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La moda de la mujer moderna, de 'Tabitha Bramble' (Mary Robinson Darby)

Cuando se publicaron estos versos por primera vez en el Morning Post el 29 de diciembre de 1799, la mayoría de los lectores de la ciudad habían reconocido a su autora


Mary Robinson Darby
Versovia.com / 04·10·2015

Tabitha Bramble fue el último alias empleado por de la reina de seudónimos, Mary Robinson Darby, una de las primeras poetas románticas. Autora de importantes publicaciones como Cuentos líricos (1800) y Safo y Phaon (1796), era ingeniosa y muy inteligente.

A pesar de haber publicado su primera colección de poemas a los 17 años, Robinson era más conocida como actriz. El productor teatral David Garrick la vio, y le proporcionó varios papeles importantes en obras de Shakespeare. Su carrera como actriz fue corta, casi tanto como duraban los seudónimos que adoptó como escritora - Laura María, Bridget, Oberon, Horacio, Juvenal y Portia, entre otros -, pero le dio la oportunidad de interpretar nuevos personajes en un ambiente más intelectual, dramatizar contrastar aspectos de su versátil voz poética. Como Laura María, por ejemplo, escribió en un sentimental y amanerado estilo. Más tarde, los trabajos que firmó como Portia versaban en torno a la justicia social. Como escritora satírica, utilizó el nombre y la naturaleza de Tabitha Bramble, un personaje de Tobias Smollett, para reírse de las convenciones femeninas. Tabitha Bramble ayudó a afilar su pluma.

Los matices de la moda del siglo XVIII son difíciles de juzgar desde la distancia en el tiempo, pero la sátira en el poema de Robinson parece relativamente suave. La figura representada es sin duda ridícula, incluso grotesca - con su cuerpo largo y delgado, hombros anchos y colgando los brazos. Aunque Robinson debe estar imaginando mujeres vestidas de manera diferente en diferentes ocasiones, la primordial, impresión bastante surrealista es de una sola figura cuyas ropas están mal ordenadas, con armarios de temporada y diversos estilos juntos en un esperpéntico batiburrillo.

Sin embargo, el resultado es patético. Sus zapatos parecen estar hechas de material barato, lleva enaguas largas presumiblemente para ocultarlos. Mezcla cómicos símiles con objetos domésticos: la forma cónica, lavabo, plato de paja, escudilla, toallas, con algunos adornos de oro o de piel que implican lujo, como arrancados al azar desde el armario de un pasado más glamouroso. La mujer es delgada y, con los codos rojos y guantes patéticamente de gasa, probablemente pasa frío. Es como si se hubieran fusionado dos seres femeninos en esta extraña figura.

En el poema, hay referencias a Francia, origen eterno de la moda,y una combinación incongruente de exóticos collares de Tahití y cadenas de oro de sultana. Esta impresión de abundante desajuste parece revelar una doble explotación: la mujer a la moda explota los demás y a sí misma al mismo tiempo.



La moda de la mujer moderna


Una forma, como cualquier forma cónica, perfecta;

un tocado como una jarra de media pinta

en la que se entrelazan dorados cordones y cintas,

tan delicados y valiosos como el vellocino de Jason.



Un par de hombreras fuertes y anchas,

resistiendo tras el parapeto de la talla;

los brazos desnudos, colgando a lo largo de los costados,

y los zapatos, de andrajosas rayas.



Pañuelos, como toallas gruesas y anchas,

largas esclavinas de piel de oso,

manguitos que un ruso podría aplaudir,

y colorete suficiente para echar a perder una piel clara.



Enaguas largas, para ocultar los pies,

medias de seda con lunares grana;

una tonelada de un perfume enfermizamente dulzón,

fabricado por Varlet, de París.



Una taza de paja para cubrir la cabeza,

como si fuera una escudilla sin sentido;

un manojo de amapolas, de llameante rojo,

dividido en un jersey de mal gusto.



Una mata de pelo deja la frente en sombra,

a veces cubriendo los ojos;

un collar que podría ser lucido

por amantes de Tahití.



Largas cadenas de oro alrededor del cuello

como una brillante Sultana;

pulseras cubren los brazos de nieve,

y cordones de metal dan cuerpo a las trenzas.



Oídos desnudos en ambos lados de la cabeza,

como madera salvaje de Satyr;

las mejillas teñidas de rojo bermellón profundo,

para burlar el rubor de la naturaleza.



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Codos rojos, guantes de gasa, que añaden

una helada cobertura simplemente;

una capa de algodón, la forma de una almohadilla,

como una mujer holandesa - o casi.



Así es, caprichosa, pero encantadora,

¡Oh! permitid que trabaje el cerebro,

proclamad el trabajo de la mente,

y confiad vuestros encantos a la naturaleza.

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