Anuncio superpuesto

Aviso Cookies

Botones

Agenda

Recordamos al decano de la prensa levantina, "El minero de Almagrera", con motivo de los 500 números cumplidos por "Actualidad Almanzora"

'Actualidad Almanzora', que acaba de lanzar su número 500, se encontraría entre ese selecto grupo de cabeceras que han informado a los habitantes del Levante, sólo superado por un semanal que comenzó a ver la luz hace ahora 150 años: El Minero de Almagrera



Redacción de El Minero de Almagrera en 1899. De izq. a der., Cristóbal Bordiu, primer registrador de la propiedad de Cuevas y hombre ilustrado; Antonio Mª Bernabé y Lentisco, su director; y Gregorio José Bernabé Soler, el hijo de éste que más se comprometió con la publicación, siendo su director entre 1901 y 1910. (Foto de Alfonso Grano de Oro Laborda / Col. Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora

Enrique Fernández Bolea* / 19·10·2015

En la historia de la prensa comarcal, cuyo inicio hay que situar en el último cuarto del siglo XIX, han sido escasas las cabeceras que han informado a los habitantes del Levante de manera prolongada. Sin duda, el quincenal 'Actualidad Almanzora', que acaba de lanzar su número 500, se encontraría entre ese selecto grupo de destacados, sólo superado por un semanal que comenzó a ver la luz hace ahora 150 años: 'El Minero de Almagrera'.

El 1 de febrero de 1874 por las calles de la Cuevas de plata y plomo se voceaba por primera vez un medio que, de inmediato, acabará por convertirse en referente de lo mucho que se publicó después. Su impulsor, su fundador y director durante más de un cuarto de centuria, el rico minero Antonio Mª Bernabé Lentisco lo ideó como órgano de defensa y difusión de los intereses generales de quienes poseían negocios en el dinámico distrito de Almagrera-Herrerías, para más adelante asumir la representación mediática de los afectados por la irregular marcha del Desagüe de Almagrera. Muy pronto aquel semanario que naciese con una vocación eminentemente local, o en todo caso comarcal, fue conquistando ámbitos más alejados en respuesta a la demanda que se cernió sobre él desde otros puntos del país e, incluso, desde el extranjero. Por entonces, como el lector ya habrá supuesto, sobre el emporio minero de Almagrera se vertían intereses provenientes de sociedades con sedes sociales en las principales capitales del país; y algunos centros metalúrgicos y siderúrgicos ubicados en Francia, Gran Bretaña, Bélgica o Alemania no perdían de vista lo que pudiese acontecer en el distrito, pues de las rentables importaciones con origen en el mismo dependía un parte de su producción. En consecuencia, tras un primer lustro de fiel cita semanal con sus lectores, comenzó a incrementarse el número de suscriptores con residencia a cientos y a miles de kilómetros de Cuevas. La tirada aumentó a medida que su prestigio hacía crecer la demanda, situándose al final del siglo XIX entre los 300 y 500 ejemplares.

Primera página del número que conmemora el XXV aniversario de la aparición de El Minero. Esta edición extraordinaria, impresa sobre un papel de mejor calidad e ilustrada con numerosas fotografías y grabados, incluye igualmente unos contenidos con los que se pretendía repasar la ya dilatada trayectoria de la publicación, destacando la relación íntegra de todos sus colaboradores hasta ese instante. (Col. Enrique F. Bolea)

Es verdad que, de modo incansable, la dirección de este periódico fue ejercida por Bernabé Lentisco hasta su muerte en 1901, momento en el que tomó el testigo su hijo Gregorio José; sólo durante un breve período –diciembre de 1878- que coincidió con la muerte de su esposa, Mª de la Cueva Santa Soler Albarracín, delegó sus funciones en el profesor y entusiasta historiador Salvador Rancel y Pintado, uno de los redactores y colaboradores más inquietos y fecundos de 'El Minero', donde adquirió los útiles de un oficio que luego, por su cuenta, pondría en práctica con la fundación de otros periódicos. Entre los asiduos colaboradores se distinguieron personas muy relevantes en sus distintas especialidades profesionales y en su mayoría de extracción social elevada. Como no podía ser de otro modo por su temática central, un buen contingente de estos redactores pertenecía al ámbito minero: ingenieros como Antonio de Falces, Jean Baptiste André, Antonio Petre o los hermanos Enrique y Luis Siret; facultativos como Guillermo Bachiller y Juan Antonio Rodríguez; o geólogos como Clemente Roswag. Del mundo de las letras aportó su creatividad e inspiración el poeta y dramaturgo Miguel Molina Valero, o Felipe Pla y Meliá, también vate y escritor allegado a las tertulias literarias de aquella Cuevas burguesa. Al periodista lorquino, historiador y correspondiente de la Real Academia de la Historia, Francisco Cáceres Pla se deben algunas de las colaboraciones más notorias de entre las muchas que se dedicaron a rememorar la historia local, provincial y, en algún caso, patria. No menos afán y competencia demostró en este campo el sacerdote Miguel Bolea y Sintas, a cuya erudición se recurría cuando el periódico pretendía zanjar asuntos polémicos relacionados con la trayectoria histórica de la localidad y su comarca. Los abogados Pedro Flores y José Piqueras Jiménez, este último alcalde de Cuevas entre 1880 y 1881; Miguel Soler Márquez, correspondiente también de la Real Academia; o el latinista y matemático Eugenio Márquez Villanueva aportaron enormes dosis de entrega y creatividad para mantener viva una publicación que dependía en gran parte de este altruismo intelectual. 

En su larga trayectoria esta publicación convivió con otros periódicos de efímera existencia que quisieron competir, sin éxito, por el control de esa influencia mediática que ejercía el decano de la prensa cuevana. Muchos de los directores de esos nuevos órganos de opinión se habían curtido como redactores en las páginas de 'El Minero'; así ocurrió con el mencionado Rancel y Pintado, responsable de un buen número de cabeceras como 'El Faro', 'La Razón Pública' o 'La Conciencia Pública' en su segunda época; o con el aventajado Martín Navarro Flores, profesor de la Institución Libre de Enseñanza, bajo cuya tutela salieron a la luz 'El Desagüe' y 'El Cuevano'. Hubo momentos del último cuarto del XIX en donde llegaron a coexistir hasta tres publicaciones periódicas, entablándose entre ellas interesantes debates como el que tuvo lugar durante el mes de enero de 1891 entre 'La Voz del Pueblo', 'El Combate' y 'El Minero de Almagrera' sobre la forma y el fondo de los artículos publicados por el segundo en referencia a las manifestaciones multitudinarias de diciembre de 1891. 'El Imparcial Cuevano' y la segunda época de 'El Eco del Almanzora' cerrarán la prolífica presencia de medios escritos en Cuevas durante el último cuarto del siglo XIX. 

Ya bajo la dirección de Gregorio José Bernabé Soler, hijo del fundador, el periódico afrontará una segunda etapa, una singladura irregular y plagada de escollos hasta su desaparición ocurrida el 24 de abril de 1910. Fue aquel el número 1606, el último de El Minero de Almagrera, aquella cabecera que había compartido –nutriéndose de ellos- 36 años con la efervescente sociedad levantina de entre siglos. A Actualidad Almanzora, en esta entrega de dígitos redondos, cabe desearle mayor vida de la que disfrutó el decano y que continúe con su ingente tarea de rescatar del presente lo que será historia en el futuro.
____________________________________________________________________

*Enrique Fernández Bolea es cronista oficial de la ciudad de Cuevas del Almanzora

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Noticias
 
© 2014 Comunicación Vera Levante, S.L. Todos los derechos reservados
Aviso legal | Privacidad | Diseño Oloblogger