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‘Partos de luz’, de Ana García Briones, versos como dedos que acarician el alma

Que la poesía nos salve, está por ver, pero, al menos, la de Ana García Briones, sí


Ana García Briones sonríe al mundo desde el puente Carlos, a 98 metros sobre el Moldava 
Javier Irigaray / 20·07·2015

Tras el punto y final del último verso de ‘Partos de luz’, ya con los ojos cerrados y el poemario sobre el pecho, el lector ve a su autora colgando en el vacío, asida con una mano a un bolígrafo transparente que sale, como rama viva y biodegradable, de una pared a veces orgánica y, otras, cemento, cristal y acero.

La poeta mira hacia abajo, hacia un suelo azul que parece un mar de dudas y, también, asfalto insondable, duro y profundo. Arriba, el cielo aparece demasiado lejos y hasta los contados pájaros que lo cruzan simulan mirar detrás de las persianas, como aguardando a ver qué pasa.

De su pecho desnudo llueven versos que calan y acarician almas permeables. Desde la ternura extrema hasta el desasosiego. Ana usa sintagmas magnéticos que deshacen corazas de kevlar y estrofas de algodón capaces de desgarrar y lacerar el corazón más sólido.

La poesía de Ana García Briones rehúye artificios para hablar en ‘Partos de luz’ de lo próximo y de lo más hondo, de lo inmediato y de lo eterno. Sus palabras sencillas son las precisas para expresar sentimientos transparentes, el dolor y el anhelo, gratitud e impresiones de una mirada limpia.

No falta la añoranza de la infancia esfumada, “en el juego / de sentirme niña (…) escucho mi nombre / entre las filas del recreo (…) y… / me regalo amaneceres / con olor a geranios”.

Ana se aferra a la poesía como a una tabla de salvación: “y los terrones de azúcar / abonan el espacio. Los versos y la lluvia / hacen fértil la tierra / donde fermenta la vida”. 

Inquieta la desazón, la tormenta interior que se vislumbra en algunos de sus poemas: “bailar / con la soledad / con los / pájaros heridos / con los bufones / de la muerte…”. “Entiendo que / con tristeza, / soy el número impar / del cuarto vagón / de la / estación / del tiempo”. “Soy tan ciega / en este universo / de atletas / que hasta las / estrellas / sólo las encuentro / en la sopa”. 

La poeta desvela su compromiso abierto con los ávidos de esperanza: “Desabrocho el corazón / y lloro con los tristes. / Desabrocho el corazón / en señal de solidaridad / con los débiles”. Y el espíritu de lucha de quien se sabe golpeada pero no vencida: “A través de la palabra / sacudo un valle / de angustias / y nostalgias”. “Haré un pacto con el sol. / Recibiré rayos perpendiculares / meteoritos en forma de sueños”. “Prófuga de las arrugas / del alma (…)/ intento alcanzar el aire”

Y, Ana, termina ‘Partos de luz’ “en una tierra / sembrada de silencios”, pero consciente de que “nacen las alas del mundo / los atajos / hacia las avenidas / de la esperanza”.

‘Partos de luz’, de Ana García Briones, un libro para leer a sorbos y dejarse tocar por sus versos como dedos que acarician el alma.



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