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La vida cotidiana de los mineros de Almagrera según Perales

El profesor Pedro Perales Larios inició el ciclo programado en Cuevas del Almanzora con una conferencia titulada ‘Trabajo y vida cotidiana de los mineros en Cuevas y Herrerías’

 


Pedro Perales durante un momento de su exposición

Versovia.com / 23·12·2014


Detrás del esplendor de una élite burguesa que buscó y sacó un gran rendimiento al filón argentífero de El Jaroso, de cuyo hallazgo se cumplen ahora 175 años, ocultos en las entrañas de Sierra Almagrera, vivieron y murieron decenas de miles de mineros, pequeños titanes que casi nunca sobrepasaban los treinta años debido a las condiciones insalubres en que desempeñaban eternas jornadas de un trabajo duro en extremo.

Tras la presentación de las jornadas, a cargo de Matías Gómez, en representación de la SAT Los Guiraos, patrocinadora de las conferencias, el Ayuntamiento de Cuevas y el profesor Fernández Bolea, uno de los comisarios de las jornadas, Perales comenzó su exposición.

Empezó agradeciendo a los autores cuyas obras le sirvieron para su preparación, como el propio Fernández Bolea, Sánchez Picón o Antonio Molina, para, a continuación, hablar sobre cómo se descubrió el filón, el protagonismo que tuvieron hombres como Soler Molina o Bravo, cómo se constituyeron las primeras sociedades y el movimiento especulativo que se desarrolló durante todo el auge de la minería, donde no faltaron, también, auténticos estafadores.

Pero el objetivo de Perales era mostrar las condiciones en que trabajaron y vivieron la mayoría anónima que se dejó literalmente la piel y la vida en ese inframundo para extraer las riquezas con que todo se pagó.

Expuso con toda suerte de detalles, acompañado por excelentes fotografías e ilustraciones, cómo eran las explotaciones y los diferentes trabajos que desempeñaban los obreros, desde los niños de las gavias, que antes de cumplir los diez años ya acarreaban casi dos toneladas diarias de mineral en capazos de esparto cargados a sus espaldas hasta los pozos de extracción, hasta el capataz, pasando por picadores, escogedores, garvilladores y demás ocupaciones.

Los mineros trabajaban en muchos casos, según sostuvo Perales, con el agua a la cintura, debido a los problemas de drenaje que sufrían muchas de las galerías, y cobraban un exiguo jornal que les pagaban tres o cuatro veces al año. Dijo, además, que las jornadas solían exceder en mucho las doce horas, sin descanso semanal, sólo interrumpidas por tres o cuatro momentos de quince minutos para fumar.

La enfermedad hacía estragos, sobre todo la derivada de la ingesta y aspiración de metales pesados. Contaba Perales que episodios agudos de ‘emplomamiento’ encontraban alivio con saltos de compañeros sobre el abdomen del infortunado.

La conferencia fue seguida con gran atención por el público que abarrotaba el salón de plenos del Ayuntamiento de Cuevas y a fe que merecería ser germen de un libro que la hiciera perdurar. Concluyó con un documental dirigido por Ana González Grano de Oro y precedió a la presentación del libro que, sobre la minería en El Pilar de Jaravía, publicara este verano Enrique Fernández Bolea.

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