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Libros de texto, publicaciones y éxodo científico


Aunque parezca increíble, los libros de texto del bachillerato andaluz hacen suya una visión de nuestra región que parece definida desde la óptica de los nacionalismos periféricos y raya en el concepto de la superioridad racial. Decir que la identidad de Andalucía no es consecuencia de “factores culturales” sino del “retraso económico” es insultante.




Antonio J. Rubio Simón / 21·12·2016

"EN ANDALUCÍA NO se puede hablar de una situación de predominio o de supremacía cultural como consecuencia de factores culturales, como la lengua, la religión, o el origen étnico o el estilo de vida. Lo que ha marcado la división entre Andalucía y el resto de las regiones ha sido su desarrollo socio-económico, pues ha habido diferencias interregionales basadas en la estructura y métodos de producción (…) Los andaluces somos conscientes de que nuestro rasgo diferencial fundamental es el retraso económico, frente a la historia, la lengua y la raza (rasgos que se consideran definitorios de una nacionalidad histórica)". 

Este párrafo sacado de un libro de texto de uso en los institutos del bachillerato andaluz y publicado en 2000, nos detalla a la perfección cómo nos conceptúan como pueblo desde otras regiones. Un texto definido desde la óptica de los nacionalismos periféricos que raya en el concepto de la superioridad racial y, por tanto, económica. Una visión colonialista de cómo nos ven los que, según ellos, sí poseen una identidad nacional. De subrayar lo sumisos que somos los ciudadanos andaluces, incapaces de reconocer lo que de original y excepcional puede tener nuestra cultura. Y sobre todo de hacer valer lo que realmente como comunidad particular haya podido aportar al conjunto de la humanidad esta sociedad meridional. Poco importa no poseer una lengua vernácula propia cuando se poseen otros rasgos culturales e históricos mucho más notables. Nuestra identidad, para mí, subyace precisamente en la complejidad de una historia singular, donde precisamente el peso de la cultura en los distintos periodos ha sido superior al de la política hasta la actualidad. Y como parte muy importante de esa cultura del sur, nuestro Argar. 

No nos cansamos de reivindicar el extraordinario patrimonio arqueológico que se encuentra alojado en el territorio comarcal. Pero si teníamos claro la necesidad de investigación arqueológica que insistiera tanto en el conocimiento como en la preservación de nuestros yacimientos, ahora la evidencia anterior toma el carácter de llamada desesperada, para que al menos los yacimientos más emblemáticos sean de nuevo investigados y puestos en valor al servicio y formación de los ciudadanos. 

¿Por qué? Porque una de las patas fundamentales en la que apoyar un desarrollo sostenible es sin duda el patrimonio histórico y nuestro patrimonio es por su importancia y singularidad, el arqueológico. 

Así nos lo hacen ver todos los especialistas con los que hablamos y nos animan a que sigamos en nuestro empeño. El bello objetivo de lograr la inscripción de “El Argar” en la lista de la Unesco como Patrimonio Mundial no se va a lograr sin investigación arqueológica. Pero si importante es la investigación, también, y no menos, lo es la publicación y análisis de los resultados de esas excavaciones. De nada nos valdría, como por desgracia ya ocurrido en nuestra tierra, que la administración andaluza, en este caso la Delegación de Cultura, otorgue los permisos correspondientes y más tarde el equipo de investigación no publique los datos obtenidos de su tarea. Sin los artículos científicos y las monografías correspondientes, difícilmente se podrá implementar candidatura alguna para un reconocimiento formal de la Cultura Argárica. 

Haciendo memoria de las investigaciones pasadas, dos equipos se han encargado de investigar sobre dos yacimientos argáricos de nuestra comarca. Por orden cronológico, la primera excavación que se emprendió después de los señeros estudios de Luis Siret sobre la Edad del Bronce, fue la dirigida por Hermanfrid Schubart y Oswaldo Arteaga en Fuente Álamo, Cuevas de Almanzora, entre 1977 y 1999. Este proyecto fue financiado en un gran porcentaje por el estado germano, a través del Instituto Arqueológico Alemán. El otro, dirigido por Vicente Lull, de la Universidad de Barcelona, investigó entre 1985 y 2006 en Gatas, Turre. Ambos produjeron una notabilísima serie de publicaciones. Entre ellas, sendas monografías publicadas por la Consejería de Cultura tituladas “Fuente Álamo: Las excavaciones arqueológicas 1997-1991 en el poblado de la Edad del Bronce” y “Proyecto Gatas 2. La dinámica paleoecológica de la ocupación prehistórica”. Y aun esperamos las publicaciones definitivas. 

Las razones que llevaron a estos equipos a abandonar nuestro suelo no las vamos a tratar en profundidad en este momento, la realidad es que han dejado de trabajar en nuestros pueblos beneficiando con su labor a otras regiones peninsulares. En expresión de algún investigador, faltó voluntad política. Véanse, por el contrario, los espectaculares resultados del equipo catalán en los enclaves de La Bastida, La Tira del Lienzo y La Almoloya, en la Región de Murcia, todos de época argárica. Es lamentablemente triste ver abandonar su objeto de estudio a personas que han dado buena parte de su vida en investigar esta parte de nuestro pasado. 

Como ven en los albores del segundo milenio de nuestra era, la investigación arqueológica en nuestra comarca sufrió un detrimento del que aún no se ha recuperado como vamos a ver. Según información actualizada a julio de 2016 de la web de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, existen actualmente en marcha en el territorio andaluz 27 “Proyectos Generales de Investigación Arqueológica”. 

Desglosados por provincias: Huelva 1, Córdoba 2, Granada 2, Málaga 4, Cádiz 5, Jaén 6, Sevilla 6 y otro más repartido entre Málaga y Cádiz. Se dice que el cero se inventó en la India, pero aquí en nuestra tierra lo tenemos patrimonializado, es algo como muy nuestro. Ese es el número que nos corresponde en cuanto a proyectos de investigación arqueológica. ¡CERO! ¿No hay investigadores que se interesen por nuestro pasado? Ya… 

La cuestión clave es la movilización ciudadana. Si nos agrupamos y remamos todo en un mismo sentido concretando los pasos que hay que dar, conseguiremos llegar al objetivo de ver a la “Cultura Argárica” con el mayor reconocimiento otorgado por la Unesco. Y así poder conjurar esa visión de una Andalucía sin alma, cuyo único hecho diferencial sea la escasez de renta, como afirmaba el libro de de texto citado al principio.

URL del documento citado: http://www.juntadeandalucia.es/organismos/cultura/areas/bienes-culturales/actividades-arqueologicas/paginas/proyectos-investigacion-arqueologia.html

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