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“El Tito” pidió pase


Al mismo tiempo que la noticia nos llenó de dolor, no nos sorprendió. Después de varias semanas peleándole a la muerte, “El Tito” Fernández pidió pase y se fue donde sólo hay lugar para los elegidos






Francisco Fernández "El Tito", institución del Liverpool de Montevideo y padre de un amigo. Descanse en paz.


Liverpool Fútbol Club / 12·10·2014

Muchas fueron las veces que lo convocó “la Parca”, pero siempre zafó y en esta, te juro, todos creíamos que –por terco e inquieto- se le iba a escapar y en el próximo partido de Liverpool él iba a estar presente allí, ahora apoyado en su bastón y sentado frente a las cabinas.

Cuando estaba a 20 días de cumplir sus 88 (el 1 de noviembre) Francisco Fernández (para muchos aún hoy “Titito”), logró la transferencia a la inmortalidad.

Muchacho acuñado en Belvedere, Atanasildo Suárez y Pedro Galán, te podía contar cómo había sido el último minuto de tu abuelo que murió en la peluquería, hasta cómo se gestó el noviazgo de tus viejos, donde él ofició de “celestina” corriendo con cartitas para uno y otro lado.

Así fue El Tito, pleno de amigos, desde aquellos que en una cachila se iban de turismo a Pajas Blancas hasta la última comida en el “Cap Polonio” de la calle Gregorio Camino, donde no faltó la cantarola que siguió al almuerzo.

Y El Tito era el centro de todo, contando mil anécdotas, que incluían inclusive su pasaje en las inferiores de Liverpool, donde los testigos de sus eventuales hazañas deportivas ya eran muy escasos. Pero todo se le permitía, porque todos le queríamos y así se lo dijeron estos amigos que compartieron tres semanas atrás esa reunión. Fue su última alegría: “todos me decían te quiero Tito”, le comentó al regreso a su compañera de toda vida, “La Pocha”.

El último partido que El Tito “jugó” con su Liverpool querido fue en Trinidad, con El Torque en la tarde del diluvio, y bajó feliz las escaleras del Estadio Municipal. Había visto ganar al glorioso, con Alfaro, con El Papa, con Junior, etc.

Ya estará comentándole al Ruso Michín y a tantos otros, “no sabés que bien juega éste y aquél botija. Si no se echa a perder será un jugadorazo”. También era duro con aquellos que habían andado mal.

En la hinchada eran pocos a quienes no conocía. Su vínculo con muchísimos era por tres y hasta cuatro generaciones. Era un símbolo al que todos le hacíamos llegar el saludo, semana a semana.

El partido con Cerrito también estará con toda la hinchada. Aplaudiremos cuando recuerden su nombre y no podremos contener las lágrimas.

Y cada uno de los presentes escuchará como un susurro su repetida frase: “que gane tu cuadro”.

Tito: nos vemos el domingo.

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