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“Villaricos ya es un museo a cielo abierto”


“Llegaron a catalogarse 52 hipogeos en Villaricos y sólo quedan 5, aunque suponen la tercera parte de todos los que hay en la península ibérica” 




La arqueóloga Laura Larios Boqué, responsable de la Necrópolis de Villaricos, durante un simulacro de excavación con niños
Javier Irigaray / 21·08·2015

El apelativo de 'un mueso a cielo abierto' rescatado por Juan Alberto Cano, director del departamento de Historia y Humanidades del Instituto de Estudios Almerienses, la escribieron en una carta Louis y Henri Siret. Ellos la referían a ‘Almería toda’, pero la responsable encargada de los yacimientos de Villaricos, fruto del amor a su trabajo y del conocimiento, la circunscribe a la pedanía cuevana cuando hablamos con ella al cumplirse un año de la apertura al público de la Necrópolis fenicia, los conocidos ‘Hipogeos’. 

“Todo Villaricos es un yacimiento en potencia –cuenta Laura Larios Boqué, la arqueóloga responsable de la Necrópolis fenicia de Villaricos-. Los hermanos Siret acuñaron la frase de que toda Almería era un museo al que sólo le faltaba un techo, pero muy posiblemente se quedaron cortos, porque sólo Villaricos ya es un museo a cielo abierto”. 


“La pedanía cuevana –insiste la arqueóloga- tiene un registro histórico de 1500 años, desde la edad del bronce hasta las épocas visigoda, bizantina y musulmana. 

En la actualidad podemos visitar y contemplar la Necrópolis de la ciudad fenicia, que se fundó en el siglo VIII a.C.”. 

Imagen de los cinco hipogeos que aún pueden ser visitados en la Necrópolis fenicia de Villaricos 

“La Necrópolis es un yacimiento en potencia –explica Larios-. El visitante no contempla una ciudad en ruinas, pero puede intuirla en todo el territorio que abarca. Consta de cinco hipogeos, que son tumbas familiares excavadas en la roca. Quedan cinco, pero el enclave histórico es muy importante. Luis Siret los excavó y catalogó 52, de los que sólo esos cinco han llegado hasta nuestros días”. 

“Para poder hacernos una idea de la importancia que supone la existencia en Villaricos de estos cinco hipogeos fenicios, hemos de pensar que en toda la península ibérica únicamente existen quince, de los que aquí tenemos la tercera parte ¡y hubo 52!”, afirma con entusiasmo la arqueóloga. 

“Los hipogeos –aclara- eran tumbas de familias fenicias de prestigio, lo que significa que aquí hubo mucho dinero entonces. Esos hipogeos pertenecían a las élites propietarias de minas, de industrias metalúrgicas o factorías de salazón”. 

“Durante unos años –recuerda- estuvieron cerrados, pero, finalmente, triunfó la cordura y se abrieron al público. Tal vez de una forma un tanto precaria, para decir la verdad, pero ahora, cuando ha transcurrido justo un año, el balance es que se han superado las mil visitas guiadas”. 

“El verano pasado la Necrópolis superó en visitas al yacimiento de Los Millares –sostiene Larios Boqué-, lo que da una idea de la expectación que han suscitado. Una vez abiertos, tenemos un proyecto para ponerlos en mejores condiciones. Es una tarea ardua y difícil, porque ocupan una extensión muy grande en la que hay muchas variedades de flora endémica de la zona que sólo existen aquí, pero tenemos ese proyecto de actuación y muchas ganas de mejorar el yacimiento”. 

“La Necrópolis no sólo atrae al público en general –puntualiza su responsable-, sino que también han venido a visitarlo y conocerlo muchos arqueólogos, unos porque estaban por la zona y otros lo han hecho exprofeso por el interés que les ha despertado. También han venido geólogos, profesores, miembros del Instituto Arqueológico Alemán y los prehistoriadores que los excavaron hace décadas”. 

“Los hipogeos de la Necrópolis fenicia, visualmente, tal vez carezcan del atractivo de otros recursos más monumentales, pero cuando se explican y describen al visitante, éste se da cuenta inmediatamente de la importancia científica e histórica que poseen”. 

La prehistoriadora nos explica que “los fenicios buscaban el comercio y eran un pueblo marítimo. Llegaron hasta aquí atraídos por la metalurgia y el río Almanzora, que era navegable y caudaloso por aquel tiempo, a lo que había que sumar los bancos de atunes que entraban por el estrecho de Gibraltar y constituían la materia prima en que se basaba la emergente y boyante industria de salazones de los fenicios, que conservaban los excedentes de atunes salándolos. Así, en la primera línea de costa nos encontramos las ‘bañeras’ que usaban para esas salazones. Hacia el interior estaría la ciudad, formando escalones desde la costa, y la Necrópolis, situada en la parte de atrás de la colina en que se asentaba la ciudad”. 

“Después de los fenicios –continúa la arqueóloga- llegaron los romanos, que conquistaron Baria, la Villaricos de entonces, en el marco de las conocidas Guerras Púnicas, conflicto producido por el interés en controlar enclaves como éste, ricos en metales, pescado y agua”. 

“La ciudad romana se excavó y, tras registrar toda la información, se volvió a enterrar, estado en que se encuentra en la actualidad y que, ahora, impide su visita”. 

“La comarca es muy rica en recursos históricos. Su riqueza en metales y en agua, así como su estratégica situación, la convirtió en un lugar en el que los hombres han querido vivir desde siempre. En la zona tenemos yacimientos de la Cultura Argárica, que es importantísima y mucho más antigua. El asentamiento fenicio es del siglo VIII a.C., pero los orígenes de la cultura argárica se remontan al año 2200 a.C.. En Cuevas tenemos varios yacimientos de esta época, de los que el más destacado es Fuente Álamo, que también es visitable y está dentro del proyecto de mejora que vamos a poner en marcha. La principal característica que diferencia esa cultura de cualquier otra es el enterramiento de los muertos debajo de sus viviendas, además de su forma de trabajar los metales y de organización social. Sabemos que son las primeras poblaciones de Europa Occidental organizadas como ciudades estado”. 

“Otro atractivo de la zona –añade Larios-, esta vez de arqueología industrial, es el referente a la época del esplendor minero. Aquí mismo, en las inmediaciones de Villaricos, podemos apreciar ruinas de cargaderos y fundiciones en donde se embarcaba y procesaba el mineral procedente de los filones de Sierra Almagrera y su explotación durante el siglo XIX y hasta mediados del XX”. 

“La gente –concluye la arqueóloga- empieza a conocer y a concienciarse de lo que tenemos, porque, además del atractivo turístico que posee nuestro patrimonio histórico, es muy importantes en el contexto de la arqueología a escala mundial, sirve para entender cómo somos y, también, para poder predecir lo que el futuro nos puede deparar”.

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