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"La literatura debe ser una llave que permita abrir muchas puertas"

Hijo (La Bella Varsovia, marzo 2017), son "anotaciones a la perplejidad" que supuso en el autor la llegada de su primer descendiente y "una sucesión de asombros". Además, es el último libro publicado por Raúl Quinto.


Raúl Quinto durante la presentación de Hijo en Antas

Javier Irigaray / 09·07·2017

- ¿Cómo surge Hijo?
- Para sorpresa mía, de forma inesperada. Mi forma de escribir requiere un trabajo previo muy largo. Recopilo mucha información y numerosas notas; voy construyendo el libro poco a poco, muy pensado y planificado a medio o largo plazo. Sin embargo, éste se presentó como una urgencia vital tras el nacimiento de mi hijo y el impacto emocional que supuso, así como los acontecimientos que sucedieron ese día. Quedé bastante noqueado. Experimenté una multitud de sensaciones que no sé nombrar. Al mismo tiempo, lo tenía todo muy claro y no sabía definir qué estaba pasando, qué me ocurría y por qué. Me sentía en cierto modo atónito.
- De su lectura cabe intuir que no tenías decidido construir un libro cuando comenzaste a escribirlo.
- Hijo es el asombro. El descubrimiento de una 'verdad' ante la que entendí que el único modo de desenredar el nudo que tenía a mi alcance era ponerme a escribir y, en ese instante, es cuando veo que tengo delante un libro. Después, el proceso de construcción lo hice en tiempo récord. Me salió todo muy rápido y, extrañamente, cerré el libro en apenas tres meses. Bastante visceral para mi forma de escribir. De todos modos, en él intento enfriar las emociones. Se puede decir que Hijo se me cruzó por el camino. No es una obra medida, planificada ni prevista. 
- Como en Yosotros, tu libro anterior, en Hijo cobran cierta relevancia los pronombres como síntoma de la relación del hombre con los otros y el mundo. 
- En toda mi obra hay una constante que suelo trabajar mucho: La identidad. Qué significa ser yo o ser tú. Es algo que me preocupado bastante y, por eso, en toda mi obra aparece de una manera central. Aquí también. Una de las cuestiones principales que trata el libro es quién soy yo en mi relación con el mundo ahora que soy padre. Como me transforma y reinterpreta este nuevo estado.
- En el libro compendias una serie de reflexiones en prosa desde el yo más lírico, otra vuelta de tuerca que trasciende géneros literarios.
- Hijo sigue la estela de Yosotros y de Idioteca. Quizá el tema que trata se presta a que el tono lírico se filtre más que en los otros dos. Hay en él una voluntad deliberada de mezcolanza y bastardía genérica, pero es verdad que ofrece momentos y destellos poéticos más evidentes. Destaca más el aspecto lírico, pero no es poesía. Yo me planteo otros presupuestos cuando escribo poemas y tengo presentes otras reglas y conceptos que aquí ni tan siquiera me he planteado, pero es cierto que la poesía está presente en este libro.
- Y, como conclusión, ninguna. Sólo puertas abiertas.
- No me gusta el arte cerrado, el que expone una verdad absoluta con la que hay que comulgar. Mi concepción de la literatura y del arte, lo que me interesa practicar y ver y lo que pido es que la obra me ofrezca una llave que me permita abrir muchas puertas. Que esa llave sea distinta en cada momento y me ayude a terminar de construir el relato, la película, el cuadro o el poema. Por coherencia, eso es lo que intento transmitir al lector con mi literatura: una puerta entornada o, como escribí en Idioteca, que en las manos vacías quepa el universo entero. El arte debe albergar la posibilidad del infinito. Hay demasiados escritores que se erigen a sí mismos en portadores de la luz del mundo. Ignoran que cada persona tiene una luz diferente

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