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Entrevista con Vicente Lull, arqueólogo

El profesor Lull es un enamorado confeso de El Argar 


Vicente Lull con El Argar al fondo

Javier Irigaray / 09·08·2014

Cada vez que pasa cerca de Antas aprovecha la ocasión para contemplarlo, para notar su presencia y, mirándole a los ojos, uno puede adivinar lo que la meseta milenaria le dice al investigador. No puede callarlo y, al preguntarle, la emoción se desata y habla de la responsabilidad de las personas y de la falta de voluntad de unos y, también, del entusiasmo que ha visto en otros. Pesimista nos dice: “Aquí se acabaron los presupuestos y, también, la voluntad”. Hablamos con experto frente a El Argar, desde la terraza del futuro Museo Pedro Flores de Antas.

- Usted me habló cuando nos conocimos sobre la importancia que para su vida ha representado El Argar ¿qué significa para usted este yacimiento? 

- El Argar significa muchísimo para mí. Me fascinó tanto que fue lo que me impulsó a estudiar arqueología. Precisamente hice la tesis doctoral sobre El Argar porque reunía la peculiaridad de tener casas y tumbas en el mismo lugar y eso suponía algo tan fundamental como explicar no sólo la vida y la muerte, sino otras cuestiones como la propiedad, la división social del trabajo y el sistema político; en definitiva, algo que en otras civilizaciones prehistóricas resulta imposible saber por falta de evidencias. Esto es lo que supuso, básicamente, y, claro, le guardo un cariño muy fuerte. Cuando retomo una excavación argárica, me siento muy feliz.

- Uno de sus trabajos más importantes tuvo lugar muy cerca, en el yacimiento de Gatas, en Turre 

- En Gatas estuvimos desde el año 1985 hasta 2006, a veces de una manera alterna por falta de presupuestos, pero hubo un gran esfuerzo por parte de todos. Gatas era un yacimiento que nos atrajo mucho por ser uno de los clásicos y porque, además, en aquellos tiempos se creía que estaba arruinado, erosionado y que no quedaba nada en él. Y estábamos muy tranquilos pensando que, si había poca cosa, recuperábamos lo que se pudiera y ya está; pero, afortunadamente, afloró un yacimiento magnífico que, además, fue habitado desde el calcolítico medio [Edad del Cobre] y, después, en época argárica [Edad del Bronce]. Resultó un yacimiento soberbio. Aunque ligeramente erosionado, aún tiene muchas cosas que decir, de hecho, estamos preparando una publicación definitiva después de haber presentado en 1999 una monografía de todo lo que hicimos en las primeras campañas. Ahora estamos ultimando el remate final de nuestra presencia en Gatas.

- ¿Por qué se fueron ustedes de Gatas? 

- Los trabajos en Gatas terminaron por falta de presupuesto y de voluntad política; quizás por falta de pensamiento adecuado. Yo siempre he dicho que la cultura te arruina o te enriquece. Un mal tratamiento político de la cultura puede entrañar un empobrecimiento económico, pero un buen uso de la cultura, aparte del conocimiento que supone, es muy rentable, por eso es menester abundar en una gestión eficaz de la cultura. En cualquier caso, para desempeñar eficazmente esa tarea, hay que ser un político muy enérgico y decidido.

- ¿En qué cree usted que puede estribar esa diferencia que hace que en todas las provincias de nuestro entorno se investigue y ponga en valor el patrimonio y aquí no? 

- La diferencia no es una cuestión política, es una cuestión de personas, esa es mi apreciación. Tanto el anterior consejero de cultura de Murcia, Pedro Alberto Cruz, como el primer delegado de cultura que fue José Miguel Noguera, o el segundo, Enrique Ujaldón, eran unas personas muy inquietas por la cultura y, además, por una cultura muy diferente. Recordaré siempre cuando el consejero me dijo un día “yo quiero provocar a la gente porque el arte tiene que ser provocativo”, y me pareció insólito en un mandatario político. Por eso, La Bastida (yacimiento argárico localizado en Totana) es un proyecto insólito, porque pretende ver lo distinto, no profundizar en lo que ya sabíamos y, claro, hemos hecho una cosa muy rara. Hemos tenido la suerte de que ha salido todo muy espectacular y monumental, de lo contrario, igual hasta nos habrían echado de allí, pero lo cierto es que la investigación histórica que estamos desarrollando, que trata de las diferencias existentes entre la gente que vivía en ese sitio hace 4.000 años y esto, sin esas personas, sin esos políticos que creían en hacer algo distinto, no hubiéramos hecho nada.

Concluyendo, que son las personas quienes toman las decisiones y los políticos, los partidos, a mi modo de ver, confieso que soy muy escéptico, siguen una inercia que puede conducirles a estrellarse o a ir para el otro lado. Yo creo mucho en las personas y muy poco en los gremios, ya sean de arqueología, de políticos o de lo que sean. Los gremios son perjudiciales en todos los aspectos.

- ¿Cuál es la importancia de La Bastida, el proyecto que ahora le ocupa? 

- Hay dos aspectos que son fundamentales, y no sólo en La Bastida, sino en las excavaciones que hacemos en el proyecto. Allí hemos encontrado la primera ciudad fortificada en términos estratégico-militares, eso es algo inédito e insólito en la prehistoria europea y, lo segundo, lo hemos hallado en otro yacimiento que se llama La Almoloya, a unos 22 kilómetros de La Bastida. Allí hemos descubierto un gran centro administrativo o una sala de reuniones políticas, un edificio como no se había encontrado nunca otro en términos patrimoniales, un edificio esplendoroso. Es algo que por primera vez se ha visto y estamos muy contentos de que todos nuestros compañeros europeos están comprobando que la importancia inmueble, no mueble, argárica es de un nivel desusado. Eso es lo importante. Estamos hablando de un Argar monumental, de ahí la trascendencia de este hallazgo.

- Se está tratando de promover la Cultura Argárica como Patrimonio de la Humanidad. 

- Me parece muy oportuno, pero, para ese fin, serán necesarios más proyectos de investigación; hace falta, por encima de todo, la revitalización del yacimiento de El Argar, porque, si La Bastida no dice lo contrario, El Argar es la capital de este territorio y no puede estar así de olvidado. Es el yacimiento emblemático de la Cultura que lleva su nombre y es algo insólito, a la vez que intolerable, el estado de abandono en que se encuentra la cuna de nuestra civilización.


Vicente Lull (1949) es catedrático de Prehistoria en la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los más prestigiosos arqueólogos en activo de todo el mundo. Desde la década de los setenta ha dirigido numerosos proyectos de investigación sobre la prehistoria del sureste de la península Ibérica y de las islas Baleares. Además, son especialmente relevantes sus contribuciones en la teoría arqueológica (estructura general del razonamiento, relación entre conjuntos funerarios y sociedad, etc.). Entre sus obras es autor de “La cultura de El Argar. Un modelo para el estudio de las formaciones económico-sociales prehistóricas” (1983); coautor de “Arqueología de Europa, 2250-1200 a.C. Una introducción a la Edad del Bronce” (1992); de “Cronología de la prehistoria reciente de la península Ibérica y Baleares (c. 2800-900 cal ANE)” (1996), “Ideología y sociedad en la prehistoria de Menorca. La Cova des Càrritx y la Cova des Muslo” (1999) y “Proyecto Gatas 2. La dinámica arqueoecológica de la ocupación prehistórica” (1999), las tres últimas con participación de Rafael Micó.



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