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Paco Damas, Carlos Cano y pastillas para soñar. Memoria de una noche inolvidable

Un concierto es una función pública en la que se cantan o se tocan composiciones musicales, pero lo que hizo anoche Paco Damas en Cuevas del Almanzora, acompañado primorosamente por las florituras que Carlos López Lirola extraía de su guitarra, fue, sin lugar a dudas, otra cosa


Paco Damas canta Verde y blanca acompañado a la guitarra por Carlos López Lirola
Javier Irigaray / 28·02·2016

Iba a ser un concierto organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento, pero, al final, fue una conversación distendida con el público trufada de canciones. Tal vez se echó en falta una gran mesa camilla y, quizás, un brasero de picón, pero el cantante supo mover las ascuas y mantener la temperatura exacta, creando desde el principio un ambiente cálido que ayudó a desnudar las notas y los versos que manaban de su garganta.

Paco Damas no actuó sobre el escenario del Teatro Echegaray, interactuó con todos y cada uno de los presentes y eso se notó. Los espectadores habíamos llegado azotados por el gélido viento de una noche de invierno y fuimos acogidos y acariciados por la suave brisa cordial de canciones que forman parte de la secuencia helicoidal del ADN de todos los andaluces.

El potente torrente de voz que pudimos escuchar anoche fue vehículo excepcional para los temas de Carlos Cano, ese granadino que nació, por segunda vez, en Nueva York. La Verde y blanca, La murga de los currelantes y las de Emilio el Moro, María la portuguesa y otros temas del cantautor que hubiera cumplido 70 años de no haber muerto hace quince, del trovador que antes de cantante fue albañil y hacedor de farolillos, inundaron de emoción el pecho de todo el auditorio.

Contó Paco Damas que, en un pueblo al que acudió a cantar y en donde antes había ejercido su profesión de médico, al acabar el concierto se le acercó uno de los espectadores para decirle "Don Francisco, las pastillas que me ha dado esta noche me han sentado mejor que las que me recetaba por las mañanas". Eran pastillas para soñar.

Y acabó la conversación y la velada con algunos temas desgranados de ‘Que a todas las balas se les haga de noche’, el último disco de ese portento de voz cuyo arte fue ayer dueño del escenario y aún de todo el teatro. Y se nos terminó una noche que no sentimos, porque Paco Damas, que convirtió un concierto en animada, amable tertulia, no quiso que se apagaran las luces. Quería mirar al público y ver nuestras caras, los rostros de aquellos con quienes hablaba y, sobre todo, quiso que solo se hiciera de noche para todas las balas.

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