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Una presa, el Patrimonio de la Humanidad y una comarca en el olvido

Si a finales del siglo XIX Siret afirmaba que Almería era el mayor museo de prehistoria del mundo a cielo abierto, apenas nos descuidemos las piezas que conforman ese museo pueden pasar a formar parte del patrimonio expoliado, perdido o destruido


Fuente Álamo
Antonio J. Rubio Simón* / 27·09·2016

LA CONSTRUCCIÓN DE la presa de Assuan, en plena Guerra Fría, produjo la inundación de un sector importante del territorio egipcio y sudanés, 90.000 habitantes nubios tuvieron que ser trasladados. En 1959 los gobiernos egipcio y sudanés solicitaron ayuda a la Unesco para proteger o rescatar los monumentos puestos en peligro de inundación. En 1960 el director general de la Unesco lanzó una petición a los estados miembros para salvar los monumentos de Nubia. Para rescatar parte del patrimonio en peligro se organizó una campaña internacional, en la que distintas naciones aportaron recursos y personal para trasladar estos restos de la antigüedad egipcia, a cotas superiores a salvo de las aguas del lago resultante, llamado Nasser. Se excavaron cientos de sitios, se recuperaron miles de objetos y se reubicaron un buen número de importantes templos, entre ellos los famosos complejos de Abu Simbel y File (Philae). 

El Estado Español, entonces bajo la égida franquista, participó en este programa junto a otras importantes naciones. Como consecuencia de ello, nuestro país recibió del gobierno egipcio los restos de un templo llamado de Debod, que se instalarían en Madrid. Egipto donó cuatro templos como símbolo de gratitud a los países que contribuyeron especialmente al éxito de la campaña: Debod a España, Taffa a los Países Bajos, Dendur a Estados Unidos y Al Ellesyia a Italia. Como arqueólogo director participó Manuel Pellicer Catalán, esposo de la arqueóloga tijoleña, Pilar Acosta Martínez. 

La Unesco, animada por este éxito de colaboración internacional, se propuso crear un inventario del patrimonio cultural y natural a nivel mundial. Así nació en 1972 lo que se llamó la Lista del Patrimonio Mundial o, como nosotros la conocemos, la Lista del Patrimonio de la Humanidad. España ocupa el tercer puesto en número de sitios declarados patrimonio de la Humanidad precedida exclusivamente por Italia y China. Nada nuevo descubro al afirmar que nuestro país es uno de los que cuenta con un patrimonio más amplio, importante y variado. 

La Comunidad Autónoma andaluza es una región privilegiada desde el punto de vista natural e histórico. Andalucía aporta a dicho inventario la Alhambra, El Generalife y Albaicín en Granada; el Centro histórico de Córdoba; la Catedral, el Archivo de Indias y el Alcázar en Sevilla; el Parque Nacional de Doñana (Huelva, Sevilla, Cádiz); conjuntos monumentales renacentistas de Úbeda y Baeza, Bienes andaluces incluidos en el Arte Rupestre del arco mediterráneo, y el Sitio de los Dólmenes de Antequera. 

No hay que ser muy perspicaz para observar que tan sólo una provincia andaluza carece de bien alguno declarado, si exceptuamos la genérica de los bienes del Arte Rupestre Mediterráneo, compartido con otras comunidades autónomas. No es otra que esta esquina olvidada del mapa, la Almería de los silencios, siempre expuesta a las malas artes de una clase política mediocre y desmemoriada. ¿Cuáles son las razones? ¿No cobran su sueldo con regularidad mes tras mes? Quizá sea que los ciudadanos no se lo recordamos lo suficiente y especialmente cuando se celebran comicios. 

La brillantez, importancia y reconocimiento internacional de estos bienes ya incluidos por la Unesco no debe empañar la trascendencia de otros, que por menos promocionados no dejan de ser importantes a escala nacional e internacional. A nivel arqueológico, pocos son los bienes recogidos en Andalucía. En sentido estricto tan sólo la reciente declaración de los Dólmenes de Antequera. Razón de más para incluir más bienes de esta tipología. 

Si a finales del siglo XIX Siret afirmaba que Almería era el mayor museo de prehistoria del mundo a cielo abierto, apenas nos descuidemos las piezas que conforman ese museo pueden pasar a formar parte del patrimonio expoliado, perdido o destruido. 

Mientras, nombres ya míticos en la literatura científica como El Argar, Fuente Álamo, Gatas, Almizaraque, El Garcel, por citar algunos de los clásicos, y montones de yacimientos inexplorados aún, esperan en esta comarca levantina de los imposibles a que aparezca el líder político que los rescate del olvido.
______

* Historiador

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