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Segundos poemas nunca fueron buenos, de Carles Campomar. Reseña

El autor, al igual que el crítico teórico Walter Benjamin refiriéndose al aura, se da cuenta de que las copias del original tan sólo conllevan un desgaste, una pérdida


El poeta y el libro

 
Juan Carlos Gutiérrez / 22·07·2014

A lo largo de la colección de 80 poemas de las que se compone el libro, Campomar trata los temas universales de la poesía: el amor, la amante, la mujer, el paso del tiempo, la rutina o la pérdida entre otros. 

El libro empieza con el poema “las cosas son menos cosas” donde hay una contraposición entre la negación inicial del narrador que empieza siendo novato y el paso del tiempo reflejado en estrofas como “los novios inexpertos no son tan inexpertos/ cuando roban un te quiero a la novia” ó “[…] los días son menos días cuando el ser/ querido no amanece entre nuestras sábanas” indican que para el narrador el tiempo es relativo. Más abajo concluye en la penúltima estrofa que “los años son más años cuando de repente/ dejan de ser años”.

Muchos poemas tienen un claro componente autobiográfico, donde los que conocen al autor descubren referencias a su noviazgo que empezó de manera epistolar. Por eso, llama especialmente la atención “Cartas” en el que se narra el inicio de una– su– relación amorosa a través de correspondencia “palabras llenas de sentimientos,/que la distancia separaba a los dos” o “Paseos de pareja novata,/ enseñó a querernos como es debido,/ playas desiertas de personas/ se hacían las ciegas a nuestro desenfreno” que describen esos momentos de pasión de los amantes primerizos. Pero ha pasado el tiempo y esas cartas ya cesaron porque la pareja se consolidó y formó una familia donde “Pasan los días sin rechistar,/ [...] junto a nuestra pequeña fiera”. Ya al final del poema, el narrador– con cierta nostalgia– recuerda aquellas cartas polvorientas que tiene guardadas en un cajón que solamente abre para “para recordar lo que sería un futuro.”

En ”Maletas perdidas” se hace referencia al “Aeropuerto de despedidas y últimos besos,/ aviones con destino a cualquier lugar” un escenario cotidiano para una pareja que tiene que sobrevivir a la distancia y que desea estar junta hasta el último minuto antes del embarque “[…] segundos deseando ser eternos,/ manos que no sueltan a sus gemelas,/ del amor del que se despide con un hasta pronto.”

La admiración que siente por su esposa se hace presente en poemas como “Hoy no habría padre”, “Musa” o “Pocas palabras” por mencionar algunos, donde trata la importancia de su mujer como madre y fuente de su inspiración como confidente y compañera. Cabe destacar “La mujer más bonita” que tiene un eco al “soneto 130” de Shakespeare donde la comparación de su amada rompe con la idealización petrarquiana de la mujer. Las dos primeras estrofas del primer cuarteto empiezan con “Los ojos de mi dueña nada son junto al sol;/ el coral es más rojo que el rojo de sus labios”, las dos primeras de Campomar con “La mujer más bonita no tiene los ojos perfectos,/ ni las uñas perfectas de una muñeca de cera”. El narrador del soneto de Shakespeare continúa rompiendo las falsas comparaciones de rosas con mejillas, de perfumes con alientos, y entre la voz y la música pasando por lo corpóreo de su amada que camina y no flota como una diosa, mientras que el narrador de Campomar no se limita a romper las falsas comparaciones sino también a aportar afirmaciones del tipo “La mujer más bonita tiene kilos de más,/ varices decoran esas piernas,/ que no esconden los kilómetros andados,/ […] La mujer más bonita no tiene labios de miel,/ ni el pelo sedoso de princesa de cuento, / las arrugas que decoran esas manos,/ […] la mujer perfecta es sinónimo de imperfecta” Concluyen ambos narradores de los poemas de Shakespeare y Campomar que son precisamente las imperfecciones las que humanizan a su amada y la hacen bella.

El proceso creativo del autor aparece reflejado en “Tiro versos” donde el narrador del poema en primera persona cuenta cómo se desarrolla su composición poética. Con “Nombres” juega con el lenguaje contando una historia con sustantivos y adjetivos personificados que se entrelazan con mejor o peor suerte “Alguien dijo que Consuelo/ era prima de Desamparo,/ que a la vez era novia de Maldito tiempo, / que se acostó con Remedios”. Con los signos ortográficos también se recrea personificando sus relaciones en versos como “Mientras el punto hacía feliz a la coma,/ esa misma amaba a escondidas al acento,/ que era amigo de los puntos suspensivos, / en noches de desenfreno” o, más abajo “El interrogante suspira por/ la exclamación,/ que era eternamente fiel con arroba,”

A lo largo de toda la obra, el autor hace un uso muy frecuente de la anáfora lo que proporciona un ritmo lento pero constante, reforzando así el paso inexorable del tiempo. Es frecuente también el uso de la repetición, ya que mediante ésta, consigue plasmar la rutina que tanto denuncia.

El libro concluye con el poema “¡Sí! Eres tú!” Un poema de carácter reivindicativo enfocado a la mujer maltratada. Aunque trate un tema tan abominable como la violencia machista, el narrador se convierte en esa voz interior, en una especie de conciencia de la mujer que le recuerda que es precisamente ella la que está sufriendo y la que debe reaccionar. Esto se ve reforzado con la disposición en forma de flecha que presenta el poema que señala directamente al lector. Precisamente, la genialidad de este poema radica en que no solamente el narrador del poema está incitando a la mujer maltratada a actuar, sino que implica al lector quién es a la vez testigo de este maltrato para que luche en contra de esta lacra social fuera del poema.

Tanto los que conocen personalmente a Campomar como los que no, podrán disfrutar de cada poema del libro. La inmediatez de sus versos y su uso del lenguaje acercan al lector al mundo más íntimo del poeta a la vez que le transportan a múltiples situaciones y estados de ánimo de lo más variopinto.

Y hay que destacar el prólogo del cantautor Diego Ojeda y el epílogo del periodista Rodolfo Serrano

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