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Relaciones Siret-Pedro Flores. Otro punto de vista

"Si se dice como un demérito que Pedro Flores no era historiador, se está olvidando que tampoco Siret lo era"


Pedro Flores (izda) junto a Louis Siret

Dionisio Flores / 22·10·2015

Sr. Director: 

He leído el artículo donde se recoge hablando de Siret lo siguiente: 

“Ahora también se intenta restar mérito a su trabajo, como si quien lo hizo todo hubiera sido Pedro Flores. Hemos de tener muy claro que Pedro Flores era el criado y Siret el amo. Siret fue uno de los grandes cerebros de la arqueología de todos los tiempos y fue quien enseñó a excavar a Pedro Flores, le instruyó sobre lo que tenía que hacer, la técnica. 

Pedro Flores no era historiador ni sabía interpretar lo que encontraba, se limitaba a excavar donde su jefe le decía y a tomar las notas que le ordenaba. Sí es cierto que era una persona muy lúcida y Siret, que era muy abierto, cuando venían los científicos lo presentaba “esta es mi mano derecha”. Así comentan los arqueólogos que venían a visitar al belga, lo trataban de tú a tú, cuando no era normal en aquel tiempo que se introdujera a un criado en los ambientes científicos”

He sentido una cierta desazón y malestar leyendo el citado artículo porque creo que para hablar bien de Siret no es necesario descalificar el trabajo de Pedro Flores ni (a mi juicio) tergiversar la naturaleza de las relaciones que ambos personajes mantuvieron, que es un gran ejemplo de asociación-colaboración para trabajar que, en absoluto, responde a unas relaciones de amo-criado. 

No se qué documentos se han manejado por los historiadores citados donde figure esa relación amo-criado, porque siempre, al menos yo había entendido, que Pedro Flores era el capataz de Siret y no su criado, porque ni se dedicaba a labores domésticas ni vivía en casa de Siret ni consideraba su manutención como parte de su trabajo que eran, en estas tierras, cosas usuales en la relación criado-amo. Creo que el término “amo” tiene connotaciones de propiedad que nunca hubiera admitido Siret, porque no formaban parte de su cultura, y el término “criado” tiene unas connotaciones negativas que no se correspondían a las relaciones de trabajo establecidas con Pedro Flores, ni a la relación personal que mantuvieron. Siret estaba formado en otra cultura donde no hacía falta ser “amo” para mandar y a él se le había educado y formado como ingeniero, para dirigir. Flores no necesitó ser criado para trabajar con Siret sino aprender lo necesario para colaborar con su jefe y hacer bien su trabajo, que no es poco. 

Si se dice como un demérito que Pedro Flores no era historiador, se está olvidando que tampoco Siret era historiador y que nadie (que yo sepa) ha pretendido jamás hacer pasar a Pedro Flores por historiador ni creo que Siret hubiera contratado a ningún historiador para hacer el trabajo de Pedro Flores. Como capataz es lógico que Pedro Flores supiera organizar y dirigir a los obreros y que Siret le enseñara las particularidades y metodología a emplear en una excavación arqueológica. 

Cuando se dice que Siret presenta a Pedro Flores como “su mano derecha” no caben interpretaciones personales diciendo que esa declaración se debe a que Siret “era muy abierto” (¿qué es ser muy abierto?) sino que es más fácil entender que Siret, que por supuesto no era tonto, quería decir lo que decía y lo que decía era que cuando Pedro Flores se tiraba días y días lejos de Siret, al frente de los obreros, excavando en el campo, guardando adecuadamente los objetos que encontraba y tomando notas, como mejor le habían enseñado, era como una prolongación del mismo Siret (en lenguaje alegórico su mano derecha). 

Hoy los cuadernos de campo escritos por Pedro Flores se pueden consultar y se puede aprender de ellos y es mayor su mérito si se compara con el trabajo de otros arqueólogos de la época con más mimbres y títulos, que no hicieron jamás un apunte de sus excavaciones. 

Creo que Pedro Flores sin Siret nunca hubiese sido un encargado “conocido” ni hubiese excavado una sola tumba, pero también creo que Siret sin Pedro Flores no hubiese excavado tanto ni tan bien como “excavó”. La suerte fue que ambos se encontrasen, se valorasen y que trabajasen sacando a la luz lo que sacaron. En este caso hacer valoraciones comparativas sería una cicatería insana de alguien que no conozca lo que es un trabajo en equipo. La comarca puede estar orgullosa y agradecida a la asociación simbiótica-mutualista que formaron el ingeniero y su capataz. Por mi parte agradezco esta oportunidad de expresar mi opinión al respecto sobre dos personajes que admiro. Atentamente.

* Este artículo es, en realidad, una carta recibida en esta redacción comentando las declaraciones del editor e historiador Juan Grima recogidas en el artículo cuyo enlace añadimos a continuación. Por su interés, hemos estimado conveniente darle el tratamiento de artículo de opinión.
“Nuestro patrimonio está degradándose a marchas forzadas, en breve no quedará nada que salvar”

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