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Concluida la nada, comienda (Una de tantas defunciones), de Sergio Oiarzabal

Alguien dijo que desde que murió Sergio Oiarzabal, 'Txiki' para los amigos,el mundo es más oscuro, pequeño y silencioso, y en Bilbao no deja de llover


Sergio Oiarzabal
Versovia.com / 15·03·2015

Sergio Oiarzabal falleció, mientras dormía, el 13 de junio de 2010. No había cumplido aún 37 años. Como César Vallejo, previó su muerte. Como Federico, según Neruda, previó su muerte. La escribió, como Alfosina Storni, Attila Jósef y Teresa Wilms Montt.

Ya había recibido numerosos premios y reconocimientos por su obra. Dicen algunos de sus lectores que en su poesía trasciende el ‘surrealismo francés’ y la Generación del 27.

Le entregaron el Premio Nacional de Poesía de la Fundación Miguel Hernández en 2003, por ‘Flammis Acribus Addictis’.

Oiarzabal publicó ‘Delicatessen Underground’, el último de sus libros que vio impreso. Dijeron de esa obra que era ‘violencia poética’, entendida en su acepción etimológica de poesía apasionada, impetuosa y fogosa, elogiada tanto por la crítica como por el público y se convirtió en uno de los libros de poesía más difundidos en aquellos años.

En la introducción, Mercedes Acillona, catedrática de Literatura de la Universidad de Deusto, afirma: ''Sergio Oiarzabal se ha arriesgado y ha alcanzado la arista misma del precipicio de la palabra poética. Como los malditos y los surrealistas, ha llegado al cuerpo a cuerpo de la prosa poética, desamparado de las músicas y el ritmo visual. Su música nace ya con los ojos cerrados, sin páginas ni tintas, al hilo de un salterio que se hunde hasta las raíces del alma''.

No podría reflejarse mejor el alma creadora de Sergio. Esa que se fue ahora hace dos años en una huída prematura y apresurada hacia un destino intangible que él mismo había intuido ya en su poesía.

Era un poeta brutal. Su poesía está llena de tensión, de belleza, de una capacidad inacabable para sorprender, y de amor, aunque la palabra suene cursi. Sus poemas solían contener largas enumeraciones y acumulaciones de metáforas, en las que el mar, la luna, el cielo o los pájaros eran visitantes habituales. Era un excepcional poeta érotico, en todos los sentidos de la palabra. También tenía vocación de dramaturgo: en teoría, se proclamaba admirador de Artaud; en la práctica, era un surrealista.


CONCLUIDA LA NADA, COMIENDA
(Una de tantas defunciones)


He muerto para ti.
A las tantas, mientras soñaba, rodeado de luciérnagas
con una estrella bajo la cama
y con una ola en el ropero.

Es ahora cuando hablo el idioma de las nubes,
y respiro el humo de los motines,
y mi piel es negra y ya no siento la asfixia de los grilletes,
de todos modos hay muchos Bilbaos en Bilbao
y en los barrios admiro las estrellitas de mar,
ya pocas veces suelo despedirme de mí a las noches,
jamás podría decirme adiós
estoy muy lejos de mí mismo,
mi espíritu me aventaja siglos y naciones
y al fin y al cabo he de pasar a limpio lo que escrito hay en mi
alma.

He muerto para ti. Estaba escrito. Escrito. No sé cómo.

Tampoco cuándo.

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