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La vida nada rosa de Edith Piaf

Edith Giovanna Gassion nació en París en 1.915. Su padre, un artista de circo en el frente de la Gran Guerra. Su madre, una cantante callejera alcohólica. Sus abuelas la criaron con vino, en vez de agua


Edith piaf, toda una leyenda de la música

Versovia.com / 11·10·2014


Nació en medio de la miseria. Dicen que en el patio de una comisaría o al pie de una farola, sobre la capa de un gendarme.
Su infancia transcurrió en el prostíbulo que regentaba una de sus abuelas. Aún una niña, Edith Giovanna Cassion, se incorporó al circo ambulante de su padre, hasta que el divorcio de sus padres y un nuevo matrimonio del contorsionista dejó a Edith sin hogar y en plena calle, donde conoce a su primer amante que la deja encinta de una niña Cécelle que, con dos años, moriría de meningitis.
Edith Piaf quedó marcada con la etiqueta de mala madre y al borde de la depresión, la miseria, el alcohol y otras drogas, y, cómo no, la prostitución. Entonces aparece en su vida Louis Leplée que la saca de la calle para incorporarla al espectáculo del Gerny’s, su primer escenario de éxito.
De la mano de Jacques Canetti, grabó su primer disco y participó en programas de radio, pero la tragedia persigue a “la petite môme”, la chavalita, apelativo que la acompañaría hasta el final de sus días. Y es que los “protectores” de esa joven menuda asesinan a Leplée y ella misma se ve envuelta en la investigación policial.
Dos años después, Raymond Assó, que también se convertiría en su amante, la vuelve a rescatar de la vida canalla que se empeña en atraparla y la lleva a su gran lanzamiento, con giras por toda Europa y su ingreso en la élite cultural, donde conoció a Bretón y a Cocteau, que escribió teatro para ella y que murió apenas unas horas después que su amiga. Pero, de nuevo, la tragedia se interpone y la Piaf, en 1.942, con la ocupación alemana, huye de París.
Tras la guerra llegan el éxito definitivo, las giras americanas y los hombres se suceden en su vida, entre ellos un desconocido Yves Montand. Entonces llegan a su vida, y casi al tiempo, Marlene Dietrich y el que sería su gran amor: el boxeador Marcel Cerdan, muerto en un accidente aéreo y para el que escribió el “Himno al amor”.

A partir de ahí ninguno de los hombres que se sucederían en su vida cubrió el hueco dejado por Cerdan. Ni el actor Eddie Constantine, ni tampoco su guitarrista “Jo”, conocido más tarde como Georges Moustaki, con el que sufrió un grave accidente de automóvil y con el que escribió “Milord”. Agobiada por los dolores, y atrapada por la morfina, triunfa en 1.961 en un último y heroico esfuerzo en el Olympia. Meses después se casaría con el jovencísimo Theo Sarapo, sin saber que estaba apenas a un año de la muerte, que le llegó el once de octubre de 1963 lejos del París que tanto amó y que supo acompañarla en el Père Lachaise con una multitud de seguidores, cerca de cincuenta mil, hasta la tumba donde nunca desde entonces han faltado flores.

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