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Historias para una historia: Cuevas del Almanzora y su provincia, de Enrique Fernández Bolea. Reseña

El próximo sábado 5 de marzo tendrá lugar la presentación de 'Historias para una historia: Cuevas del Almanzora y su provincia', último libro del cronista oficial de la ciudad, Enrique Fernández Bolea, titulado, editado por Arráez bajo el patrocinio del Ayuntamiento 


El autor, Enrique Fernández Bolea, durante la presentación del último libro de José Herrera Plaza, al fondo 


Pedro Perales* / 01·02·2016

El próximo sábado 5 de marzo tendrá lugar la presentación del último libro del cronista oficial de Cuevas del Almanzora, Enrique Fernández Bolea, titulado Historias para una historia: Cuevas del Almanzora y su provincia, que ha sido editado por Arráez bajo el patrocinio del Ayuntamiento de la ciudad. En esta ocasión el diseño de la cubierta y contracubierta ha corrido a cargo de Rodolfo Criado Fernández, que ha tenido el acierto de realizar una atinada carta de presentación acorde con la variedad y cronología de las historias recogidas en el libro y con la modernidad de los tiempos que corren. 

Estoy seguro de que quien decida leerlo quedará con la agradable sensación de haber aprovechado la oportunidad de disfrutar de un libro de muy cómoda lectura ya que puede comenzar por cualquiera de los varios capítulos que lo componen y continuarla por cualquier otro, el que más le apetezca por su título, o por otra razón. Es un libro que no necesita separador ni marcador de página. Es una miscelánea que recopila artículos o pequeñas "historias" ubicables en varias de las diferentes secciones o parcelas (social, económica, cultural...) que se engloban dentro del concepto general de historia, en este caso la·"historia" de Cuevas del Almanzora y su provincia. 

No son la minería y la arqueología, en las que tan prolífico se muestra este municipio para una reconstrucción global de su realidad actual inacabada, los únicos pilares en los que descansa el gran edificio total de su historia. Son otros muchos factores. Al igual que un mosaico no se materializa sólo con dos teselas, por muy importantes que éstas sean, sino que es el concurso e interrelación de muchas más lo que le confieren un aspecto acabado y finito, así en la construcción de la actual realidad histórica cuevana ha sido necesaria la concurrencia de varias parcelas, dimensiones o frentes sucesivos y coetáneos. Como el mismo autor dice en la introducción, lo que ha pretendido con su libro ha sido rescatar de nuestra memoria, más o menos próxima o más o menos remota, aquellos avatares que han tenido lugar aquí y no en otro sitio, acontecimientos y vicisitudes que en nuestra localidad, en nuestra comarca e incluso a lo largo y ancho de nuestra provincia han surgido y progresado de un modo singular, propio, con unos matices particulares que los alejan de procesos históricos más generales. 

De ahí que quien se adentre por los vericuetos de esta miscelánea de interesantes y amenas historias cuevanas sabrá, entre otros aspectos de su historia general, que Villaricos pudo haber tenido una suntuosa y artística iglesia construida por el insigne arquitecto Antoni Gaudí, a la que él mismo denominaba con el pomposo nombre de Catedral de Villaricos; que hubo un tiempo en el que el principal tema de conversación en Cuevas del Almanzora giró en torno a un descubrimiento que, por su denominación, despertó y aún despierta el interés de quienes lo escuchan: el monstruo de Cirera, que era en realidad un fósil cuyo descubridor −el geólogo e ingeniero Clemente Roswag− catalogó como de origen marino, con la considerable dimensión de 12’5 metros de longitud; que el artístico y famoso panteón que se encuentra en la avenida principal del cementerio de San Miguel y que es conocido popularmente como Cuna de la niña de cera, es en realidad el monumento que un marido profundamente apenado mandó construir para que acogiera el cuerpo sin vida de su joven esposa de 17 años y madre de su única hija; que este municipio, antes de ser denominado con el topónimo con el que hoy es conocido −Cuevas del Almanzora−, recibió otras cuatro denominaciones diferentes −Villa de las Cuevas, Las Cuevas del Marqués, Cuevas de Baza y Cuevas de Vera−, habiendo sido siempre una entidad municipal autónoma e independiente; y así hasta trece historias que serán del agrado de los lectores amantes de esta forma de construir la historia a base de pequeños retazos que cuadran con el concepto unamuniano de intrahistoria, según el cual la Historia de Cuevas del Almanzora, su Historia principal o gran Historia, la que ha parido la realidad actual de este municipio, no habría sido posible si no se hubiera gestado a lo largo de los siglos de esas otras, varias y diferentes, "historias" pequeñas que dan cuerpo a este libro. Vienen a ser algo similar a lo que el escritor y filósofo salmantino describe alegóricamente como la superficie del mar, la inmensa, la visible, que no sería posible sin la silenciosa, aparentemente inexistente e invisible profundidad. 

Las cuevanas y cuevanos en particular y todos los amantes del estudio de la historia desde esta dimensión intrahistórica estamos de enhorabuena gracias al trabajo y al esmero con los que Fernández Bolea nos regala ahora con este libro, de amena lectura por su peculiar estilo, al que ya nos tiene acostumbrados, de elegante prosa y léxico preciso, así como por su sintaxis fluida y variada; por su interesante, oportuna y fundamentada contribución para que podamos disponer de un material más que interesante que, sin ninguna duda, nos ayudará a mirar hacia nuestro futuro con un conocimiento enriquecido con las "historias" que rescata de nuestro pasado y nos regala tan generosamente. 

A todo ello se le suma el acierto de las ilustraciones de Francisco Javier González Gallego, quien ha supuesto para quien estas palabras escribe una verdadera y agradable sorpresa, pues, como el propio Fernández Bolea afirma de ellas, además de embellecer y significar, prestigian la publicación, y nada más cierto puede decirse de estas 19 ilustraciones que contribuyen a enriquecer, por su adecuación e idoneidad a cada una de las 13 historias y a la envoltura del libro, el contenido de cada uno de sus capítulos y de su totalidad. 

Hago mías las palabras del autor e invito a disfrutar con este riquísimo patrimonio que es nuestro pasado, un tiempo extinguido y paradójicamente aún muy cercano, plagado de miserias y dificultades, pero trufado igualmente de momentos estelares y espléndidos. Así se construyen los pueblos, a golpe de sombras y destellos; la forja del nuestro a buen seguro no te dejará indiferente. Pero no es éste el único motivo que me incita a brindar la presente invitación, sino también el amor a la lectura como algo que todos podemos aprender, pero que nadie nos puede enseñar. La lectura, los libros, ya no son privilegio de una minoría, pero el saber, el contenido que encierran aún continúa siendo una herramienta de poder y control. No es este el lugar para el análisis ni la exposición de lo que hace que esto sea una realidad, pero no podrá negarse que en ello influye la falta de resortes que atraigan suficientemente la atención y el interés de los posibles lectores. Historias para una historia queda −a mi modo de ver− muy lejos de la nómina de libros exentos de esos resortes.

*Pedro Perales Larios
Catedrático de Lengua Española

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