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"Siempre me había dado pereza ir a votar, lo que quiero es que se me consulte directamente"

Michel Houellebecq ha llegado hoy, lunes 1 de septiembre, a la Mostra de Venecia, en la que concurre con Near death experience (Experiencias al borde de la muerte), su segunda experiencia como actor



Javier Irigaray / 01·09·2014                                                                                                                                                                        
El autor de Las partículas elementales es el protagonista absoluto de la película, un poema visual, según lo definen sus directores Benoît Deléphine y Gustave Kerven. Parece que el escritor está tomándole gusto a colocarse delante de la cámara, pues Near Death Experience, que se muestra en la sección Orizzonti, es su segundo trabajo como actor tras El secuestro de Michel Houellebecq, recientemente estrenada en España.

En una rueda de prensa, Houellebecq ha comentado que le pareció divertido que le propusieran ser actor. Hace tiempo le ofrecieron hacer cine, pero el ganador del premio Goncourt por El mapa y el territorio siempre pensó que no daba bien en cámara. Para Kerven y Deléphine era importante que hubiera personajes que pudieran transmitir mucho con su silencio, y ese es el caso del escritor, que en la cinta da vida a un hombre que quiere poner fin a su vida. "No me identifico con el personaje, he conseguido hacerlo porque me he metido en la piel de mis personajes (literarios). Me podía imaginar fácilmente la vida que hacía el que interpreto. Es fácil imaginarse en la piel de otro", ha agregado el autor de Plataforma.

En la película, como en la vida real, se aferra a su cigarrillo como si fuera el único punto de anclaje, junto con otros placeres, a un mundo material al que hace mucho que dejó de pertenecer y habla susurrando, como para dentro, circunstancia que da mucho juego en la película.

En realidad, Houellebecq no interpreta, es él mismo en pantalla, aunque “con alguna exageración”, reconoce. En una de las escenas más hilarantes de la película, durante la sobremesa que comparte con sus captores, el escritor comienza a discutir acaloradamente con uno de ellos por despreciar la literatura fantástica de J.R.R. Tolkien. Tras prohibirle opinar de literatura, Houellebecq se levanta y, a gritos, se enorgullece de ser un intolerante. “Lo de Tolkien es una de esas exageraciones a las que me refiero. En la vida real no me irrita tanto que alguien se meta con El señor de los anillos”.

- ¿Y lo de proclamarse intolerante, también es una exageración de la película?

- No, en absoluto -contesta rotundo-. Siempre he considerado que mis juicios estéticos son los buenos, los acertados.

Intolerante, sí, pero demócrata convencido. De hecho, en un diálogo de la película, critica la democracia representativa y propugna una democracia directa. “Me di cuenta de esto hace un año, durante una entrevista para una revista francesa. De pronto reparé en que siempre me había dado mucha pereza ir a votar y además siempre he fracasado cuando lo he hecho. No quiero ir más a elegir a supuestos representantes, porque lo que yo quiero es que se me consulte a mí directamente”.

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