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Soy Teresa Wilms Montt y no soy apta para señoritas, de Teresa Wilms Montt

La bella y apasionada Teresa Wilms Montt encarnó estos versos en su vida



Teresa Wilms Montt dio la cara cuando el mundo le dio la espalda

Versovia.com / 07·09·2014

Nació el 8 de septiembre de 1893 en el seno de la élite chilena, fue la segunda de siete hermanas y severas institutrices extranjeras se encargaron de enseñarle idiomas y todo lo que se esperaba de una dama de su clase. Teresa no tardó en rebelarse.

Tenía 17 años cuando, pese a la oposición de las familias de ambos, se casó con Gustavo Balmaceda Valdés, un funcionario del Servicio de Impuestos del Estado ocho años mayor que ella, familiar directo del malogrado presidente José Manuel Balmaceda, que también soñaba con ser escritor. 

Ni mudarse de Santiago a Iquique ni tener a su primera hija, logró aplacar los deseos de Teresa de participar de una vida intelectual, nocturna y bohemia hasta entonces reservada a los hombres. Iquique supuso su acercamiento a los ideales feministas, anarquistas y a la masonería y su cada día más evidente alejamiento del resto de mujeres de su entorno inspirada por el discurso la feminista española Belén de Zárraga y el chileno Luis Emilio Recabarren. Sobre todo, Iquique supuso sus inicios como escritora bajo el pseudónimo de “Tebal”

Volvió a Santiago con sus dos hijas cuatro años después. Continuó con su ritmo de vida nada doméstico, con los abusos de alcohol y opio, con su sentimiento de soledad entre tanto admirador... Su marido, sospechando su adulterio, permitió que la familia Wilms la internase en el Convento de la Preciosa Sangre. Teresa se refugió en la escritura de su Diario Íntimo.

“¡Oh sangre mía que fuiste azul y hoy roja luces! Roja de infierno, de pecado, de revolución”.

Tras un intento de suicidio, en 1916 escapó a Buenos Aires de la mano de Huidobro. Solo en esta ciudad y Madrid publicó poesía y cuentos en vida. La llegada a esta ciudad le permitió abrazar la autonomía como mujer y como escritora. Comenzó colaborando en la revista Nosotros, donde también lo hicieron en su oportunidad Gabriela Mistral y Ángel Cruchaga Santa María. En 1917 publicó sus dos primeros libros. Su ópera prima, Inquietudes sentimentales, conjunto de cincuenta poemas con rasgos surrealistas, gozó de un éxito arrollador entre los círculos intelectuales de la sociedad bonaerense. Lo mismo ocurrió con su segunda obra, Los tres cantos, trabajo en el que exploró el erotismo y la espiritualidad.

En 1918 se trasladó a Madrid. Era habitual encontrarla de día y de noche envuelta en una capa negra, en el Ateneo y en cafés en los que se reunía con Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Azorín, Pío Baroja... De repente, se levantaba y recitaba a Tagore o cantaba un tango...

"Dicen aquellos que no pueden penetrarme en mis risas y en mis llantos, que río por nerviosidad, que lloro por literatura". 1918.

Fue en Madrid donde comenzó a firmar Teresa de la † y allí donde publicó En la Quietud del Mármol y Anuarí, con la muerte y el amor como temas centrales. La primera es una elegía de tono lírico, compuesta por 35 fragmentos, con la muerte como motivo central. Escrita en primera persona, enfocó su interés en el rol mediatizador del amor de la vida. Anuarí, en tanto, es un homenaje a uno de sus enamorados, argentino, que se suicidó frente a ella. Se marchó a Nueva York para colaborar con la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial, pero:

"No me dejaron desembarcar y me encerraron con llave en el camarote... por graves sospechas de espionaje al servicio alemán. (...) El día 4 (de enero de 1918), a causa de la primera letra de mi apellido, fui la última en desfilar ante la presencia de un empleado que acompañado de detectives y oficiales revisaba los pasaportes (en Ellis Island). Al leer mi nombre el representante de la autoridad yankee me miró de la cabeza a los pies, y sin hacerme pregunta alguna, ordenó en voz alta a un subalterno que me acompañara en calidad de detenida".

Regresó a Madrid tras publicar en Buenos Aires Cuentos para hombres que todavía son niños en 1919. Desde Madrid viajó por Sevilla, Córdoba y Granada hasta establecerse en París se reencontró con sus hijas. Al separarse de ellas, cayó enferma, tomó una sobredosis de Veronal y falleció con 28 años el 24 de diciembre de 1921.

Su historia y su literatura fueron silenciadas hasta que a mediados de los años noventa Ruth González-Vergara publicó su biografía Un canto de libertad y más tarde sus obras completas. En 2009, Tatiana Gaviola rodó el biopic Teresa, basado en su vida.

Sus palabras siguen siendo el mejor reflejo de la intensidad con la que vivió y sintió: "Mi pluma tiembla en la mano de rubor, mi corazón llora con el llanto de un criminal cobarde ante el patíbulo. No sé de mi existencia más que por un profundo sentimiento de hastío. ¡Sí, me voy. Ya no espero nada! Seré un autómata, seré una miserable ruina ambulante, seré una maldición viva”.


Soy Teresa Wilms Montt y no soy apta para señoritas

Soy Teresa Wilms Montt… y aunque nací cien años antes que tú, mi vida no fue tan distinta a la tuya. Yo también tuve el privilegio de ser mujer. Es difícil ser mujer en este mundo. Tú lo sabes mejor que nadie. Viví intensamente cada respiro y cada instante de mi vida. Destilé mujer. Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo.

Cuando me dieron la espalda, yo di la cara.

Cuando me dejaron sola, di compañía.

Cuando quisieron matarme, di vida.

Cuando quisieron encerrarme, busqué libertad.

Cuando me amaban sin amor, yo di más amor.

Cuando trataron de callarme, grité.

Cuando me golpearon, contesté.

Fui crucificada, muerta y sepultada por mi familia y la sociedad.

Nací cien años antes que tú y sin embargo te veo igual a mí.


Soy Teresa Wilms Montt, y no soy apta para señoritas".

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