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Bosco pone banda sonora a un viaje permanente por paraísos humanos

La banda ofreció en Chamán un concierto más allá de la música durante la noche del sábado 10 de diciembre. La sala ha emprendido una nueva singladura por el proceloso océano del invierno y ha ofrecido un espectáculo realmente inolvidable


Bosco en un momento de su actuación en Chamán
Javier Irigaray / 11·12·2016

Sorpresa deliciosa y fascinante vivida anoche junto al mar antiguo de Los Escullos. Los primeros acordes lanzados por Bosco abrieron un viaje hipnótico hacia el centro más profundo del público. 
Descubrir el bajo de seis cuerdas era toda una declaración de intenciones y el aviso de que los cinco habitantes del escenario estaban dispuestos a hacer hasta lo imposible para colmar el espacio del Chamán con emociones construidas más allá de la música. 
Sin embargo, la música fue el traductor necesario de un concierto que desveló el contenido de El elixir mágico y Una nueva hoguera, disco doble de la banda que encierra un babel que todo el mundo comprende. Canciones que mezclan castellano, inglés, italiano, griego, finés, quechua e, incluso, versos en sánscrito eran perfectamente inteligibles en una Babilonia mediterránea que acabó cantando en francés gracias a una puesta en escena que buscó desde el primer instante la complicidad de un público que condecoró con coronas vegetales, abrazó a la luz de cirios azules y bailó un sirtaki alrededor de la columna que sustenta el cielo que vivimos los humanos. 
Bosco recordó que un concierto es mucho más que un contenedor de canciones y ofrecieron sensaciones más allá de la música para hacer comprender, parafraseando a William Blake, la eternidad en una hora en el viaje infinito hacia el interior de nosotros mismos, la búsqueda sin final de la que hablan en una de sus canciones. 
Voy a exprimir el mosto de la vida, repite en esa misma canción David Moretti, garganta prodigiosa capaz de transitar por registros extremos en una fracción de segundo, una vida que entendemos porque amamos. Al pintor holandés se le acusó de dibujar diablos y de escribir la música del infierno en El jardín de las delicias, sin embargo este Bosco pone banda sonora a un viaje permanente por paraísos humanos.

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