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"El Mediterráneo era internet hace 2.250 años"

Acaba de salir a la calle "Arquímedes está en el tejado", una novela histórica con el célebre matemático como figurante de lujo. Es la última obra de Juan Pardo Vidal. Lectura imperdible


Juan Pardo Vidal
Versovia.com / 08·01·2015

Juan es filólogo y trabaja como educador social. Como escritor, ha publicado versos, cuentos y novelas de diferentes estilos. Él igual no lo sabe, pero es, además, un referente en el mundillo de las letras. Al menos en el sudeste ibérico.
- Después de lo que has escrito hasta ahora, una novela histórica ¿tratas de ir tachando géneros en tu currículo?
- De alguna manera, tiene que ver con la curiosidad, investigar un género que aún no controlaba. Sí me suele pasar que voy saltando de uno a otro género, pero no por nada, no me entiendo como un escritor encasillado en un determinado espacio literario, lo mismo escribo un cuento que poesía o teatro, mucha gente lo sabe. Lo próximo que escribiré será una novela negra, de eso estoy seguro. Me gusta. La curiosidad me mata.
- Y, dentro de eso, ¿por qué Arquímedes?
- Arquímedes era matemático y la gente que me conoce sabe de mi afición por las ciencias y, sobre todo, por las matemáticas, así aunaba varias cuestiones que me interesan. Por un lado, volvía a escribir sobre un tema científico. Yo, al cabo soy filólogo, por mucho que me gusten mucho las ciencias, y, la gente de letras no tenemos tan trillados esos asuntos. Y, luego, porque es un personaje histórico, un animal, una bestia. Aunque conocemos sus aportaciones, realmente no somos conscientes de hasta qué niveles llegó en el año 250 a.C. Su vida, además, presenta algunas lagunas y misterios. Esos pequeños misterios que yo conocía de su biografía suponían un caldo de cultivo perfecto para novelar y estos pequeños misterios me iban a permitir jugar con el tema.
- A la hora de construir la novela ¿has querido hacer una biografía o fabular con el personaje?
- En realidad, Arquímedes es un secundario de lujo en la novela. Es la historia de un niño de origen fenicio, hispano, que es raptado por unos piratas y vendido como esclavo. Ese niño crece, termina en la maquinaria de guerra romana, acabará sitiando Siracusa, la ciudad en que vive Arquímedes y, por una cuestión de azar, acabará sirviendo en su guardia, porque él desea entrar ahí y tiene las aptitudes idóneas para hacerlo: conoce las dos lenguas, el latín y el griego. Se trata de la historia de Vinci, no de la historia de Arquímedes, que participa en la novela porque es el objetivo de su protagonista hispano, alguien que él tiene en la cabeza y quiere conocer. Al mismo tiempo, es una reflexión sobre la ciencia, si nos ha llevado a un mundo mejor o a un mundo peor. También sobre el Mediterráneo. Es una novela muy mediterránea que especula sobre lo que significaba todo ese espacio de conexión, internet hace 2.250 años, el medio por el que se transmitía toda la información científico-tecnológica, humana y genética que existía entonces.
- Lo que sostiene el profesor Schubart que el mar nunca es una frontera, sino el medio que comunica sus orillas.
- Claro. En esa época era una autovía, no una frontera. No era un muro. Por tierra, los romanos aún no habían construido su colosal red de vías y apenas había comunicación. Los accidentes geográficos hacían muy difícil la circulación por tierra, sin embargo, por mar funcionaban muy bien y los fenicios habían controlado cómo hacerlo. La novela está ambientada en los nueve últimos meses del asedio a Siracusa, porque los cartagineses y los romanos, que están en plena guerra púnica, quieren controlar ese punto para asfixiar el tráfico de barcos de la otra potencia y ahí se desarrolla toda la trama. Es una trama muy sencilla, sólo que ambientada ahí en vez de en el espacio o en el oeste americano. Todas las novelas son históricas, eso sí es cierto.
- Al final, hasta las que pretenden ceñirse a los hechos, no dejan de ser una interpretación.
- Efectivamente. Yo no he tratado de hacer una biografía, no se conoce lo suficiente acerca de la vida de Arquímedes y las noticias que existen, bien de Plutarco o de Polibio, los que yo he consultado, dan algunos datos, pero no mucho, con lo que me dejaban margen para inventarme una historia sin ceñirme a los clichés y a los cánones de una novela histórica de corte más clásico y me ha permitido darle un ritmo más moderno, más de cuento, más ágil, más liviano. Cuidado pero ágil.
- Ayudando al lector a leer.
- Ayudar, claro que sí. Nada de pedanterías. Las subordinadas salen sin querer. Ser sencillo es muy complicado. A mí me cuesta mucho. Nos hace falta un saco de puntos para que no nos salgan unas frases en extremo complicadas. La complejidad no está en eso. La complejidad no está en hacerlo difícil.
- Volviendo a tu libro ¿nos ayuda la ciencia?
- Esa es la clave de la novela. No podemos dejar de avanzar. Es un camino emprendido por el hombre desde que se puso de pie. La ciencia nos va a llevar a lugares insospechados y yo creo que no son lugares buenos. Mi Arquímedes tenía sus dudas y estoy seguro de que él también las tuvo. La ciencia no nos está llevando por buen camino. Debería estar al servicio del hombre y, sin embargo, está al servicio de la guerra, del dinero y del poder. Arquímedes vivía en Siracusa prisionero de su propio pueblo, como uno de esos científicos que no dejaban salir de la extinta Unión Soviética porque conocían demasiados secretos. Arquímedes vivía igual, prisionero porque fabricaba máquinas de guerra que mantenían a raya a los ejércitos romanos y él solo era capaz de mantener a Siracusa fuera de la órbita de Roma cuando Roma había conquistado todo el mundo conocido y, por eso, lo mantenían cautivo. ¿Por qué quería Marcelo capturarlo? Pues no porque fuera un gran matemático, sino porque era un excepcional ingeniero fabricante de máquinas de guerra. Las matemáticas no le interesaban, como ahora, a nadie. A los gobernantes les importaba la aplicación de las matemáticas para destruir a sus enemigos. El poder es consciente de la importancia de la ciencia para afianzarse y, por eso, las matemáticas , la ciencia en general, son aplicadas por quienes detentan el poder para consolidarse, guerrear y conquistar a otros pueblos. En la novela, hay una reflexión sobre eso y, también, sobre la bondad de la ciencia, porque yo soy un convencido de las bondades de la ciencia. La ciencia ofrece dos caras y hemos de tener ambas en cuenta.

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