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La bailarina apuñalada, de Nazik Al Malaika

Nació en Bagdad, en 1923, en el seno de una familia culta: su madre escribía poesía y su padre también era poeta, además de editor y profesor de árabe

 
Nazik Al Malaika
Versovia.com / 22·03·2015
Aficionada a la poesía desde temprana edad, a los diez años escribió sus primeros poemas en árabe clásico y continuó escribiendo y publicando poemas en revistas y periódicos durante su periodo de formación en el Higher Teachers' Training College de Bagdad, donde se graduó en 1944. A la vez, se interesó por la música y aprendió a tocar el laúd en el Fine Arts Institute. También estudió inglés y francés y obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Princeton.

En 1954 continuó sus estudios en la Universidad de Wisconsin, graduándose en Literatura Comparada. Posteriormente regresó a Bagdad donde se casó en 1961 y fundó con su esposo y otros compañeros la Universidad de Basora.

A comienzo de los años 70 se trasladó a Kuwait donde se dedicó a la docencia pero, como muchos iraquíes, se vio obligada a regresar a Iraq cuando Saddam Hussein invadió el país en 1990.

En 1991 se trasladó a El Cairo, donde permaneció hasta su muerte, acaecida tras una larga enfermedad el 20 de junio de 2007, a los 83 años de edad.

Pionera del movimiento del "verso libre" junto con Badr Shakir Al Sayyab, en 1947 publicó su primer libro de poemas: Enamorada de la noche, con influencias de los poetas árabes clásicos y otros poetas occidentales, como Shakespeare y Shelley, y en 1949 Chispas y cenizas, donde empleó el verso libre que continuó desarrollando en sus siguientes poemarios: El hueco de la ola (1957), El árbol de la luna (1967), Cántico de la gloria (1968), convirtiéndose en una de las principales figuras del modernismo y ejerciendo gran influencia, tanto con sus poemas como con sus obras de crítica literaria, en numerosos poetas de todo el mundo árabe.

Su estilo se caracteriza por la gran maestría de la lengua árabe, el original uso de las imágenes y la delicadeza y musicalidad de sus versos, siendo la melancolía una constante en su obra. Entre los distintos temas que aborda, destaca su defensa de los derechos de las mujeres, víctimas de una sociedad anclada en costumbres ancestrales.




La bailarina apuñalada



Baila, con el corazón apuñalado, canta

Y ríe porque la herida es danza y sonrisa,

Pide a las víctimas inmoladas que duerman

Y tú baila y canta tranquila.



Es inútil llorar. Contén las ardientes lágrimas

Y del grito de la herida extrae una sonrisa.

Es inútil explotar. La herida duerme tranquila.

Déjala y venera tus humillantes cadenas.



Es inútil rebelarse. Nada de cólera contra el furioso látigo.

¿Qué sentido tienen las convulsiones de las víctimas?

El dolor y la tristeza se olvidan

Y también uno o dos muertos, y las heridas.



Convierte el fuego de tu herida en melodía

Que resuene en tus labios anhelantes

Donde queda un resto de vida

Para un canto que no callan la desgracia ni la tristeza.



Es inútil gritar. Repulsa y locura.

Deja al muerto tendido, sin sepultura.

Cualquiera muere... que no haya gritos de tristeza.

¿Qué sentido tienen las revueltas de los presos?



Es inútil rebelarse. En la gente, los restos

De venas no dejan circular la sangre.

Es inútil rebelarse mientras algunos inocentes

Esperan ser inmolados.



Tu herida no se diferencia de las demás.



Baila, ebria de tristeza mortal.

Los insomnes y los perplejos están abocados al silencio.

Es inútil protestar. Descansa en paz.



Sonríe al rojo puñal con amor

Y cae al suelo sin temblar.

Es un don que te degüellen como una oveja,

Es un don que te apuñalen el corazón y el alma.



Es una locura, víctima, que te rebeles.

Es locura la cólera del esclavo cautivo.

Baila la danza del fuerte, del feliz

Y sonríe con la felicidad del esclavo a sueldo.



Contén el dolor de la herida: es pecado gemir,

Y sonríe complacida al asesino culpable.

Regálale tu corazón humillado

Y déjale cortar y apuñalar con placer.



Baila con el corazón apuñalado, canta

Y ríe: la herida es danza y sonrisa.

Di a las víctimas degolladas que duerman

Y tú baila y canta tranquila.



Del poemario: El hueco de la ola (1957)
Traducción: María Luisa Prieto

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