergio Algora

Muy pronto hará diez años. En la madrugada del 9 de julio de 2008, falleció el escritor, compositor e intérprete Sergio Algora (Zaragoza, 1969).


"Esta foto de Sergio Algora, que estaba trabajando en un libro de relatos (se lo había entregado a su editor Chusé Raúl Usón, de Xordica, y éste le llamó el viernes anterior a su muerte, por la mañana, para decirle que "No tengo el placer" y había de salir a principios de 2009), la he tomado de http://metropoleclub.blogspot.com".
SERGIO ALGORA: ADIÓS A LA VIDA EN LA PAZ DEL SUEÑO

Antón Castro/ 17.06.2018

Su compañera Maribel tenía que ir a leer su examen de oposiciones a Filosofía en Huesca y se levantaba muy pronto: cuando iba a darle un beso de despedida se percató que su compañero no respiraba. Había fallecido en la paz del sueño de un paro cardíaco. Sergio Algora fundó en los años noventa la banda El Niño Gusano con la que grabó discos como Circo luso, El efecto lupa y El escarabajo más grande de Europa . Más tarde se integró en una nueva formación: Muy poca gente, y en esos días integraba otro grupo reconocido en el panorama español: La Costa Brava, con el que grabó seis discos; el último fue Velocidad de crucero, editado en 2007.

Sergio Algora, por su personalidad, por su carisma, por su constante creatividad musical, era una figura muy respetada y valorada de la música española. En la música, era tan ecléctico que lo mismo alternaba a Paul Weller que a Beach Boys o Syd Barret, entre otras multitudes de combinaciones.

Sergio Algora era, además, poeta, se inició en la poesía, dramaturgo más bien ocasional y narrador. Entre otros libros, publicó los poemarios Envolver el humo, Paulus e Irene; Otro rey, la misma reina; Cielo ha muerto y Los versos dictados. En Xordica, en 2006, publicó un excelente libro de relatos: A los hombres de buena voluntad, y también era autor de la pieza teatral La lengua del bosque.

Sergio Algora era promotor de un sinfín de actividades: colaboraba en Zona de obras y en otras publicaciones. Se reconocía en jóvenes escritores norteamericanos como Chuck Palaniuik, David Forster Wallace, Michael Chabon, etc.

Cenamos juntos el último viernes de su vida, en la plaza de Santa Cruz, con Aloma, Carmen y su novia Maribel, y estaba realmente bien. Feliz, con proyectos. Un instante antes, en su bar, El Bacharach, habría bromeado con su novia Maribel: Le dijo que la querría siempre, que se amarían hasta el fin de los tiempos. Fue una preciosa noche de rencuentro y de viejas complicidades.

Cuando aquella mañana fatal me llamó Aloma para decirme que acababa de morir, no daba crédito. Padecía de corazón, es cierto, pero un golpe así era totalmente inesperado. Recordé nuestra cita en Borradores (Aragón Televisión) en junio de 2006: estuvo divertidísimo contando historias familiares, de barniz surrealista. Pero ese viernes, durante la cena, descubrí que Sergio era un espléndido narrador oral que poseía un ramillete inagotable de anécdotas, reales e inventadas o reinventadas. Descubrió la poesía con los clásicos, pero pronto le interesaron Vicente Aleixandre, Cernuda, Arthur Rimbaud, al que siempre volvía, Stephane Mallarme, Paul Celan, que era su favorito, y en los últimos tiempos había disfrutado muchísimo con John Ashbery, entre otros autores.

En 1998, cuando dirigía la editorial Olifante, le publiqué el libro Paulus e Irene, sobre el que estuvimos hablando. Sergio me dijo que reconocía ahora que “era un libro inmaduro”. Hallo en ese texto, que jugaba con los apócrifos y con la distorsión del lenguaje, ese breve poema, “Espalda”: “Mis miembros fueron calcados // en la tierra yerma // para dibujar lo que soy yo muerto”. Sergio, tras la publicación de su libro de relatos de Xordica, fue elegido Nuevo Talento FNAC. En el blog que mantenía en la clubcultura se hace este autorretrato en clave de humor:


AUTORRETRATO DE SERGIO ALGORA

[Nazco en Zaragoza (1969 ) y hasta los quince años no me pasa nada reseñable (una chica ocho años mayor que yo me enseña varias cosas fundamentales). Tras este primer encuentro con la otra dimensión he escrito y publicado cinco libros de poesía y una obra de teatro. También he grabado diez discos con El Niño Gusano, Muy Poca Gente y La Costa Brava. Actualmente intento dejar de beber todo lo que cae en mis manos en el Bar Bacharach de Zaragoza. Mi psiquiatra dice que no soy alcohólico, que soy dipsómano. Así que todos tranquilos.]

El último poema de Sergio Algora

“Hombres pelados con cuchilla,
mujeres en el sacapuntas,
niños en la mina, planetas en el zoo, estrellas en el cortejo”.

Dejé mi país para ser etíope por un año.
Dejé de dictar para subordinarme.
Etiopía estaba bajo la nieve.
La fiebre la había helado.
El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado.
Los buitres habían construido allí una nueva ciudad.
Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos
arrancados de las reses.
Los ancianos se convertían en pergaminos.
El ganado se reducía a cenizas.
Los adivinos contemplaban el humo
y las heces.
Los brujos traducían los poemas del premio Loewe.
Nos dábamos por el culo sin cesar,
tiritando en las chozas.
Cada nevada exterminaba una tribu.
Nos quedábamos con sus cuerpos y con sus enseres.
Parecía que un sueño invernal
iba a terminar con el hambre.
Llegaron los renos y Santa Claus
y cargaron en el trineo los leones famélicos
que se exhibían en el palacio presidencial.
Le dimos un león a la uno,
dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro,
cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once,
todo el oro de África a todos los santos,
el único clítoris mayor de dieciocho años
al único dios.
El entrenador de dios,
colocó el clítoris africano en el centro del campo
de un chochito blanco
y lo hizo debutar en el mundial.


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