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Un cuadro de Picasso cambiará la pared de un restaurante por la de un museo

La resolución de una disputa legal significa que “Le Tricorne”, obra del maestro español, tendrá que que abandonar el restaurante Four Seasons de Nueva York





"Le Tricorne", el telón dibujado por Picasso que cambia el restaurante por un museo
Javier Irigaray / 07·09·2014 
Picasso frecuentó durante medio siglo el establecimiento neoyorquino para comer, pero la vinculación entre una de las mayores leyendas del arte y uno de los más ilustres restaurantes de Nueva York termina hoy domingo, 7 de septiembre, cuando la obra de arte -un telón pintado- debe ser descolgada de una pared de travertino para su traslado a un museo. La medida sigue a una disputa legal que ha dividido a algunos de los conservacionistas más importantes de la ciudad.
Los últimos días antes de la caída del telón de Le Tricorne, han supuesto todo un peregrinaje por el restaurante neoyorkino. Las reservas han aumentado en el Four Seasons, los estudiantes de arte se han acercado a dibujar el cuadro, una multitud de visitantes para tomar fotos y, algunos comensales, han realizado pausas en su comida para decir adiós a la pintura distintiva del restaurante.
"Me he quedado de piedra", dice el cineasta y cliente habitual del Four Seasons Howard Kaminsky. "Su lugar es un museo, pero éste era un buen sitio para ese cuadro".
Le Tricorne representa a unos espectadores después de una corrida de toros, fue pintado en 1919 como telón para un ballet. Al hacer hincapié en los espectadores, "Picasso esperaba difuminar la frontera entre el escenario y el auditorio", escribió Sir John Richardson en el tercer volumen de su biografía de Picasso.
Le Tricorne ha ocupado un lugar prominente en el Four Seasons desde que abriera sus puertas en 1959 y se convirtió en lo más destacado de una carta que han degustado presidentes y princesas, el Dalai Lama o Madonna.
Se cree que es el mayor cuadro de Picasso en América del Norte. Tasado en 2008 en 1,6 millones de dólares, está muy lejos de ser la obra más cara del artista, pero algunos ven lo ven como parte del ambiente elegante creado por Philip Johnson, diseñador del Four Seasons.
El dueño del edificio, RFR Holding Corp, decidió el otoño pasado descolgar el cuadro para realizar unas reparaciones en la pared y Landmarks Conservancy, propietaria de la pintura, trató de impedir la maniobra aduciendo que podría dañar el cuadro, que no se había movido desde una restauración a mediados de los 70.
La disputa ha creado un debate en los círculos de conservación, resuelto en junio con un acuerdo para donar la pintura a la Sociedad Histórica de Nueva York para su exhibición, corriendo los gastos de traslado por cuenta de RFR Holding Corp.

Se espera que el traslado haya comenzado a las 12:00 de hoy domingo, 18:00 horas de España, que durará 12 o más horas e involucrará a más de una docena de técnicos.
Según el presidente de Landmarks Conservancy, Peg Breen, los operarios levantarán un andamio de 18 pies de altura para descolgar la pintura, que, con mucho cuidado, se colocará en un tubo de cartón reforzado cubierto de espuma de 20 pies de largo por 2 pies de diámetro.

Luego, el lienzo – que pesará entre 300 y 500 libras, incluyendo el rodillo- se situará sobre una cuna de acero especialmente construida para la ocasión y transportado en un camión hasta el Centro de Conservación de Arte Williamstown, en Massachusetts, para someterlo a una delicada limpieza y reparación de algunos pequeños desperfectos. Todo esto podría llevar varias semanas antes de que la pintura llegue a su nuevo hogar.
"Es un traslado único", dijo Breen, pero "dadas las circunstancias, estamos haciendo todo lo posible para asegurarnos de que se hace bien".

Como sus días en el Four Seasons estaban contados, la pintura ha acaparado más atención que nunca, con magnates de los negocios haciéndose 'selfies' ante ella e incluso la revista Vogue fotografió al rapero Iggy Azalea delante esta primavera. Las visitas han sido tan numerosas que su co-propietario, Julian Niccolini, trasladó un sofá para acomodar a los espectadores.

"Siempre sentí que un restaurante no debe ser algo que deba mantenerse inmóvil, por eso cambiamos el menú todos los días", dijo Niccolini. "Cuando el cuadro se haya ido, algo vendrá, estoy seguro, que va a ser espectacular".



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