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Sin amor, de Elise Cowen

Elise era una chica reservada, aunque en momentos llegaba a ser explosiva, en constante lucha con su familia a causa del moralismo de la época en que vivió


Elise Cowen
 Versovia.com / 01·03·2015

Nació en Washington Heights, Manhattan, el 31 de julio de 1933. Una chica americana que fue rebelde en tiempos en que ser rebelde no era permitido y mucho menos, siendo mujer. Una vida complicada, existencia llena de vacíos y baches, Elise sufrió de depresión durante la mayor parte de su vida. Depresión causada por la presión de su familia, de donde se escapaba frecuentemente para reunirse con los jóvenes artistas de esa zona de la ciudad a la que sus padres siempre le prohibieron acercarse. Amiga cercana de Joyce Johnson en los primeros años 50, Elise comenzó a escribir poesía desde muy joven, influenciada por sus amigos beats y la obra de Emily Dickinson, T.S. Elliot , Ezra Pound y Dylan Thomas. Joyce empezó a salir con Kerouac y Elise conoció a sus compañeros de fiesta y literatura.

En ese período conoció a Ginsberg por medio del profesor de filosofía Donald Cook. Ambos tenían un amigo en común, Carl Salomon, a quien conocieron mientras pasaban un tiempo en un hospital psiquiátrico. Elise y Allen mantuvieron una relación romántica durante la primavera y el verano de 1953. Sin embargo, al cabo de un año, Ginsberg se enamora de Peter Orlovsky, su eventual compañero de vida. A pesar de esto, Cowen se mantuvo perdidamente enamorada de Ginsberg el resto de su vida. Eran los años en que Allen aún iba y venía de una etérea heterosexualidad —aun pensando que su homosexualidad era un desorden psíquico—, Elise escribió para él y para ella. Para sus propios demonios. Sin poder comprender por qué Allen pasaba de ser su “novio” a ser su hermano gemelo y dejaba de escribirle o llamarle durante periodos largos.

Los conflictos de Elise se volvieron cada vez mayores. Desaparecía por periodos largos de tiempo, provocando que sus amigos la buscaran en hospitales y morgues. Vivió con artistas que no le dieron una buena vida. Quizá porque ella pensaba que probablemente no se la merecía.

En febrero de 1956, ella y su amante Sheila se mudaron a un apartamento con Ginsberg y Orlovsky. En aquel momento, Cowen trabajaba como mecanógrafa para la policía, pero más tarde fue despedida. Después se mudó a San Francisco, y, finalmente, a Manhattan.

Pero los problemas psicológicos comienzan a afectar a Elisa. Cada vez son más graves y acentuados y con el tiempo tiene que ser admitida en el Hospital Bellevue para obtener un tratamiento contra la hepatitis y la psicosis. Ella se opuso y regresó a casa de sus padres. Es allí desde donde el 27 de febrero de 1962 dejó de resistir y se arrojó desde el séptimo piso, en el piso de sus padres en Bennett Avenue. Tenía 28 años.

Después de su muerte, la mayor parte de sus escritos fueron destruidos por los vecinos de sus padres como un favor a los padres, que estaban incómodos con las representaciones de la sexualidad y el consumo de drogas en los poemas de Cowen. Sin embargo, Leo Skir, un amigo cercano, tenía 83 de sus poemas en su poder al momento de su muerte, y se encargó de la publicación de varios en revistas literarias prominentes de la década de 1960, incluyendo Luces de la ciudad, Journal, El Corno emplumado, Vete a la mierda, Revista de las Artes, La escalera y Las cosas . Una biografía corta y varios de sus poemas se incluyen en Las mujeres de la Generación Beat: escritores, artistas y musas en el corazón de una revolución, editado por Brenda Knight. Varios de sus poemas aparecen también en A Different Beat: escritos de mujeres de la Generación Beat, editado por Richard Peabody. Cowen ocupa un lugar destacado en la memoria de Joyce Johnson, Personajes secundarios, y en la novela de Johnson (como el personaje Kay), Ven y únete a la Danza.

Elise Cowen, aunque muerta está viva en las páginas de Joyce Johnson Personajes secundarios y en la memoria de muchos de los sobrevivientes de la generación beat que marcó para siempre con su generosa amistad con Janine Pommy Vega con quien Elise vivió por un tiempo, dice, "sigo pensando en ella todos los días. Ella es la persona más inteligente que conozco".


Se cree que este fue el último poema que escribió poco antes de suicidarse:


Sin amor
Sin compasión
Sin inteligencia
Sin belleza
Sin humildad
Veintisiete años son suficientes
Madre - demasiado tarde - años de locura - Lo siento
Papá - ¿Qué pasó?
Allen - Lo siento
Peter- Santa Rosa Juventud
Betty - Tanta valentía femenina
Keith - Gracias
Joyce - Chica hermosa
Howard – Nene, cuídate
Leo - Abrir las ventanas y Shalom
Carol - Deja que suceda
¡Déjenme salir ahora por favor!
Por favor, déjame entrar





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