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Graciela Zárate, poesía terapéutica el próximo sábado en La Oficina

Graciela Zárate, una mujer que envolvió matrioskas de deseos entre burbujas de plástico y papel, será poeta de guardia el próximo sábado, 15 de noviembre, en La Oficina


Graciela Zárate durante un recital el pasado 14 de agosto en Antas

Javier Irigaray / 12·11·2014

Graciela Zárate nació por primera vez en Buenos Aires y, desde entonces, se ha parido miles de veces en distintos puntos del planeta. Estudió Escenografía y Vestuario Teatral en la Universidad del Salvador. Trabajó en Madrid en el Centro Dramático Nacional y en el Teatro Real y, hace un par de años, vino a parar a Almería, en donde escribió A contraluz de embargo, "un poemario autobiográfico en tiempo real".

- Poeta de guardia en La Oficina no es para ti un recital más.

- ¡Claro que no! Me hace mucha ilusión. Soy una asidua a La Oficina, que me parece algo muy prometedor con lo que me gusta colaborar. Asisto a todos los ‘Poeta de guardia’ y sentía el deseo y la esperanza de que algún día me invitaran. Es un honor y me parece muy importante que luego se emita por radio, una forma de llegar a mucha más gente que busca el programa porque disfruta con la poesía.

- Intuyo que el de La Oficina no será un recital más. Me da la impresión que será una noche especial.

- Recitar con público es uno de mis mayores placeres y, mucho más, acompañada por la guitarra de Jesús Garrido, que tiene una sensibilidad especial para interpretar sobre la marcha los poemas y los silencios. Tengo muchísima ilusión. Algo maravilloso en esta carrera de cosas que me están sucediendo desde que, en febrero salió el libro. Una de esa cosas que deseo que sucedan y me siguen saliendo aunque nunca las espero. Además, ayudan a difundir el libro, algo muy difícil en el mundo de la poesía, sobre todo, cuando no te conoce nadie.

- Y una forma directa de contactar con el público, muy especial para alguien que, de alguna manera, ha estado toda una vida relacionada con el teatro.

- Sí. Además, llevo dos años estudiando interpretación para terminar de aunar todo esto de que vengo del teatro, escribo poesía, hago recitales… Así tendré una herramienta más a la hora de transmitir, recitar y leer mis poemas.

- ¿Qué va a encontrar quien se acerque a tu Poeta de guardia en La Oficina?

- Lo interesante de este Poeta de guardia es que no va ser una presentación del libro, sino una lectura de todo. Será una selección de todo lo que he escrito desde hace seis años. Una parte, por supuesto, va a ser de A contraluz de embargo, pero voy a leer cosas anteriores y otras recién hechas que no he leído nunca en ningún sitio, así como parte de otro libro que estoy terminando.

- A contraluz de embargo fue, en cierto modo, un libro terapéutico, que te sirvió para aferrarte al mundo.

- No sólo me sirvió, sino que estoy convencida de que me salvó, porque tuve la oportunidad de canalizar en algo positivo una experiencia traumática y, en ese sentido sí que lo considero un libro absolutamente terapéutico. Mientras lo escribía nunca me planteé que se fuera a publicar, yo había escrito desde siempre, pero nunca había publicado nada. Lo escribía porque no era capaz de hacer otra cosa que escribir. Es un libro que surgió del alma y de la necesidad de escupir todas las cosas tan duras y difíciles que sentía y me ha salido un libro raro porque cuenta una tragedia y, por lo que me dice todo el mundo, me ha salido un libro esperanzador. Su publicación me ha supuesto, sin lugar a dudas, algo sanador.

- Un poemario que cuenta una tragedia y acaba siendo esperanzador ¿es un error?

- Yo daba por sentado que al escribir poemas sobre un episodio de tu vida que para ti es traumático y muy triste, el resultado sería trágico. Pero no tiene por qué ser un horror que el lector vea un atisbo esperanzador. Yo soy muy vitalista, muy positiva. Soy de Sudamérica, un lugar donde vivimos crisis cada poco tiempo y que te obliga constantemente a salir de cero. Yo me veo más como un ave fénix, siempre hacia adelante, nunca hundirte y eso se trasluce en mis poemas.

- Constantemente resurgir como ave fénix, no repetir eternamente la misma condena, como Prometeo.

- Absolutamente. Hay un proverbio chino, mi favorito, que dice “siete veces me caigo y ocho me levanto”. Yo no me siento condenada. Vivir es una maravilla. Para unos es más fácil, para otros más difícil. A mí me ha ayudado muchísimo verme a mí misma con el libro impreso, maquetado, como si fuera de otro. Yo lo veía como desde fuera. Y luego ves que la gente opina, publican reseñas en revistas y te dicen que es un libro esperanzador. Eso es algo que te ayuda un montón. Que la gente lo lea, opine y lo comparta te reafirma a ti misma que eres así y eso resulta muy sanador y una “reautoafirmación”.

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