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Ignacio Martín Cuadrado, un veratense discípulo aventajado de Antonio López


El IV Curso de Realismo y Figuración impartido por Antonio López en el Museo Casa Ibáñez de Olula del Río se cerró con el primer premio para la obra de Ignacio Martín Cuadrado



Ignacio Martín Cuadrado y Antonio López
Versovia.com / 05·06·2015

El abuelo de Ignacio, Juan Cuadrado, fue un estrecho colaborador de Louis Siret, al que ayudó a poner a esta comarca en el mapa de la prehistoria universal. Fue también matador de toros y un destacado pintor, fundador junto a Celia Viñas del movimiento indaliano que, más tarde, lideró Perceval, y discípulo aventajado de Sorolla. Ahora, su nieto Ignacio lo ha sido, durante una semana, de otro genio, Antonio López, junto al que ha vivido una semana plena de momentos mágicos. Ya es, como su abuelo, parte destacada del patrimonio humano del Levante almeriense.

“Le contaba a Christine De Lannoy –recordaba Ignacio su encuentro en RADIO ACTUALIDAD con la bisnieta de Siret durante el pasado verano- que mi abuelo era un buen dibujante, un gran retratista discípulo de Sorolla, y tenemos una buena cantidad de retratos de Luis Siret realizados por él que muestran esa unión, porque eran retratos rápidos, hechos a lápiz, de su amigo en circunstancias cotidianas, mientras hablaban o trabajaban”.

Lamentaba, entonces, Martín Cuadrado el abandono del patrimonio histórico de nuestra comarca y “que no se haya valorado suficientemente la figura de Siret, de Cuadrado y de tanta gente que tanto ha hecho por la cultura. Es del todo imprescindible continuar el trabajo de aquellos pioneros. Mi abuelo, que era profesor de dibujo en la escuela de artes de Almería, fue alumno de Sorolla y profesor de todos los pintores del movimiento indaliano, de Checa, de Visconti; él era muy humilde, como Siret, y nunca buscó protagonismo”.

- ¿Cómo podría resumir los acontecimientos vividos en estas fechas? 

- Comenzó como algo emocionante y lo vivido a lo largo de la semana ha sido inolvidable. Que te elijan nada menos que Antonio López y Andrés García Ibáñez para realizar un curso de entre cerca de trescientos aspirantes de todo el mundo es ya todo un lujo, y, luego, convivir en un museo con otros 38 pintores ha sido una experiencia imperecedera.

- ¿Y la relación con el maestro Antonio López? 

- Para mí, desde muy joven, su pintura era mágica. Ni en el mejor de mis sueños podía imaginar que iba a tener la posibilidad de compartir diálogos y experiencias con él. Ahora he conocido al hombre, un Antonio López que es humildad y sencillez. Una persona cercana y muy exigente a nivel técnico. Te dice lo que piensa con total sinceridad, pero con un cariño, una educación y una sabiduría impresionantes. Antonio es una enciclopedia en cuanto al conocimiento y un encanto como persona, con la bondad que refleja su rostro.

- ¿Qué comentarios le hizo sobre su trabajo en el curso? 

- Elogió mucho mis dibujos, sobre todo el de la calabaza. Yo le dije que lo había hecho con mucho cariño y él me corrigió: “no, lo has hecho con mucha maestría. Es un dibujo que no todo el mundo sabe hacer”. Antonio recalca mucho que la pintura tiene que ver con las emociones. Mantuvimos muchas conversaciones acerca de cómo el cerebro capta, crea y se emociona ante una obra de arte. Me preguntaba en qué lado del cerebro tenían lugar esas operaciones, por qué en unas personas se desarrollaban más y en otras menos.

- Todos conocemos a su abuelo, Juan Cuadrado, un hombre polifacético, arqueólogo, pintor, torero... Su hijo Ignacio es también arqueólogo, poeta, director de cine.. Pablo es químico, enólogo, músico... Y usted psicólogo, corredor de motos, pintor... ¿Heredan en su familia algún gen renacentista? 

- (Ríe) Sí debe haber un gen. Antonio López me decía “tus dibujos tienen alma. Se pueden hacer dibujos técnicamente perfectos, pero los tuyos tienen alma”. El que hice está muy trabajado, muy artesano, y él me decía: “Ignacio, así se trabaja”. Me vio muy cercano a como él hace las cosas. Antonio y Andrés García Ibáñez pasaban entre nosotros y nos iban aportando opiniones y consejos. Técnicamente, Antonio es muy exigente y no se cansaba de repetir que los pintores tenemos que ser honestos con nuestro trabajo.

- ¿Ha marcado este curso en usted un antes y un después? 

- Ahora tengo la mente llena de sensaciones, experiencias y motivación para seguir trabajando. También ha sido importante el contacto que se ha creado entre todos los pintores que hemos convivido estos días. A nivel técnico, sí que ha habido un antes y un después. Al mismo tiempo, la convivencia ha supuesto una continuidad del intercambio con los dos pintores.

- ¿Qué destaca de esa convivencia? 

- Antonio López es infatigable. Cuando le dije que estaría ya muy cansado, me respondió: “yo me canso cuando trabajo, que es cuando pinto. Es entonces cuando estoy con tal tensión que acabo agotado”. Andrés García Ibáñez se ha portado también muy bien. Ha sabido estar en segundo término, pero ha estado todo el tiempo, al igual, opinando, aconsejándonos... Y luego está ese marco que es el Museo, con su obra y la colección que muestra.

- Ya cuelga una obra suya en el Museo pero ¿cuándo podremos ver una de su abuelo, Juan Cuadrado, el fundador del movimiento indaliano? 

- He hablado con Andrés y con Juan Manuel Martín, el director del Museo. Me han expresado su interés y, hace unos días, nos hemos reunido los descendientes de Juan Cuadrado y hemos decido ceder dos de sus obras para su exposición tanto en el Museo de Olula como en el recién inaugurado de Doña Pakyta, en Almería.

- Había otra pintora de la comarca en ese curso. 

- Así es, María Rosa Ponce, de Cuevas del Almanzora, una chica que imparte clases de pintura en la Escuela de Artes de Pulpí y que se caracteriza por la inclusión recurrente de las pitas en su obra. Es como su especialidad, dibujar pitas, ese emblema de nuestra comarca y de toda la provincia de Almería.

- Usted, en cambio, no es especialmente conocido por su actividad como pintor. 

- Andrés llegó a decir que yo era una revelación en la provincia, y tal vez sea porque no me dedico en exclusiva a esto. A mí ya me habían seleccionado para un curso que impartió Golucho, y mi dibujo fue uno de los diez seleccionados. Yo llevo dibujando toda mi vida, influenciado por mi abuelo y por mi madre, que era una gran dibujante también. Para mí, el lápiz siempre ha sido una varita mágica de la que puede salir cualquier cosa.

- Un cuadro seleccionado por Antonio López puede ser todo menos cualquier cosa... 

- Mi obra fue seleccionada con el número 1 por Antonio López, pero después fue votada prácticamente por unanimidad de todos los compañeros del curso.

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