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No es el tiempo, de Meira Delmar

Vuelve 'El poema de la semana' con "uno de los grandes poetas de América", en palabras de Gabriel García Márquez. Así, dicho a propósito por el Premio Nobel colombiano por encima de todos los sexos.


Meira Delmar
Javier Irigaray / 05·03·2017

Olga Isabel Chams Eljach es el nombre con el que nació Meira Delmar el 21 de abril de 1922 en la ciudad colombiana de Barranquilla, un nombre y unos apellidos que decidió cambiar por Meira Delmar a los 16 años, cuando envió a la revista cubana Vanidades cuatro poemas que fueron seleccionados y publicados en su sección 'Poetisas de América'.

Eligió su pseudónimo basándose en una transformación del árabe Omaira y en su amor por el mar. Hija de libaneses, con seis años fue a conocer los cedros de su país de origen, “y ese espectáculo de aquellos árboles inmensos, milenarios se me quedó siempre en el alma. Allá, yo conocí los trigales y me impresionó ver aquel mar dorado... En el Oriente, hay una flor y un perfume que son característicos: el jazmín, y a mí, no sé por qué, siempre me aparecen los jazmines, cuando escribo”.

Comenzó a escribir poemas con once años “para darle a la vida un toque de belleza, que la haga más deseable”. En su precoz inicio tuvo mucho que ver su madre, que despertó en ella el amor por la poesía de Jalil Gibran, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou, Gustavo Adolfo Bécquer, Pablo Neruda o, también, Miguel de Cervantes.

En 1942 publicó su primer libro, Alba de olvido, con una tirada inicial de 50 ejemplares. Le envió uno a Juana de Ibarbourou, y la respuesta que obtuvo de la uruguaya fue la razón que determinó que siguiera escribiendo.

Meira nunca se casó porque esperó al amor, “y éste nunca llegó”. Sin embargo, consideró que fue afortunada en la vida, pues tuvo grandes amigos, como Gabriel García Márquez, a quien llamaba 'Gabito', y otros escritores con los que compartía tertulia en un bar de Barranquilla que se llamaba 'La Cueva'. El Premio Nobel colombiano definió a Delmar como “uno de los grandes poetas de América”, por encima de cualquier cuestión de género.

Escribió al amor, al olvido y a la muerte como temas centrales de su obra. Así mismo, describió la existencia de una media voz en toda su poesía, la nostalgia de algo, de lo que no puede ser, de lo imposible.

Asegura el poeta Sergio Esteban Vélez que “si al leerla, uno podría enamorarse de ella; después de conocerla, era imposible no adorarla. Tales eran su delicadeza, su dulzura y su sencillez, que hacían complemento perfecto con la suavidad de su voz y con esa memoria prodigiosa que le permitió, hasta el final, recitar sus poemas enteros con los ojos cerrados y el rostro iluminado, como en una experiencia mística”.

Precisamente en el prólogo que escribió para 'Historia cóncava', poemario de Vélez, define su poética: “La poesía amorosa es la poesía por excelencia. Todos sabemos que el amor es el sentimiento que justifica la vida, y cuando el ser humano lo siente y quiere traducirlo en palabras, debe valerse de la emoción que encierran las voces que pertenecen por derecho propio a la poesía”, 

Murió en la ciudad en que siempre vivió el 18 de marzo de 2009.


No es el tiempo 

No es el tiempo
el que pasa.
Eres tú
que te alejas apresuradamente
hacia la sombra,
y vas dejando caer,
como el que se despoja
de sus bienes,
todo aquello que amaste,
las horas
que te hicieron la dicha,
amigos
en quienes hubo un día
refugio tu tristeza,
sueños
inacabados.

Al final, casi
vacías las manos,
te preguntas
en qué momento
se te fue la vida,
se te sigue yendo,
como un hilo de agua
entre los dedos.

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