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La cabaña de la isla Fjällbacka

"Y yo sigo pensando que no, que Ingrid no era fría como su país natal, era inteligente, sofisticada y elegante"


Ingrid Bergman en Fjällbacka. FOTO: Georges Ménager


Begoña Callejón / 29·08·2015



Ingrid Bergman fue algo más que esa mujer sueca de ojos penetrantes y belleza tímida que pensaba que los besos eran un truco encantador para dejar de hablar cuando las palabras se volvían superfluas. Fue una mujer única, fue ella misma hasta el final. En el fondo sabía que el mundo rendía culto a la originalidad y por ello nunca se arrepintió de nada, o al menos eso fue lo que siempre dijo. 

Robusta y de elevada estatura, llegó a Hollywood algo reticente, ya que ella misma no lograba imaginar que podía ofrecer en un mundo plagado de tanta superficialidad, donde abundaban las actrices cortadas por el mismo patrón. Por lo tanto, hay que darle las gracias a Selznick, por habernos ofrecido la posibilidad de disfrutar de una de las actrices con más personalidad, más talento y más belleza de toda la historia del cine. Se la ha considerado y se la considera, la cuarta estrella más importante de todos los tiempos. 

Y yo sigo pensando que no, que no era fría como su país natal, era inteligente, sofisticada y elegante. Una mujer que consiguió 3 Oscars y 5 Globos de Oro a lo largo de su carrera. Una mujer que siempre supo lo que quería. 

En Fjällbacka (Suecia) nos encontramos con su busto mirando hacia el archipiélago. La familia estuvo allí entre 1958 y 1982. ¿Qué pasó en aquél tiempo? La pequeña cabaña verde la acogió, la siguió moldeando, tal vez le habló y le dijo que se olvidase de su timidez, que siguiera siendo grande como hasta ese momento. Ya había dado el gran salto. 

Ingrid se enamoró de este lugar en la década de los 50. Cuando se encontraba en la isla solía ir de compras, a restaurantes o a tomarse algo a alguna cafetería. Ella amaba Fjällbacka y le gustaba llamarla: su lugar especial en la tierra. Hoy en día, la familia sigue siendo la dueña de la pequeña cabaña verde. Si vas a aquel lugar puedes dar un paseo en bote hacia la isla de Dannholmen y así, averiguar algo más de su extraordinaria vida. 

Según Lasse Lundberg, un amigo cercano de la familia, ella era muy querida por la gente del pueblo, porque era modesta y con los pies en la tierra. Durante una cena con este gran compañero, Bergman dijo que le gustaría hacer algo en el lugar. Finalmente ese algo resultó ser una plaza en el centro del pueblo, junto al puerto. Allí es donde se puede disfrutar también del busto de la actriz. 

Su personalidad siempre marcó su estilo, cuentan que en una gala de los Oscar de la posguerra, acudió con un sobrio traje gris y poco después, le llovieron las críticas. En otra ocasión, más adelante, fue declarada persona non grata en EEUU cuando comenzó su romance con Rossellini (estaba casada). Finalmente se casó con él. De sus hijas podemos decir que también siguieron sus pasos. Por ejemplo Isabella Rossellini siempre nos hace pensar en Ingrid, aunque tiene la fuerza para brillar con luz propia. 

Era una mujer luchadora, quedó huérfana de madre con dos años y de padre con once. Hablaba cinco idiomas y dejó siempre claro que había decidido ser actriz para superar su timidez. Una mujer que fue más allá de su época. Valiente. 

Y así, el tiempo se acortaba y se acercaba el día de su 67 cumpleaños, pero cada día retaba al cáncer y nuevamente sobrevivía. Cada día era una victoria para ella. 

Finalmente, cuando se marchó, sus cenizas se esparcieron en una ceremonia muy sencilla y conmovedora en el lado norte de Dannholmen.

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