Anuncio superpuesto

Aviso Cookies

Botones

Agenda

Ojos, de May Ziadeh

“Los libros son el único lugar en el mundo en el que dos desconocidos pueden intimar”


May Ziadeh
Versovia.com / 06·09·2015

May Ziadeh (1886-1941) fue una figura central del renacimiento árabe. Nació en Nazaret, Palestina. Entre los años 1912-1916, formó en El Cairo el “Salón literario”, instancia en la que reuniría semanalmente una tertulia con las figuras más grandes del renacimiento cultural árabe de la época, entre ellos, los egipcios Taha Husayn, Ahmed Lutfi Al-Sayed, Mahmud Abbas Al-Aqqad, Ya’qub Sarruf o Ahmed Shawqi, y los libaneses Khalil Mutran o Antoine Gemayel. Estudio filosofía, historia e idiomas. Además del árabe y el francés, que fue el idioma de sus primeros dos libros de poesía, domina a la perfección inglés, alemán, italiano, español, latín, y griego moderno. Publicó más de quince libros, entre poemarios, colecciones de artículos de crítica literaria, traducciones y escritos políticos. Lamentablemente, más que por su trabajo, es conocida por su amor epistolar con el poeta Khalil Gibran, a quien nunca conoció personalmente, ya que éste vivía en Nueva York, y al que ella hizo famoso en los países árabes a través de artículos sobre la obra del poeta en los principales periódicos de Egipto y Líbano.

A May Ziadeh, los árabes la llamaron ánisa Mayy. Su nombre completo era Marí Bint Iliyas Ziadeh, cristiana nacida en Nazaret en el seno de una familia maronita de madre palestina y padre libanés. En esta ciudad recibió su primera formación hasta que se trasladó, durante su juventud, al Líbano, donde continuó sus estudios en francés, en una escuela católica femenina. A principios de siglo, la familia Ziadeh se instala en Egipto. En la ciudad de El Cairo su padre, Elías Ziadeh, dirige un periódico de cierto prestigio, al-Mahrusa, del que fue fundador. Este será, precisamente, el ámbito en el que la joven poeta comienza a publicar sus versos en francés. La formación de esta mujer políglota la lleva a cursar en la Universidad Egipcia estudios de historia, filosofía y ciencias modernas, graduándose en 1917. Asimismo se interesó por las ciencias coránicas siendo instruida en el Corán por diversos maestros de Al-Azhar. Es necesario destacar que May Ziadeh comenzó su andadura bajo el pseudónimo de Isis Copia, pero en 1911, ella misma traduce al árabe algunos poemas de su primera colección en francés, Fleurs de Reve. 

May se encontraba inmersa en el colectivo de escritores que, por esta época, están contribuyendo activamente a la modernización de la lengua y del pensamiento árabe, no obstante al momento histórico que le tocó vivir se le denomina Nahda. Suele ser habitual traducir la palabra árabe Nahda por «renacimiento cultural». En este contexto el término «renacimiento» no debe ser ni entendido ni relacionado con el amplio movimiento cultural producido en la Europa occidental de los siglos XV y XVI. Por el contrario este es un Renacimiento Cultural propiamente Árabe que tuvo lugar entre los siglos XIX y XX y que, al contrario que el europeo, no vuelve sus ojos al pasado para recuperar una cultura clásica, sino que pone su mirada en el presente y en el futuro con objetivos claros de modernización. Los factores que intervienen para que dicho movimiento cultural o Nahda, que muchos prefieren traducir por «despertar», se ponga en marcha habrá que buscarlos en una combinación histórica de sucesos entre los que contarán sensiblemente el impacto que tuvo en las sociedades árabes la irrupción del proceso colonial del siglo XIX. A este hecho habría que unir la decadencia cultural y política progresiva en la que la civilización árabe había ido cayendo desde el final de la Edad Media. En estas circunstancias, comenzaban a oírse voces de intelectuales que reflexionaban sobre la situación y buscaban nuevos caminos para salir de ella. 

Una de esas vías de cambio será la propia lengua árabe. Algunos autores proclamaban la “caducidad” de una lengua árabe clásica y de unos géneros literarios obsoletos para dar respuestas y cauces de expresión al momento histórico que estaban viviendo y se mostraban partidarios de acometer cambios profundos en esta dirección. Este movimiento, además, compartiría un enraizamiento natural con la Ilustración Europea coetánea. Unido a este proceso de renovación estaba la aparición de la prensa escrita. Una renovada lengua árabe se estaba gestando a golpe de pluma, creando un nuevo instrumento lingüístico en cuya arquitectura intervienen tanto los periodistas como los filólogos, a veces ambas profesiones reunidas en una misma persona. 

En este proceso la prensa tendrá un papel crucial no sólo por la renovación lingüística sino por la inmediatez de la transmisión de nuevas ideas y la construcción de un pensamiento moderno en el ámbito árabe. Será, precisamente este escenario cultural el ideal para amparar todo tipo de innovaciones puesto que las páginas de los recién inaugurados periódicos se abrieron a la poesía, el teatro, la narrativa breve, el ensayo y también a las nuevas ideas que propagaba la Nahda. Entre esas nuevas ideas se encontraba la de la emancipación de la mujer. 

Precisamente May Ziadeh se incorporaba a esa línea de periodista y escritora en la que una prolífica producción abarca diferentes géneros literarios. A esto, debe sumarse el conocimiento profundo que tenía de varias lenguas europeas lo que le permitía incorporar un bagaje ilustrado excepcional a la vez que realizaba una importante labor de traducción pues trasladó al árabe novelas escritas en francés, inglés y alemán. De esta forma, May Ziadeh contribuyó activamente a la modernización de la lengua y del pensamiento árabes del momento. 

Por otra parte, el segmento de años que ocupa la vida de la ánisa Mayy, coincide prácticamente con la de otra autora, mucho más conocida en el mundo occidental. Ésta era Virginia Woolf (1882-1941), cuya obra Una habitación propia (1929) representa uno de los legados más significativos para el movimiento feminista. En ese texto, Virginia Woolf reflexiona sobre la ausencia de las mujeres del ámbito cultural, en concreto del literario, a causa de una interrelación de factores entre los que se encuentran tres importantes carencias: la dependencia económica, la posibilidad de disfrutar de tiempo de ocio y la de un espacio propio que le permita la intimidad suficiente necesaria para acometer la actividad creativa. Esa habitación propia representa, además, la división del espacio en público y privado que procede de la Ilustración, espacios pensados por y para el hombre y donde las mujeres tenían poca capacidad de elección. Es más, eran excluidas de ambos si consideramos que el espacio privado es el territorio donde se puede cultivar el conocimiento de sí mismo. Por lo tanto a ellas lo que les quedaba en realidad, era un tercer espacio, el espacio doméstico. Un lugar físico donde desarrollar la maternidad ausente de los parámetros de intimidad y ocio que caracteriza al espacio privado propio de los hombres. 

Pues bien, May Ziadeh, como otras mujeres de su tiempo, buscó los entresijos que le permitieran “burlar” las estrictas normas sociales de división de espacios y fundó en 1912 uno de los salones literarios más famosos del mundo árabe durante la segunda y tercera década del siglo XX. El salón, diseñado según el ejemplo francés, se convirtió en un lugar de encuentro entre mujeres y hombres pertenecientes al mundo de la literatura. En este salón fue, precisamente, donde May comenzó a ejercer una importante proyección en la obtención de derechos de las mujeres. Si bien ella no editó ninguna revista, sí que aportó su influencia a través de las tertulias organizadas en su salón y de numerosos escritos y discursos que apoyaban la causa de la mujer. Precisamente, entre sus obras destacan la titulada Bahita al-Badiyya, pseudónimo de Malak Hifni Nasif (1886-1918), colaboradora habitual del periódico al-Yarida y autora del libro al-Nisaiyyat (De Mujeres), una recopilación de artículos y ensayos en el que se exponía el ideario feminista. 

Hay que insistir en el papel fundamental que la prensa tuvo en la difusión de dicho ideario entre las mujeres y los hombres de su tiempo, a la vez que el esfuerzo cotidiano por la causa llevado a cabo por mujeres como May Ziadeh, quien, a modo de ejemplo, impartió un discurso en la Universidad de El Cairo en 1919 con motivo del homenaje a Bahita alBadiyya, en el primer aniversario de su fallecimiento. En él, Ziadeh no perdió la ocasión de hacer un elogio tanto de la vida y obra de la homenajeada como del reconocido precursor del movimiento feminista árabe. Nos referimos a Qasim Amin (1865-1908) autor, entre otras, de Tahrir al-mar’a (La liberación de la mujer) en 1899 y al-Mar’a al-yadida (La nueva mujer) en 1901. Ambas obras fueron objeto de grandes debates intelectuales en su momento. 

En el salón de Mayy Ziyada, esa «habitación propia» establecida en medio de la ciudad de El Cairo que fue origen de debates intelectuales de gran calado en la sociedad y la política de su época, por las mismas fechas de su fundación, May comienza una peculiar correspondencia con el conocidísimo autor Khalil Gibran (1883- 1931), quien por entonces habita en Nueva York. Esta correspondencia durará veinte años, hasta la muerte del escritor y a través de ella comenzará una historia de amor escrita entre estos dos destacados autores de la época. Gracias a esta correspondencia se sabe, además, que a la muerte de Elias Ziyada en 1929, Gibran escribe un telegrama de pésame a May porque una enfermedad en su mano le impide ya escribir. 

La pérdida de su padre deja a nuestra ánisa Mayy sumida en una profunda depresión que se verá agravada tras la muerte del propio Gibran dos años después, hasta el punto de que será internada en un hospital psiquiátrico libanés por unos familiares que logran incapacitarla y confiscarle sus propiedades. Esta triste noticia hace que sus amigos de Egipto y Libia se movilicen para tratar de ayudarla y será la prensa libanesa a la que se le deba la incorporación de May a la vida. Publica numerosos trabajos en la revista al-Muqtataf, aunque por poco tiempo pues falleció unos años después sola en su casa de El Cairo. 

En resumen debe observarse la figura de Mayy Ziyada en el contexto del enriquecimiento cultural que el Egipto de su época estaba viviendo, y, en cierta medida, incorporando un importante bagaje que la emigración sirio-libanesa del momento traía consigo. Mayy, junto a otros nombres propios de mujer, formaban parte de un grupo con señas de identidad comunes muy claras: se habían formado en escuelas extranjeras ubicadas en sus respectivos países, la mayoría de ellas eran cristianas, sus familias emigraron escapando del poder otomano, políglotas y activas intelectualmente fundaron periódicos y revistas femeninas, con excepción de May, en Egipto y fueron asiduas columnistas de la prensa diaria. Desde ella se planteaban los debates sociales en torno al tema de la mujer entonando el ideario feminista consiguiendo logros sociales para este colectivo de gran alcance. Además de esto, influyeron en la construcción de un nuevo pensamiento árabe y reformularon la lengua de sus antepasados. Hay algo trágico en la vida de May Ziadeh, además de la falsa acusación de locura que la despojó de su libertad, dinero, de los derechos civiles y arruinó su reputación gracias a su prima, su "mejor amiga". La tragedia y el dolor comenzaron mucho antes de eso, durante los "años dorados" del Salón Literario que había organizado. Esos años se llenaron con un tipo diferente de agonía. Una multitud halagadora apenas alivió su soledad. Una mujer inteligente y extremadamente sensible, May fue consciente, con amargura, de la indiferencia hacia su obra. Estaba rodeada de gente que admiraban su belleza, pero no sus logros, y su alabanza en la conversación no podía ocultar la subestimación de su trabajo. Abbas Mahmud al-Aqaad fue ejemplo de ello. Escribió acerca de su elegancia y belleza, sin embargo, pasó por alto su importancia en el movimiento literario. Al-Aqaad escribió: "Se dio la vuelta al mundo entero en una sala de recepción donde la belleza no se altera por nada, o tal vez es su aspecto el que se asemeja a un hermoso museo lleno de buen gusto". Elogió la capacidad de May para diseñar y organizar sus veladas "como si fuera un diseñador de interiores". Sin embargo, sólo se puede encontrar en sus escritos sobre ella apenas una "alabanza" débil por sus habilidades literarias: "Lees los escritos de la señorita May y no encuentras nada que te ofenda" ¿Es ésta la alabanza o la condena? Y añadió: "La gente puede tener diferentes opiniones con respecto a estilos de escritura o formas de pensar o de expresión; cada escritor está sujeto a diferentes revisiones críticas. Sin embargo, las opiniones divergentes deben estar de acuerdo de que May, la persona sensible que hay detrás de la escritora y pensadora, merece respeto”. La negativa de Al-Aqaad a considerar sus obras puede ser interpretada no sólo como una renuncia a May, sino a no admitir que las mujeres puedan ser escritoras capaces de elevarse a la altura de los hombres. May Ziadeh sufría la incomprensión y la falta de apreciación en los buenos tiempos de su salón literario, incluso en las manos de algunos de los que se beneficiaron del impulso que ella les brindaba. Era considerada un "adorno intelectual", en una época en que los escritores no se distinguían de los funcionarios. Mai, la señora del Salón, fue entendiendo de manera gradual y dolorosa que el afecto falso y los elogios superficiales son mucho peores que la enemistad. Muchos ‘intelectuales’ hombres, como al-Aqaab, estaban confundidos ante el excelente trabajo de May y de otras muchas mujeres como ella. Mas, a pesar de tantos obstáculos, el talento creativo y su presencia femenina ha trascendido las barreras de género para llegar a la humanidad. La subestimación de Ziadeh persistió en trabajos críticos, incluso después de su muerte. Sólo trascendía lo contingente a su relación amorosa, platónica, con Gibran. El aislamiento emocional de May la llevó a huir de la atmósfera sofocante de sus admiradores en el mundo de la literatura. Ella se unió a Kahlil Gibran a través de la lectura de sus obras literarias, lo que la llevó a enamorarse de un hombre al que nunca conoció. Deseaba alejarse de aquellos hipócritas, ambivalentes acerca de su capacidad intelectual y creativa, de los que la trataban como a una delicada mujer, y de los que olvidaron que ella no era una muñeca. May buscó una relación en la que fue reconocida como una "artista a la par", y como un ser humano en busca de inspiración y de verdadera amistad. Estudios modernos inciden en la explicación de la clase de emociones dolorosas y secretas que, consciente o inconscientemente causaron cicatrices en May y la condujeron a su temprana muerte. Ahora reconocemos la muerte emocional que se manifiesta cuando una persona descubre la brecha entre ella y aquellos a los que ama y odia al mismo tiempo. La situación de May era particularmente desesperada, pues no logró llenar este vacío a través del amor, la maternidad o el arte, mientras que la muerte de sus seres queridos y la traición de los amigos conspiraron en su contra. Algunos críticos y lectores de ahora aprecian el dolor experimentado por May y están consternados de leer críticas que especulaban sobre su vida y estado mental, pero desatendieron su arte y su contribución literaria. Algunas se abrieron paso en los artículos escritos, incluso después de su muerte. Jihan Ghazawi Awni condenó estas cuentas en una carta que envió a la fallecido novelista Samira Azzam, publicada más tarde en un libro de Emily Faris. Jihan escribó: "La acusaron de ser lesbiana, y afirmó que ella nunca hizo el amor con nadie, ni siquiera con Gibran. Otros la acusaron de frialdad y falta de emociones, así como de perversión sexual. Otros afirmaban que era extremadamente débil y pesimista, en la medida en que perdió el control cuando fueron robadas sus cartas a Gibran. Ninguno de sus críticos intentó estudiar a May por lo que ella escribió. "En esta carta, Awni hacía hincapié en que ninguno de los rumores sobre May "reflejan la verdad sobre ella". Uno siente el desprecio por el trabajo de May entre las líneas de la alabanza falsa de quienes la juzgaron como un fenómeno social, más que literario. ¿No eran la mayor parte de los críticos menos creativos y demostraron menos talento que ella? ¿No eran varones los "gallos" del gallinero literario de su época? May fue una escritora con más talento, más educada y con más conocimientos de lenguas extranjeras y tendencias literarias internacionales que la mayoría de los que "disertaron" en sus escritos y describieron su literatura como femenina y mero material de consumo. Haciendo justicia a May, se está haciendo justicia a todas las mujeres escritoras, un paso que podría constituir un punto de partida en la crítica "masculina” árabe y, también, mundial. Esta tarea ya la han comenzado algunos críticos contemporáneos, que se han separado de la evaluación de los libros como si fueran parteras para describir los recién nacidos en función del sexo de su autor, hombre o mujer. Las obras de May se han oscurecido con "polvo" y fueron abandonados o sometidos a la ambivalencia y la hipocresía. Ahora, los críticos están dejando a un lado el polvo, el descubrimiento de sus escritos, para rescatarlos desde el reino del abandono para su estudio y análisis. Investigadores como Salma al-Haffar al-Kuzbari han rescatado la verdadera biografía de May del daño sufrido a través de los años. El arte verdadero y excepcional de Mai fue indiscutiblemente ensombrecida por los mitos que circulaban sobre su vida. Cuando leemos sus obras, se nos recuerda que es posible para aquellos que murieron, renacer para influir en nuestras vidas y crear simpatía en nuestros corazones. También hay entre los muertos quienes merecen ser olvidados. Sin embargo, nos beneficiamos de recordar a May Ziadeh. Sus contribuciones deben ser revividas y sus obras, largamente descuidadas, deben ser sacadas a la luz. La escena que más duele en la vida de Mai Ziadeh es la de su último discurso en la Universidad Americana de Beirut, el primero de su breve era "post-locura", poco después de ser liberada del sanatorio. Se puso de pie en la tribuna, con el pelo completamente blanco, una figura solitaria en medio de la angustia. Era como si estuviera exigiendo sus derechos, exigiendo el respeto como todos los hombres de edad avanzada, pero carecía de los rasgos tradicionales que tenían las mujeres de su edad no era esposa ni viuda, ni madre ni abuela. May no se tiñó el pelo ese día y parecía aún más blanco en su soledad. Ella hubiera querido desafiar a todos, para mostrarles su verdadero yo, y para mostrar el dolor que destruyó su corazón. May Ziadeh murió con el corazón roto. Fue una pensadora sin igual entre los hombres. Estaba llena de entusiasmo por la ilustración, el desarrollo y el conocimiento en un momento "virilidad literaria" en el que prevalecía la dominación masculina. Era una artista armada con un tesoro de conocimiento. El apodo de "Novia de la Literatura " resume su sufrimiento a manos de los críticos de su tiempo. El novelista Yousuf Idriss, por ejemplo, aunque muy guapo, no fue bautizado con el apodo de "Novio de la Literatura Masculina". ¿Por qué la feminidad de May menudo se interponía entre ella y su obra? ¿Por qué la mirada de May y el encanto de su presencia se oponen a un estudio objetivo de sus escritos hasta muchos años después de su muerte? ¿Por qué el poeta de su Salon Literario Ismail Sabri alababa sólo su belleza física y ninguno de sus poemas? Él dijo: "Si no deleito mis ojos con May, voy a negar su mañana, oh Martes". Este poeta no escribe acerca de su intelecto, pero escribe como si fuera solamente la dueña de un salón literario en lugar de una escritora. May dijo: "Espero que después de mi muerte alguien me hará justicia". Hoy podemos ver una nueva generación de investigadores que hacen con su trabajo la justicia que se merece de verdad. Restituirán a May sus derechos y tomarán nota de su conocimiento de grandes figuras intelectuales como Bergson, Spencer, Abikouros, Nietzsche, Emerson, Schopenhauer, Darwin, Hobbes, y muchos más, además de las diversas escuelas filosóficas y políticas que eran desconocidos para la mayoría de quienes visitaron su salón literario.

Es prueba de conciencia no discriminar a las mujeres escritoras en función de su sexo.


 Ojos


En todas las caras hay ojos que son amuletos de ébano y de plata, 

que son agua que brota de las pestañas, orillas de lagos rodeados de álamos. 

Ojos, ¿no te sorprenden los ojos? 

Los sueños y los ojos grises, 

ojos azules de mil tonos, 

ojos de color ámbar y dulces, 

la seducción de los ojos claros, 

la fuerza y ​​la dulzura de los oscuros. 

Todos los ojos, 

tan claros como el cielo, 

tan profundos como el océano 

o inmensos espejismos como el desierto 

Los que atraen los sentidos en el reino etéreo donde todo es belleza, 

ojos cruzados por nubes llenas de relámpagos y de lluvia. 

Aquellos que miran hacia otro lado sólo para conocer algo nuevo, 

semillas de belleza, 

ojos entornados y redondos, ojos almendrados y rasgados, 

hundidos en sus órbitas de tanto mirar, 

Aquellos que, perezosos, giran lentamente, 

o en los que los párpados se posan leves, 

como una bandada de pájaros blancos 

que planean sobre los lagos del norte. 

De otros ojos manan rayos de fuego verde, 

como alcayatas que atraen al corazón que aguarda. 

Y otros, y otros más ... 

¡Ojos sensibles, 

ojos pensativos, 

ojos que miran hacia adelante, 

ojos que cantan, 

que se arman de odio y de ira 

o que son abismos llenos de misterios! 

Los ojos y sus secretos. 

Ojos que esconden pensamientos íntimos o que los revelan. 

Ojos agobiados por un velo de apatía, 

de pupilas dilatadas por el amor, o contraídas por el odio. 

Ojos que incesantemente preguntan "¿quién eres?" 

y vuelven a preguntar tras cada respuesta. 

Ojos que en un instante deciden "tú eres mi esclavo" 

o que imploran "tengo que sufrir, ¿quién me va a torturar?" 

Ojos que dicen "quiero oprimir, ¿dónde está mi víctima?" 

Ojos que sonríen y que suplican. 

Ojos en los que brillan la magia de la oración y el éxtasis de quien reza. 

Ojos que investigan todos los secretos y preguntan "¿no me conoces?" 

Ojos que alternan preguntas y tentaciones, negaciones y afirmaciones. 

Los ojos, los ojos, ¿no te asustan sus ojos? 

Y tú, ¿cuál es el color de tus ojos, qué expresan, 

apelan a lo visible o a lo invisible? 

Acércate hasta el espejo 

Mira tus talismanes encantados, ¿los habías estudiado antes de ahora? 

Obsérvalos en el fondo de su abismo, encontrarás el deseo de saber. 

Espían el ritmo de la creación, rastrean el movimiento eterno de las estrellas 

y en el abismo más profundo verás cada lugar, cada rostro, cada cosa ... 

Y si quieres conocerme, o entender lo desconocido, 

observa tus pupilas, 

tus ojos me van a encontrar en ellos mismos. 

A pesar de sí mismos. 



No hay comentarios :

Publicar un comentario

Noticias
 
© 2014 Comunicación Vera Levante, S.L. Todos los derechos reservados
Aviso legal | Privacidad | Diseño Oloblogger