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Lamento de mi sagrado corazón, de Jules Laforgue

Jules Laforgue nació el 16 de agosto de 1860 en Montevideo, pero sus padres decidieron trasladarse a la localidad francesa de Tarbes poco tiempo después



Jules Laforgue
Versovia.com / 03·05·2015

En 1869, Jules comienza sus estudios en un liceo cercano a su hogar para continuarlos a partir de 1876, cuando su familia se traslada a París, en el Liceo Fontanes.

Tres años después empieza a publicar sus poemas en las revistas La Guepe y L’Enfer, conoce a a intelectuales como Gustave Kahn y Paul Bourget y decide dedicar su vida a su gran pasión: escribir.

Termina una novela breve, Stéphane Vassiliew y frecuenta bibliotecas y el Museo del Louvre, asiste en la Escuela de Bellas Artes a las clases del historiador y filósofo Hippolyte Taine, visita Berlín y Coblenza y es elegido lector de francés de Augusta, emperatriz de Alemania. Más tarde recorre Dinamarca y colabora en Revue Independante y Le Figaro.

Los lamentos y Las flores de buena voluntad son otras obras compuestas durante estos años por Laforgue que, en 1887, volvió a instalarse en París junto a su esposa, la inglesa Leah Lee. Padeció importantes problemas económicos que se agudizaron con la enfermedad.

El 20 de agosto de 1887, Jules Laforgue murió en París a causa de la tubercolosis. A los 27 años, la edad a la que mueren los malditos.

La poética de Laforgue ha sido etiquetada como decadente y nihilista. El ocaso invernal es una imagen constante en su poesía, tanto de manera explícita como simbólica. Un sol blanquecino y agonizante es la imagen enlutada de su poética y se transforma en queja, lamento, voz lunar, rostros pálidos y la irremediable finiquitud del universo.


Lamento de mi sagrado corazón


Prometeo y el buitre, blasfemia y castigo.
Mi corazón, cáncer sin corazón, se devora a sí mismo.

Mi corazón, donde enterré ciertos difuntos, es una tumba.
Y los perfumes… ¡Oh susurrantes canciones de cuna!

Mi corazón es un léxico donde cien literaturas
se mezclan sin descanso entre divinas tachaduras.

Mi corazón, aunque repleto, es un desierto alterado,
por su asco universal, de este vino vomitado.

Mi corazón es un Nerón, niño mimado de Asia,
que del imperio de los vanos sueños se harta.

Vacío de alma y vuelo, mi corazón es un ahogado,
a quien con doradas ventosas, el pulpo del tedio ha estrechado.

Es un fuego artificial que antes de lanzarse
ahogó la lluvia y se aburre, sin festejarse.

Es un terrenal coche fúnebre, mi corazón,
que lleva deambulando el instinto y la ocasión.

Mi corazón es un reloj en reposo y olvidado
que, sabiéndome difunto, en dar la hora se ha obstinado.

Mi amada está allá, dispuesta a consolar,
la hice sufrir demasiado, esto no puede continuar.

Mi corazón, desprovisto y sumergido en una artística laguna,
se presenta a los besos como una armadura vacía.

Y siempre, mi corazón, habiéndome declamado,
vuelve a su lamento: ¡Amar y ser amado!

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