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Amani Yahya, primera rapera de Yemen: ‘Encontraré la manera. Voy a triunfar"

La cantante de 22 años ha tenido que huir de su tierra y está decidida a utilizar su música para poner de relieve los derechos de las mujeres, el matrimonio infantil y el acoso sexual en el mundo árabe




Amani Yahya

Homa Khaleeli / Versovia.com / 15·06·2015

Es el tercer día del Festival de Artes Árabes de Liverpool, pero una de sus intérpretes no ha estado. Amani Yahya -anunciada como primera rapera de Yemen- estaba aún a miles de millas de distancia.

Con su patria al borde de la guerra civil, Yahya, junto con su familia, ha tenido que huir a Arabia Saudita, donde las estrictas reglas del reino significan que su incipiente carrera musical ha llegado a un abrupto final. Además, le han denegado el visado para asistir al festival del Reino Unido.

"Estaba tan emocionada con venir al Reino Unido", dice la joven, que comenzó a rapear en su dormitorio mientras estudiaba secundaria. "Tenía la esperanza de acudir al festival y conocer gente nueva. El pretexto para denegarme el visado ha sido que la invitación para participar en el evento no tenía un sello oficial, pero creo que el obstáculo verdadero fue mi nacionalidad. Creen que todos los yemeníes estamos buscando asilo".

Pero, si el exilio y la guerra podrían bastar para aplastar y hundir a la mayoría de la gente, la decepción por perderse el festival es lo único que tambalea su tono optimista. Señala que éste no es el primer revés al que se ha enfrentado. Sus primeras actuaciones en público, a pesar de que tuvieron lugar en lugares cerrados con llave, provocaron la indignación de la sociedad yemení, cada vez más conservadora.

Educada en Arabia Saudita, donde su padre trabajaba, fue cuando regresó a Saná, capital de Yemen, para estudiar odontología el momento en que decidió emprender su carrera musical. "Fue en una pequeña cafetería al lado de mi casa, donde la gente se reunía para hablar de música y libros. Era algo nuevo para mí, porque no encuentras a nadie que quiera hablar de esas cosas aquí. Solía ir allí cada día".

Sus amigos la convencieron para llevar a cabo un concierto, y el evento, en el que Yahya estuvo acompañada por una guitarrista, Alaa Haider, fue todo un éxito que le proporcionó más conciertos en fiestas privadas e incluso en las embajadas francesa y americana. Siguieron apariciones en prensa y la BBC grabó una actuación de Yahya y Haider. Pero la atención de los medios tuvo como consecuencia una reacción rápida y terrible.

“A la gente le entró pánico de ver fotos mías sin hijab o abaya. Recibí llamadas telefónicas anónimas y amenazas. Me decían que tenía que dejar de hacer lo que hago, que es pecado y que debería estar avergonzada".

Yahya, sin embargo, no se dejó intimidar. "Mi madre se hubiera preocupado de haberlo sabido. Así que decidí no decirle nada a nadie y, simplemente, seguir cantando. Las mujeres en Yemen no muestran su talento porque nuestra sociedad está muy dominada por los hombres, y no apoyan a las mujeres... en la música ", dice. "Pero a mi padre le encanta la música y, junto a mi madre, me enseñó a decir siempre lo que pienso".

Yahya -que comenzó a escribir letras en su diario durante el bachillerato y aprendió a rapear escuchando a artistas como Lil Wayne- dice que la razón de lo que le está pasando es su decisión a centrar sus canciones en los problemas a los que se enfrentan las mujeres yemeníes.

"Tengo también canciones más personales, sobre mis experiencias en la vida. Pero yo quería poner mi voz al servicio de las niñas de Yemen y hablar de sus problemas. Tengo canciones sobre los derechos, el matrimonio infantil y el acoso sexual a las mujeres. La gente tiene que entender que las mujeres pueden hacer más cosas: que no nacen únicamente para el matrimonio y parir niños".



Una canción en particular, Maryam, está basada en la historia de una conocida de Yahya, casada cuando sólo contaba con 11 años. En 2006, la ONU estimaba que el 52% de las niñas menores de edad estaban casadas en Yemen, y en enero de este año se fijó en la constitución que la edad mínima para el matrimonio será la de 18 años. Es un asunto que vuelve acerada la voz de Yahya.

"En los pueblos, especialmente, la gente no es consciente de la crueldad que suponen los matrimonios infantiles. Es como asesinar a alguien", dice rotundamente. "Violar a una niña de ocho años de edad, casada, cuando su cuerpo aún no está listo. Son muchísimas las niñas que han muerto a causa de esto".

Yahya dice que utiliza el inglés porque quiere que estos problemas sean conocidos fuera del mundo árabe, y porque impide que las personas adopten prejuicios acerca de ella en base a su acento. Pero, señala, es también porque "en Yemen los jóvenes quieren hablar inglés, les parece guay".

Sin embargo, ella cree que haber optado por un tipo de música occidental significa que tiene pocas posibilidades de grabar en Yemen, aunque el conflicto político se resuelva.

"No tenemos una industria de la música que apoye a jóvenes talentos, sobre todo si optas por una modalidad de arte extranjera. Dicen que sólo me dedico a copiar a lo americanos... que lo que hago no es música 'yemení'. Para mí, es triste porque el arte no tiene nacionalidad”. Pero el endurecimiento de la postura oficial contra las intérpretes femeninas y la música en general, es también un problema.

"Aquí hay cantantes femeninas mayores porque en los viejos tiempos había una fuerte tradición de mujeres artistas, pero ahora hemos perdido eso. Ahora no les gusta que las mujeres cantemos".

Yahya dice que es este rico patrimonio cultural de Yemen el que inspira su trabajo y al horror que siente añade el que le produce que la ciudad vieja de Saná, protegida por la Unesco, se encuentre ahora en la línea de fuego. "¡Es tan tranquila y mágica! Me gusta acercarme hasta allí un par de veces a la semana, por la mañana, para inspirarme. En las zonas más modernas la gente es más estricta y fanática, y ya no se oye cantar a los viejos, ni puedes ver tiendas de instrumentos musicales".

Ella también está profundamente preocupada por sus amigos, que siguen atrapados en un conflicto que ha sumido a 20 millones de yemeníes en unas condiciones de vida deplorables y en la necesidad urgente de alimentos, agua y asistencia médica. "Hay ataques aéreos. No hay escuelas abiertas. Sólo hay electricidad durante dos horas al día. Es difícil encontrar agua y comida. Se han cerrado los medios de comunicación. La gente está sufriendo muchísimo".

Como no es ciudadana saudí, Yahya no puede continuar sus estudios de odontología, y debe tener cuidado de no molestar a las autoridades de Arabia, al tiempo que se le cierra la oportunidad de actuar en la escena musical underground.

"Si yo hiciera algo malo, podrían deportar a toda mi familia. No puedo estudiar, no puedo hacer música, es muy duro", dice con tristeza.

Pero entonces, tan pronto como las palabras salen fuera de su boca, vuelve su intrepidez. "Yo voy a hacer música de nuevo... incluso si tengo que comprar mi propio micrófono. Encontraré la manera. Voy a triunfar”.

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