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No deseo abrir la boca, de Nadia Anjuman

Nadia Anjuman (1980-2005) fue asesinada por su marido, Farid Anjuman, y los familiares de éste, que consideraban que la publicación de un libro de poemas de Nadia “deshonraba” a la familia


Nadia Anjuman, poeta eterna
Versovia.com / 07·12·2014

Nadia acababa de publicar Gul-e-dodi (La flor grana) o Gol-e dudi (La flor ahumada), que ganó el favor de la crítica tanto en Afganistán, Pakistán, como en el vecino Irán.

Creció durante el régimen de los talibanes, ella y todas las mujeres intelectuales de Afganistán, se hacían y leían clandestinamente literatura prohibida, como las obras de Shakespeare o de Dostoievsky, un crimen que era castigado con la horca.

Era la sexta hija de una familia numerosa. Terminó la escuela secundaria a pesar de dos años de interrupción debido a que el régimen talibán, de acuerdo con las enseñanzas del Corán, prohibía que las mujeres aprendieran a leer y escribir. Para los talibanes, incluso si un padre le enseñaba a escribir a su hija, sería condenado a la pena de muerte. Las mujeres tenían prohibido trabajar, estudiar y reírse en voz alta. Sólo se les permitía coser y bordar. Anjuman y otras jóvenes pertenecían a los Círculos de Costura de Herat, y se reunían tres veces a la semana en la escuela de costura La Aguja de Oro, en la casa del profesor Rahyab a estudiar literatura. Anjuman y sus compañeras estudiaban a escritores prohibidos como William Shakespeare, Honoré de Balzac, Fiódor Dostoevsky, Charles Dickens, León Tolstoy, James Joyce y Nabokov. Si hubieran sido atrapadas, el régimen talibán las hubiera condenado a ser ahorcadas.

En esa época tuvo que luchar contra los deseos de sus padres de unirla en matrimonio: “Creo que he tenido bastante éxito. Se supone que aquí las niñas se casan a los 14 o 15 años de edad”. Sus padres la obligaron a casarse con Farid Ahmad Majid Mia [o Nia], licenciado en Literatura, conferenciante y empleado administrativo en la facultad de Literatura de la Universidad de Herat.

La poesía de Nadia describía la opresión que sufren las mujeres afganas. Un fragmento de uno de sus poemas dice:

"Estoy enjaulada en esta esquina
llena de melancolía y pena...
Mis alas están cerradas y no puedo volar.
Soy una mujer afgana y debo lamentarme".

La periodista y escritora Christina Lamb, experta en temas de la mujer en Afganistán, escribió un libro acerca de los Círculos de Costura de Herat, a los que pertenecía Anjuman.

"Sus amigas dijeron que sus familiares estaban furiosos, porque creían que una mujer que publicara poesía acerca del amor y la belleza traía oprobio a la familia", escribió Lamb

El 4 de noviembre de 2005, la policía encontró su cuerpo en su casa, en la ciudad occidental de Herat. Poco después, el funcionario superior de la policía, Nisar Ahmad Paikar, indicó que su esposo había confesado haberla golpeado, pero no haberla asesinado. Él sostuvo que la joven se habría suicidado.

Se informó que Nadia murió como resultado de un corte en la cabeza. La sangre que vomitó podría ayudar a determinar la causa de su fallecimiento, publicó la agencia de noticias Pajhwok. Los familiares de Nadia Anjuman ―los mismos que, junto con su esposo, son sospechosos de la paliza― lograron impedir que se llevara a cabo la autopsia correspondiente. Su suegra y su esposo fueron encarcelados.

Desde la prisión, el esposo de Anjuman insistió en que él no era culpable del asesinato: “No he matado a Nadia. ¿Cómo iba a matar a alguien a quien yo amaba? Tuvimos una pequeña discusión y sólo le di una bofetada en el rostro, una sola vez. Se fue a otra habitación y cuando volvió me dijo que había tomado veneno. Me dijo que me perdonaba por abofetearla y me suplicó: ‘No le digas a nadie que tomé veneno; diles que morí de un ataque al corazón’”. Maria Bashir, fiscal de la ciudad de Herat, se muestra escéptica: “Una de las razones por las que se sospecha del esposo es que no la llevara al hospital sino hasta cuatro horas después de darle una paliza”.

“Se había convertido en una gran poeta en persa”, declaró Ahmed Said Haghighi, presidente del Círculo Literario de Herat, fundado en 1920. Fue Haghighi quien ideó la treta de utilizar las clases de costura como una cubierta para enseñar a las mujeres, después de que los talibanes no solo cerraron todas las escuelas para niñas, sino que también comenzaron a destruirlas para construir mezquitas en su lugar.

Las Naciones Unidas condenaron su muerte al poco tiempo:

"La muerte de Nadia Anjuman, según lo divulgado, es de hecho trágica y una gran pérdida para Afganistán. Ha de ser investigada y cualquiera que sea encontrado responsable deberá ser juzgado", manifestó Adrian Edwards, portavoz de la ONU. Paikar ya había confirmado que el esposo de Nadia ya tenía cargos en su contra.

Miles de simpatizantes asistieron al funeral de Nadia Anjuman en Herat. Su obra sigue siendo popular en países persahablantes, entre jóvenes de ambos sexos.

A Anjuman le sobrevive un hijo, Bahram Saíd, que en el momento de su muerte tenía seis meses.

Su marido salió de la cárcel al cabo de sólo un mes de prisión y le fue devuelta la custodia de su hijo que, tal vez, haya crecido sin conocer la verdad sobre quién era su madre.

Sus versos harán perdurar su memoria.

Esta versión en castellano de su poema, se basa en la versión en inglés de Mahnaz Badihian y en la versión en italiano de Cristina Contilli.


No deseo abrir la boca


No deseo abrir la boca
¿A qué podría cantar?
A mí, a quien la vida odia,
tanto me da cantar que callar.
¿Acaso debo hablar de dulzura
cuando es tanta la amargura que siento?
Ay, el festín del opresor
me ha tapado la boca.
Sin nadie a mi lado en la vida
¿a quién dedicaré mi ternura?
Tanto me da decir, reír,
morir, existir.
Yo y mi forzada soledad
con mi dolor y mi tristeza.
He nacido para nada
mi boca debería estar sellada.
Ha llegado, corazón, la primavera,
el momento propicio del festejo.
¿Pero qué puedo hacer si un ala
tengo ahora atrapada?
Así no puedo volar.
Llevo mucho tiempo en silencio,
pero nunca olvidé la melodía
que no paro de susurrar.
Las canciones que brotan de mi corazón
me recuerdan que algún día
romperé la jaula.
Volando saldré de esta soledad
y cantaré con melancolía.
No soy un frágil álamo
sacudido por el viento.
Soy una mujer afgana
Entiéndase pues mi constante queja.

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