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Lorenzo Silva y Playa de Ákaba toman Carboneras para la literatura

Lawrence, con un pequeño contingente de beduinos, recorrió mil kilómetros, 270 a través del desierto de Sinaí, y libró dos violentos combates, capturando, finalmente, la ciudad de Ákaba y sus fuertes

 
Mario Sanz, junto a Lorenzo Silva, Salvador Hernández, alcalde de Carboneras, y Evaristo Martínez

Javier Irigaray / 26·07·2014

Con quinientos árabes hizo setecientos prisioneros. Había tomado la playa de Ákaba, el más importante puerto de los turcos en el mar Rojo.

Lorenzo Silva, un Lawrence de Carabanchel, tras recorrer muchísimos más kilómetros rebotando, tras su vuelta de Afganistán, de esquina en esquina ibérica, ha tomado para la literatura, al frente de un puñado de escritores, el Castillo de san Andrés, en la villa de Carboneras.

El alcalde, Salvador Hernández, recibió a los autores nómadas e inauguró el intenso día que, de la mano de la editorial Playa de Ákaba, comenzaba a vivirse.

Mario Sanz, el último farero, habló sobre la vinculación de Carboneras con el mundo de la literatura y repasó la larga nómina de escritores relacionados con este pueblo marinero, muchos de ellos presentes entre el numeroso público asistente.

A continuación, Evaristo Martínez, jefe de la sección de cultura de La Voz de Almería, repasó la conexión de Almería como escenario cinematográfico de numerosas e importantes películas. No faltaron, obviamente, las alusiones a Lawrence de Arabia, de David Lean, y a Cómo gané la guerra, de Richard Lester, la película que trajo a John Lennon hasta Almería.

Y siguieron los nómadas de Playa de Ákaba. Primero, Silva, que habló de la aventura de editar en los tiempos que corren y recordó cómo, cuando contaba apenas cinco o seis años, cayó en sus manos un tebeo de la colección “Joyas literarias juveniles” de la editorial Bruguera basado en la película de David Lean y cómo fue ese, aún sin saberlo, su primer contacto con Carboneras; a los 15 años vio, por primera vez, la película y fue toda una revelación ver la silueta de la montaña que se adentra en la playa de El Algarrobico, escenario del desembarco en el film de Lean, e, inmediatamente, decidir que había de ser su silueta el logotipo de la editorial que estaba creando.

Rosario Curiel ilustró al auditorio sobre La Habana de Alejo Carpentier, aquella ciudad que vivió "el tránsito de la soledad a la solidaridad", en palabras de la autora, y Ángel Silvelo, tras dar lectura a una suerte de manifiesto sobre la necesidad del héroe en la literatura, habló sobre la Roma de Keats, un viaje más imaginado y reconstruido por el propio Silvelo que por el poeta romántico inglés, que a los quince días de llegar, aquejado de tuberculosis, cayó postrado en una cama de la que sólo salió, dos meses y medio más tarde, muerto.

Rafa Melero y Juan Soria Palacios trataron del Estocolmo de Stieg Larsson y la Praga de Kafka respectivamente.

La tarde ha sido propicia para el debate en dos mesas redondas que versaron sobre las experiencias en el proceso de escribir. En una de ellas participaron tres de los deus ex machina de Playa de Ákaba, Elías Gorostiaga, Ana María Trillo y Noemí Trujillo y, en la otra, los escritores almerienses Manuel Reinaldo, Francisco Hernández Benzal y Raúl Quinto.

El día concluyó con dos preestrnos relacionados con Barcelona como ciudad literaria, La ira del Fénix y Subway Placebo, y una semblanza de Ángel Silvelo sobre la Lisboa de Pessoa.

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