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El Argar pudo tener hasta cuatro reinas 2.200 años antes de Cristo


Juan Grima comenzó su intervención señalando que “nuestra comarca, además de ser muy bella, podría ser mucho mejor”



Louis Siret
 Javier Irigaray / 04·10·2015

El 29 de agosto pasado, el Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora conmemoró el aniversario del nacimiento de Siret reivindicando la recuperación y valoración del rico y, a la vez, degradado patrimonio histórico del municipio, así como la figura del ingeniero y arqueólogo belga. Durante el acto, que se celebró junto a la iglesia que el propio Louis Siret construyó en Las Herrerías, el editor e historiador Juan Grima repasó diferentes aspectos de la vida del padre de la Arqueología moderna. 

Juan Grima comenzó su intervención señalando que “nuestra comarca, además de ser muy bella, podría ser mucho mejor”. Invitó a los asistentes a imaginar todo el patrimonio de la comarca restaurado y apuntó que “el legado que nos dejó Siret no es sólo el que hay expuesto en los museos, sino, fundamentalmente, todos los yacimientos que excavó, estudió y que se pueden valorar” para incorporar a nuestra oferta turística. 

Recordó el historiador que “en Antas, en El Argar, por los objetos encontrados en diferentes tumbas, podríamos hablar de la existencia de cuatro reinas 2.200 años antes de Cristo, como las que vivieron en Oriente. Eso no existe en ninguna otra parte de Europa, sólo en Grecia y en este rincón de Almería. Esto merece la atención de las autoridades, y también de la ciudadanía”.

El profesor apoyó la iniciativa de la Concejalía de Cultura de Cuevas de celebrar todos los años el aniversario del nacimiento de Siret, “un investigador cuya talla, en su tiempo, sólo era comparable a la de Schlieman, el arqueólogo que descubrió Troya, y con el que mantenía correspondencia. Nadie más hizo descubrimientos tan importantes como ellos. Siret descubrió las culturas de Los Millares y El Argar, que están en nuestro territorio y son fundamentales para entender la historia de la civilización”. 

Louis Siret construyó la Iglesia de Las Herrerías, escenario de la velada, “porque su familia era de profunda fe cristiana”, según Grima. Afirmó el historiador que sus antepasados “habían huido de Francia en tiempos de la Revolución porque pertenecían a la nobleza. Estuvo muy vinculado a la monarquía belga. De hecho, cuando se casó, el rey de Bélgica le regaló un zafiro enorme y valiosísimo. Su suegro, Alfred Belpaire, era uno de los mayores fabricantes de locomotoras de Europa. Siret creció en un ambiente por el que pasaban los más sabios del momento. En 1881, con 21 años, terminó tres ingenierías con el número 1 de su promoción: las de Minas, Civil e Industrial, y su hermano le enviaba cartas que eran alegría para su alma. En ellas le hablaba de la riqueza arqueológica de la comarca. Louis se entusiasmó con esa cartas y, tras terminar el curso en julio, en septiembre ya estaba aquí. Por el camino, en cada parada de la diligencia, dibujaba el pueblo en el que paraba. Durante los primeros meses realizó un montón de dibujos de Cuevas que se conservan en sus cuadernos. Y se quedó aquí toda su vida hasta que murió en 1934. Su Biblioteca, que hoy posee el Museo Arqueológico Nacional (MAN), está considerada como una de las primeras del mundo”.

Siret no sólo construyó la iglesia de Las Herrerías, según Grima, “también levantó dos escuelas para 50 alumnos cada una y las dotó de profesores, puso una farmacia, médico y costeó carreras a hijos aventajados de sus obreros. Uno de éstos fue don Carlos Ródenas, eminente abogado que desarrolló su carrera en Murcia. Luis Siret era un hombre diferente”. Eran, también, los tiempos en que su empresa, la Société Miniêre d’Almagrera, contaba con una plantilla de 3.000 trabajadores.

“En su primera época –añadió el profesor Grima-, junto a su hermano Henri y Pedro Flores, Louis Siret excavó en El Gárcel, La Gerundia, El Argar, La Pernera, La Cruz de Antas, el Cabezo del Moro, Qurénima, Fuente Bermeja, Lugarico Viejo y Cabezo Largo en Antas; también en Tres Cabezos, Campos, Barranco Hondo, El Oficio y Fuente Álamo en Cuevas del Almanzora; en Puerto Blanco en Vera; La Atalaya en Garrucha; Cuartillas, Cabezo La Raja, Ortega y Caldero en Mojácar; Gatas en Turre; Palacés en Zurgena; Cerrico de san Miguel en Huércal Overa; Cueva de los Pollos, Cueva Ahumada y Cueva de Montajo en Lúcar; y en Anchuras, Zapatas, La Roca, La Bastida, La Cigüeña y Cabezo de las Piedras en los municipios de Águilas, Mazarrón, Lorca y Totana, respectivamente. 

Éstos son sólo los yacimientos excavados por Luis Siret durante sus primeros seis años en España, entre 1881 y 1887. Después son incontables. Más de quinientos entre Antas, Cuevas del Almanzora, Pulpí, Vera, Sorbas, Bédar, Los Gallardos, Turre, Mojácar, Carboneras, Níjar, Turrillas, Lucainena de las Torres, Huércal Overa, Los Vélez, Zurgena, Arboleas, Albox, Cantoria, Albanchez, Fines, Olula del Río, Macael, Purchena, Serón, Senés, Tabernas, Rioja, Alhama la Seca, Gádor y Alcolea, Lorca, Albatera, Mazarrón, Águilas y Totana”.

“Pero no sólo excavaba en Almería –señaló el editor de la obra de Siret-. Realizó investigaciones en Córdoba, en una zona minera a la que envió a Pedro Flores con toda su familia. También estuvo haciendo prospecciones por todo el trazado ferroviario entre Purchena y Guadix. Muchos arqueólogos de la época, como Federico de Motos, iban a excavar costeados por Siret porque se comprometía a realizar muchísimos trabajos. A Motos le pagó excavaciones en yacimientos ibéricos en Galera y en la provincia de Albacete durante el tiempo en que estuvo preso de los alemanes durante la I Guerra Mundial, entre 1914 y 1918. La dama de Galera fue hallada en uno de estos trabajos y vendida subrepticiamente por un sobrino suyo”. 

Grima explicó que el único hijo de Louis Siret “se había alistado en el ejército belga para combatir y, nada más empezar la contienda, fue herido, quedó cojo para el resto de su vida y el ingeniero se desplazó hasta Alemania para intentar liberarlo, pero no les permitieron salir de Alemania hasta que terminó la guerra. Mientras tanto, contrataba arqueólogos que continuaran los trabajos que había emprendido”. 

“Antes –apuntó Grima-, en 1887, había ganado, el premio Martorell, que estaba dotado con la publicación de sus trabajos y 20.000 pesetas, muchísimo dinero en aquellos tiempos”.

Juan Grima distinguió en dos las colecciones de Louis Siret: “Una sería la conseguida de las excavaciones que realizó junto a su hermano Henri hasta 1887, que es la que acabaría en los museos belgas, y una segunda que formó él solo y donó al Estado Español”. 

“Siret –explicó el historiador- se había empobrecido en la década de los 20, porque tras la I Guerra Mundial cayó el precio de los metales debido al auge de los yacimientos del África colonial, y se dedicó a elaborar proyectos de líneas eléctricas, fundamentalmente en pueblos de Granada”. 

“Su hijo –añadió Juan Grima- le reclamó la parte de la herencia de su madre y, cuando el ingeniero le habló de su intención de donar la colección arqueológica al Estado, le dijo que quería, también, la parte que pudiera corresponderle, y Siret sacó todo el dinero que tenía depositado en el banco, alrededor de un millón de pesetas de la época, y lo repartió entre el hijo y la hija para quedarse con la colección completa, lo que supuso su absoluta descapitalización. Era 1930 cuando el padre de la arqueología moderna se quedó a 2 velas”. “De hecho –continuó el profesor Grima-, Siret pudo financiar las excavaciones que llevó a cabo en Almizaraque porque el gobierno de la República las sufragó en el marco de las negociaciones que mantuvo con el ingeniero belga sobre la donación de su colección de piezas al Museo Arqueológico Nacional (MAN)”.



1 comentario :

  1. Gran labor la de Juan Grima alrededor de los hermanos Siret. Enhorabuena y gracias.

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