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Enterradme de pie, de Bronislawa Wajs, "Papusza"

Cuando, en 1987, Bronislawa Wajs exhaló el postrer suspiro, ya llevaba treinta y cuatro años muerta 


Papusza

Versovia.com / 16·11·2014

El Baro Shero, máxima autoridad entre los gitanos polacos, que en 1953 la había declarado marihmé, impura en romaní, y, como consecuencia, indigna de formar parte de la comunidad romaní, dictó concienzudamente su sentencia. Bronislawa, llamada Papusza, 'muñeca', en romaní, se recluyó en sí misma entre el desdén y la indiferencia de las gentes de su etnia y vivió y murió sola y olvidada.

Bronislawa Wajs nació en Polonia, en 1908 o 1910, en una familia de romaníes trashumantes que se ganaban la vida tocando el arpa de pueblo en pueblo. Bronislawa, analfabeta como el resto de los miembros de su familia, empezó a sentir curiosidad por los libros, esas mágicas cajitas de papel pobladas de signos con mensajes extraordinarios, y se afanó por encontrar en cada poblado donde actuaba la familia, alguna persona que le enseñara a leer. A cambio entregaba algún ave robada en el primer corral de fácil acceso. Alumna disciplinada, pronto fue capaz de desentrañar el estimulante mensaje de las palabras y, no sin esfuerzo, se proveyó de una humilde biblioteca cuyos sencillos y desgastados volúmenes conseguía efectuando idéntico pago al ideado para recibir lecciones.

La afición lectora de la niña no gustó a la familia, que consideraba los libros objetos únicamente provechosos para ser consumidos en las fogatas que se encendían para cocinar el condumio y protegerse del frío que hería la carne de otoño a primavera. Papusza, para evitar que sus libros alimentaran el fuego, los mantenía escondidos bajo los pesados instrumentos musicales, estratagema que le sirvió para salvar la mayoría de sus adquisiciones.

A los quince años, Bronislawa fue obligada a contraer matrimonio con un arpista gitano de mayor edad y, según los cálculos de la familia, en mejor posición económica. Fue entonces cuando empezó a cantar, con el acompañamiento musical de su marido, sencillas baladas que ella misma creaba y en las que describía la vida errabunda de los gitanos, sus esperanzas e ilusiones. Eran los comienzos de quien muchos años más tarde, y ya desaparecida, sería considerada una de las mejores poetisas en lengua romaní.

La II Guerra Mundial y la persecución que sufrieron los gitanos -un centenar de familiares de Bronislawa y su marido fueron exterminados-, obligó a Papusza y a los suyos a refugiarse en los bosques, donde compartieron escondite con fugitivos judíos, para quienes también compuso sentidas canciones. Terminada la contienda, el poeta Jerzy Ficowski, que había escuchado cantar a Papusza, se interesó por sus letras y las transcribió del romaní al polaco, publicándose en una revista de gran tirada.

Bronislawa Wajs adquirió cierto reconocimiento, pero seguían siendo malos tiempos para los gitanos polacos. Las autoridades socialistas establecieron un programa de asentamiento obligatorio para los gitanos supervivientes de la guerra y el amigo gadyé, no gitano en romaní, de Papusza, Jerzy Ficowski, autonombrado experto en cuestiones gitanas, utilizó los poemas de Bronislawa, sin el consentimiento de ésta, como propaganda gubernamental para convencer a la comunidad gitana del paraíso que les esperaba en las zonas que se les habían asignado como residencia forzosa. La respuesta de los gitanos no se hizo esperar. Bronislawa Wajs, Papusza, fue acusada por los suyos de traicionar la vida y costumbres de los gitanos polacos y de colaborar con el gobierno para arrinconarlos. Sometida a juicio tribal, de nada le sirvió intentar paralizar la publicación de un libro de poemas; tampoco, romper cerca de trescientas composiciones que guardaba en su casa. Bronislawa Wajs, Papusza, fue excluida ad aeternum de quienes hasta ese momento habían constituido su pueblo.

Ocho meses en un sanatorio psiquiátrico precederían a los treinta y cuatro años de soledad y abandono. Murió el 8 de febrero de 1987.

En los años posteriores a su muerte, la figura y la poesía de Bronislawa Wajs fueron reivindicadas por las nuevas generaciones gitanas. La casa de Papusza, en la ciudad de Gorzow Wielkopolski, donde vivió, está señalada con una placa conmemorativa y una estatua de la poeta se colocó en el año 2008 en el parque de la localidad.

Enterradme de pie

Oh, Señor, ¿adónde debo ir?
¿Qué puedo hacer?
¿Dónde puedo hallar
leyendas y canciones?
No voy hacia el bosque,
ya no encuentro ríos.
¡Oh bosque, padre mio,
mi negro padre!
El tiempo de los gitanos errantes
pasó hace ya mucho tiempo. Pero yo les veo,
son alegres,
fuertes y claros como el agua.
La oyes
correr
cuando quiere hablar.
Pero la pobre no tiene palabras…
… el agua no mira atrás.
Huye, corre, lejos, allá
donde ya nadie la verá
Nadie me comprende,
sólo el bosque y el río.
Aquello de lo que yo hablo
ha pasado ya, todo,
y todas las cosas se han ido con ello…
Y aquellos años de juventud.

1 comentario :

  1. Al transcriptor o transcriptora del texto en prosa se le ha olvidado mencionar la fuente original: https://cartujerias.wordpress.com/2010/03/08/memoria-de-muneca-para-un-8-de-marzo/

    Qué mínimo, ¿no?

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