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Problemas con la Junta de Sanidad

Además de los problemas climatológicos, de la guerra con Inglaterra y de los ataques de los piratas, nuestros pescadores debían lidiar con las estrictas normas sanitarias que ante la más mínima duda de contagio de la peste les hacían sufrir cuarentena 




Mario Sanz Cruz* / 18·11·2015

LOS BARCOS QUE faenaban o circulaban por las costas del Levante almeriense, además de los problemas climatológicos, de la guerra con Inglaterra y de los ataques de los piratas, debían lidiar con las estrictas normas de la Junta de Sanidad que, ante la más mínima duda de contacto con un barco que no tuviese una patente limpia asegurada, les hacían sufrir cuarentena, con los consiguientes perjuicios e incomodidades. 

En la madrugada del 14 de mayo de 1800, un jabeque, que parecía enemigo, hacía varios disparos de cañón y pasaba cerca de cuatro barcos pesqueros que faenaban en la zona comprendida entre la Granatilla y el Cantal de Mojácar. 

La tropa defensiva observó, desde la torre del Peñón, maniobras sospechosas de una lancha que salió del jabeque, por lo que avisó al comandante del Castillo de las Escobetas para que estuviese alerta y no dejase desembarcar a los pescadores, por sospechar hubiesen tenido roce con los enemigos y pudiese haber riesgo de contagio de la tan temida peste. 

Dicho y hecho. Cuando los cuatro barcos palangreros llegaron a la playa de Garrucha, fueron rodeados por la tropa y obligados a permanecer aislados. El médico de la Junta de Sanidad procedía al reconocimiento y toma de declaración de los pescadores, confinados en un almacén de la playa: “mandó comparecer a los expresados patrones uno a uno y separadamente, puestos a distancia regular y al sotavento a prevención de todos los concurrentes, se les tomó juramento conforme a ordenanza por Dios y una cruz manifestándoles que de ocultar la verdad tenían la pena de la vida bajo cuya inteligencia dijeron llamarse Josef López patrón de su barco nombrado “Las Ánimas”; Gaspar de Xerez que lo es del suyo nombrado “San Francisco de Paula”; Pedro Xerez del de su barco titulado “San Pedro” y Pedro García del nombrado “San Josef y las Ánimas”, respondiendo… que hallándose la madrugada del referido día los cuatro barcos con sus palangres calados para pescar, frente al sitio del Cantar al salir el sol percibieron que por sotavento venía un barco para levante, en busca de otro que se hallaba hacia este mismo viento, lo que advertido por éste, y que aquel era de mayor porte, y que hacía por él, vino para afuera, cuya operación avistada por aquel, le empezó a perseguir y hacer fuego tirándole 5 o 6 cañonazos, sin apartarse del rumbo de irse para él, pasando por el lado de tierra de sus barcas a bastante distancia por lo que con trabajo se percibía la gente que iba a su bordo, y sí notaron que la jábega puso bandera española, sin que ésta ni su lancha hubiera tenido el menor roce con sus barcas, por la razón que han manifestado: En cuya vista, y en la de haberse visto que las referidas barcas tenían a su bordo todo el pescado que habían pillado con que acreditaba no haber tenido roce alguno, pues de ser así, hubieran tomado los enemigos parte de él, para su consumo, como que carecen de este género”. 

Pero la tropa que estaba de rebato esa mañana y algunos pastores que estaban en los cerros, sostenían que la lancha tuvo roce, al menos con los dos pesqueros que estaban a poniente. Ante la duda, la Junta de Sanidad impuso nueve días de cuarentena a los cuatro barcos. Al día siguiente, Bartolomé Flores informaba a la Junta de la nacionalidad del barco sospechoso: “Con motivo de haber fondeado en las playas del Cantal dos boletas y buques españoles, me he informado de sus capitanes que el buque que ayer de mañana estuvo su lancha con los dos barcos de pesquera, era un corsario francés”. 

Pese a que el barco no era enemigo, la Junta no quería correr riesgos: “que nunca puede quitarse la sospecha de que el jabeque… aunque en la realidad fuese francesa, haya tocado con otro que esté infestado o salido de parajes en donde lo estén, por carecer de este conocimiento para evitar todo perjuicio, y caminar con la seguridad que corresponde en efecto de tanta importancia, llévese a debido efecto lo acordado”. 

El día 17, Pedro José Rodríguez, en nombre suyo y de las más de veinte personas detenidas en cuarentena, se dirigía a la Junta: “Que habiéndose sospechado que los referidos y sus cuatro barcos palangreros habían tenido roce con un barco inglés, al tiempo de regresar de su pesca, se les ha mandado observar dicha cuarentena: y como realmente no es, ni pasa así, pues no han visto siquiera semejante barco inglés, como después lo han testificado algunas cañoneras y buques de nuestra nación, que han parado al frente del mismo sitio de la Garrucha; habiendo sido un barco francés corsario que al mismo tiempo pasó, y con quien tampoco tuvieron roce alguno; persuadiéndose lo primero y aún todo ello de haber llegado en tierra sin menoscabo de su pescado, palangres y demás …, y continúan todos robustos y sin la más leve indisposición, con solo la pena de estar en este tiempo privados de buscar la vida para sí y sus dilatadas familias, por quienes son interesados, si alguna sospecha hubiera, observando rigurosa cuarentena, aunque fuese en la mayor falta de alimentos, si faltase la humanidad: por todos estos 

fundamentos. 

A V.S.S. suplica el que habla a nombre de los que representa, tengan la bondad, supuesta la certeza de cuanto se asegura, de mandar cesar y levantarles dicha cuarentena, dejándolos en entera libertad para todo comercio y que puedan buscar su sustento y el de sus familias”. 

Por fin, tras muchos ruegos y el preceptivo reconocimiento médico, el día 18 de mayo, se levantaba su detención. 

Unos días después, uno de estos barcos pesqueros volvía a verse envuelto en un incidente similar. El 14 de junio de 1800, el cabo de la torre de la Cala del Cristal observaba que una jábega inglesa fue a por dos barcos pescadores de este varadero, y que la lancha tuvo roce con uno de ellos, el “San Pedro, patroneado por Pedro Xerez, por lo que al llegar a tierra le puso centinelas para que no tuviese roce con nadie". Por suerte para él, el día 16, se le alzaba la cuarentena. 
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*El último farista del Levante. 

(1) Información extraída del libro inédito “Sucesos en el mar de Almería, en el siglo XIX”, de Ángel Carralero y Mario Sanz.

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