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"Lo importante es provocar una emoción y conectar con alguien"

Begoña Callejón acaba de sacar El hospital de las muñecas, su décimo primer poemario, en el que habla sobre el paso del tiempo y vivir la infancia



Begoña Callejón
Versovia.com / 12·03·2015

Es Licenciada en Psicología. Poeta y narradora, recibió la Beca Millenium para la creación artística en 2010.

Ha publicado los poemarios Suicidio de libélulas (Celya, 2006), Extraña claridad (Devenir, 2007), Palabras para un cuerpo de ceniza con el Primer Premio ‘Francesc Bru’, 2007 (Ayuntamiento Canals, Valencia, 2007), Las putas toman sushi (Alea Blanca, 2009), Cenicienta en sangre (El gaviero ediciones, 2010), Locos de Altar, junto a Leopoldo María Panero y Rubén Martín (Alea Blanca, 2010), La camada feroz (Amargord, 2012), Los pájaros dibujaban en mis ojos (Huerga y Fierro, 2012), Cuando llegan las abejas (Diputación de Cádiz, 2012) y el relato ilustrado para adultos, Faula, la hora del vacío (Fin de Viaje, 2012).

En la modalidad de relato, ganó el Primer Premio ‘Carmen de Burgos’ (Almería, 1998) y queda finalista en el certamen ‘Ciutat d'Élx’ de microrrelatos (1998).

Sus poemas han aparecido en antologías como La antología del beso (2009), Nueva poesía y narrativa hispanoamericana del siglo XXI (2009), Y para qué más poetas (2010), Blanco Nuclear (2011), Mujeres que aman a mujeres (2012) y Sangrantes (2013).

Hace apenas un mes ha sacado a la luz su último libro de poemas, El hospital de las muñecas (Vitruvio, 2015)

- ¿Qué es El hospital de las muñecas?

- Es un libro que habla sobre las muñecas como metáfora de la infancia y del paso del tiempo, de la lucha contra este transcurrir de los días y sobre vivir el paso de la infancia. Son pequeños episodios acerca de la vida de unas muñecas en el hospital en que viven y del que, al final, escapan.

Está escrito en prosa poética y cada uno de sus poemas-fragmentos-episodios va precedido por una descripción de la muñeca a la que va referido. Cómo está hecha, de qué materiales, sus medidas… Es algo que añadí para inferirles una personalidad que, luego, ha despertado mucho la atención de los lectores.

- ¿De cuántas muñecas estamos hablando?

- No las he contado, no están numeradas. O, mejor dicho, están numeradas pero no de forma continua. Mi intención no es describir a todas las muñecas que habitan el hospital, sino singularizar y destacar a algunas concretas que personalizo en el libro.

- Y, ahora, toca presentarlo.

- Sí. El próximo viernes, 13 de marzo, estaré leyendo y firmando libros en la librería Picasso de Almería a las 19:30 y el 27 de mayo, con el Centro Andaluz de las Letras, en su ciclo Letras Capitales, la Biblioteca Villaespesa, también en Almería y, en agosto, en Antas.

- ¿Qué leías mientras escribías El hospital de las muñecas?

- Entonces, mis lecturas de poesía eran David Meza, que acababa de sacar El sueño de Visnu, y los Poemas a la noche de Rilke.

- ¿Y ahora?

- Ahora estoy con Chantal Mayllard, India. Desde que leí Bélgica soy una ferviente seguidora de ella. La poesía es completamente atemporal. Es sincrónica sólo con los momentos del alma.

- El hospital de las muñecas ¿es algo diferente a tu producción anterior o se puede observar en él algún tipo de evolución?

- Yo lo percibo como una continuidad, pero no del último, sino de mi segundo libro, Extraña claridad, que es de 2009. Aquél hablaba también de hospitales y quedó abierto, como necesitando una segunda parte. Quería volver a retomar ese tema. La sensación de soledad que puede sentir una persona enferma, con problemas.

- ¿Qué significa para ti la poesía?

- Para mí es una forma de expresión, de comunicar mis estados emocionales a quien está al otro lado del poema. Lo importante es provocar una emoción y conectar con alguien. Me reprochan, a veces, que siempre escribo sobre cosas tristes, sobre el mismo tipo de cosas, pero lo importante es llegar a alguien, la conexión con el lector, que puede ser muy variada.


Muñeca ref. 046
Material: celuloide.
Pelo: natural.
Ojos: acrílicos.
Articulada: brazos y piernas.


                                          Me gusta jugar con las
                                          muñecas. Con las cosas
                                          pequeñas. Como están
                                          muertas se que no volverán
                                          a moverse. Eso es bueno.
                                          Les lavo el pelo en el agua de
                                          las alcantarillas. Les lleno
                                          la boca de carne aunque
                                          después la vomiten. Tengo
                                          derecho sobre vosotras.

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