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“¡Miren lo que se hace en Murcia y en Andalucía y fuercen el compromiso de sus gobernantes!”

El profesor Oswaldo Arteaga observa con tristeza un Levante almeriense “desperdiciando todo el potencial de riqueza cultural que atesora” y echa en falta que los políticos comarcales se comprometan con un gran proyecto de recuperación


Oswaldo Arteaga (tercero por la derecha) delante de la meseta de El Argar entre un grupo de antusos.

Javier Irigaray / 03·03·2017

Catedrático de Prehistoria en la Universidad de Sevilla, miembro de la Academia Andaluza de la Historia y del Instituto Arqueológico Alemán, el profesor Arteaga observa con tristeza un Levante almeriense “desperdiciando todo el potencial de riqueza cultural que atesora” y echa en falta que los políticos comarcales se comprometan con un gran proyecto de recuperación, tal y como ocurre en otras provincias de Andalucía y regiones de España. La indolencia general hace “que lo que podría ser fuente de riqueza, hoy sólo lo es de lamentaciones”. 

Oswaldo Arteaga, investigador de enorme y arrolladora personalidad, tanto en lo físico como en la forma de conducirse y afrontar la realidad, lamenta el estado de abandono y deterioro que sufren los principales yacimientos arqueológicos de la comarca, y ofrece al respecto la explicación del analista que llegó a excavar a estas tierras allá por 1976. Asegura que “donde ha habido interés por parte de los investigadores y apoyo de los administradores, hay frutos, pero donde no existe ese apoyo, no hay nada. Habrá que remover el Levante, porque hay gente activa pero, desgraciadamente, la comarca se limita a vivir del nombre de su Cultura mientras El Argar se cae a pedazos. Es una tristeza que comparto con ustedes y es urgente una política efectiva que cree las condiciones para una investigación que no puede hacer cualquiera, que requiere de una planificación para asegurar que lo que se haga trascienda en el tiempo y sea fuente de riqueza. Mientras siga como está, sólo será fuente de lamentaciones, que es lo que hacemos todos los que pasamos por allí”. 

“En Murcia –explica- se trabaja porque existe el interés de un equipo que ha encontrado la ayuda política necesaria y consecuente con esa inquietud. También en Andalucía, un ciudadano del Levante almeriense puede morir de envidia visitando los trabajos que se realizan en Galera, en Baños de la Encina, por poner unos ejemplos en provincias cercanas como Granada y Jaén. En Porcuna, localidad jiennense, estamos investigando ininterrumpidamente desde 1978 y han pasado cinco corporaciones municipales distintas, pero hay otro compromiso. Todas han estado por la labor. Ahora mismo estamos preparando la publicación de cinco libros sobre su historia antigua”. 

“Cuando llegamos allí, a Porcuna, hace cerca de cuarenta años –recuerda el profesor-, sólo se conocía el hallazgo de unas cuantas monedas, el nombre de Obulco y una figurilla con forma de toro. Hoy hay más de ochenta yacimientos arqueológicos en el término municipal y cuatro tesis doctorales de investigadores que hoy son catedráticos de Universidad. ¿Cómo se explica? No son los mismos apoyos los que he tenido en ese pueblo que los que se encuentran aquí, en el Levante almeriense, donde sólo nos limitamos a hablar. A ver cuándo se ponen de acuerdo. No tiene que ser con el protagonismo de nombres de prestigio. Hoy hay muchos más arqueólogos ¿por qué no se promocionan?”. 

El científico muestra el camino: “¡Miren lo que se hace en Murcia y en las demás provincias de Andalucía y fuercen el compromiso de sus gobernantes! En su comarca tienen que dejar de mirar con envidia lo que hacen los vecinos y ponerse manos a la obra, porque precisamente ahí empezó la arqueología moderna hace más de un siglo, y porque la información que se ha producido en Andalucía en los últimos años está haciendo cambiar las ideas que se tenían de la prehistoria en la Península Ibérica. Por eso es aún más triste que en Almería y el Levante almeriense se esté desperdiciando todo el potencial de riqueza cultural que atesora porque la acción que se realiza es paupérrima con respecto a lo que merece. La publicidad está asegurada. Tienen las marcas. Millares y Argar son nombres sobradamente conocidos en todo el mundo. ¡Dejen de lamentarse, trabajen y exijan a sus políticos!”. 

No le falta autoridad al profesor Oswaldo Arteaga para exigir actuaciones en El Argar. Llegó por primera vez a realizar unas primeras investigaciones en Fuente Álamo, poblado argárico en el término de Cuevas del Almanzora, en 1976, en donde observó “que nos hallábamos ante un proceso de civilización distinto que se había desgajado y dejado en la cuneta a otra tan importantes como la de Los Millares, que ya tenía una extensión que abarcaba desde el sur de Portugal hasta el sudeste”. 

Era el inicio de una nueva teoría para explicar lo que ahí ocurrió en las edades del Cobre y del Bronce, hoy aceptada por la generalidad de los investigadores, pero novedosa entonces. 

ESTADOS AUTÓCTONOS 

“Nosotros probamos que surgió un estado emergente cuyo foco irradiaba desde El Argar. Es nuestra teoría del estado que tuve la oportunidad de exponer en 1984 en el Congreso de Cuevas del Almanzora en homenaje a Louis Siret. Allí nació la propuesta de que el territorio argárico constituía un estado que se fue expandiendo en detrimento de la llamada Cultura de Los Millares. Los investigadores actuales están definiendo sus límites, aunque aún quedan otros que continúan manteniendo la teoría de las jefaturas tribales, según la cual, cada asentamiento sería una organización política distinta y diferenciada de las demás”. 

Posteriormente encontró, a finales de los ochenta, la complicidad del Instituto Arqueológico Alemán, y volvió a Fuente Álamo, junto al doctor Hermanfrid Schubart, para excavar el yacimiento en una campaña que culminó con la rehabilitación que hoy se puede contemplar y, desgraciadamente, con la denegación por parte de la Junta de Andalucía del pertinente permiso para poner en valor el nivel excavado correspondiente a la Edad del Bronce. 

“Aquella investigación supuso un enfoque teórico completamente nuevo nacido de la confluencia de distintas disciplinas en una misma prospección y de las preguntas que se nos fueron suscitando, como cuál era el origen de esa metalurgia, de la agricultura y las plantas cuya existencia fuimos conociendo y las soluciones que nos aportó la técnica del ADN. Así nos fuimos dando cuenta de que la llamada Cultura de Almería era un cuerpo de civilización autóctono del Sudeste ibérico. No hubo una colonización desde fuera, que era la forma que había hasta entonces de explicar la prehistoria de la Península”. 

“El Argar surgió como una resistencia frente a un estado anterior, que fue el de Los Millares. En Almería tenemos la fortuna de ver dos manifestaciones estatales de época prehistórica, una colectivista, como Los Millares, y otra que surge como resistencia en El Argar, con una frontera que fue avanzando hasta que desapareció Los Millares y se fijó, por ese lado, en las proximidades de Almuñécar, en Antequera por otro y en Porcuna por un tercero”. 

Y las fronteras, como lindes, suelen ser causa de conflictos que, cuando hablamos de estados, se llaman guerras. “Para una sociedad jerarquizada y clasista, caracterizada por una desigualdad social, militarización y fronteras significan guerra y sometimiento de poblaciones bajo poderes en crecimiento. Hay una serie de aparatos militares en esta Cultura a los que no se ha prestado toda la atención que se debiera. No podemos afinar hasta el punto de asegurar que existió una caballería, pero nosotros tenemos documentado el uso de caballos sobre el 1500 a.C. Tenemos muchos elementos que lo prueban”. 

“Las ideas que lanzamos desde nuestros trabajos han ido prendiendo en otros grupos de investigación que alcanzaron las mismas conclusiones que nosotros y ya aceptan nuestra propuesta de existencia de estados en Los Millares y El Argar, separados por una frontera política que los dividía y distinguía dos formas de vida y cultura diferentes. Las dos estaban en Almería y son originarias de lo que hoy es la provincia”. 

Estamos perdiendo nuestra historia 

“Echamos en falta más interés –subraya Arteaga-. Somos producto de la sociedad en que vivimos, de cómo se fomenta el conocimiento en la edad que nos toca vivir y de cómo adaptamos el compromiso de asumirlo. Poco ayuda que la historia se limite a ser un compendio de anécdotas en ausencia de un relato que las conecte, analice las causas de los hechos e investigue sus consecuencias. Esa actitud es fundamental para explicar la trascendencia de todos los procesos que se suceden a lo largo de la historia. También para entender lo que supusieron Los Millares y El Argar y que ambos puedan convertirse en patrimonio de todos, tanto de los investigadores como de los habitantes actuales de esas comarcas. Lo triste es, no sólo que se pierda esa historia remota, sino que no se sepa unir con la que hoy se construye”.



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