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Abel Zabala, la décima y el arte del payador en Aguadulce y Antas

Hablar de la décima es hacerlo sobre el origen y la singularidad de la poesía moderna escrita en castellano, por más que sea el vehículo en que payadores y troveros repenticen sus versos



Pepe Criado atiende la disertación de Abel Zabala durante la presentación en Antas del último trabajo de éste

Javier Irigaray / 24·09·2014

Eso, básicamente, vino a exponer el investigador argentino Abel Zabala en Aguadulce, el pasado viernes, 19 de septiembre, y en Antas, el lunes 20, donde ha presentado su último trabajo, La décima popular en el Río de la Plata, de la mano de la Asociación de Trovo El Candiota, la Asociación Socio-Cultural La Clave y la Asociación Cultural Argaria.

En Antas fue presentado Zabala por el poeta y estudioso del trovo Pepe Criado, que mostró a los presentes un sinfín de volúmenes escritos sobre la décima y nombró a una nutrida nómina de poetas almerienses que frecuentaron y frecuentan la estrofa, desde Álvarez de Sotomayor y Villaespesa hasta los contemporáneos Ana María Romero Yebra y Aníbal García pasando por los hermanos albojenses Jerónima y Juan Berbel.

Zabala comenzó confesando cómo cayó rendido y enamorado del arte de los payadores cuando, a la edad de nueve años, escuchó las primeras décimas que, desde entonces, han formado el centro de su vida.

Explicó que el libro que presentaba es el fruto de un reto que le formularon en Panamá, al término de una conferencia que impartió allí, y que tardó 13 años en culminar.

Habló del nacimiento de la décima allá por el siglo XVI, aunque tuviera sus precursores anteriormente, incluso en las jarchas y el zéjel, cuando poetas como Garcilaso y Espinel quisieron adaptar las estrofas que triunfaban en la poesía italiana de la época. Allí era, fundamentalmente, el soneto endecasílabo o alejandrino, pero éstos adaptaron al idioma español el fraseo del octosílabo con cuatro golpes de rima en diez versos, espacio suficiente para cerrar una historia entera, consolidando una estrofa original y propia de la poesía española.

Y esa estrofa, la décima, llamada también espinela en honor a su creador, es la que eligieron los gauchos montoneros, los primeros payadores, según la tradición, para contar sus historias y retarse en duelos que llenan teatros y estadios en toda Hispanoamérica.

No faltaron el recuerdo hecho verso de grandes como Carlos Molina, Curbelo, Carrizo o la cubana Tomasita Quiala y el reconocimiento a un arte que los retos que se imponen sus protagonistas, hacen cada vez más difícil, más sorprendente y mucho más hermoso.

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