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Entrevista con Hermanfrid Schubart

La Cultura Argárica es una de las grandes civilizaciones y debe ser patrimonio de la humanidad, dijo Hermanfrid Schubart, el investigador de más prestigio en el mundo de la arqueología


El doctor H. Schubart en un momento de la entrevista


Javier Irigaray / 16·06·2014

El doctor Hermanfrid Schubart es la máxima autoridad en lo concerniente al estudio de la cultura argárica y eso, aquí, es mucho. Podría decirse, sin temor a errar, que es el sucesor de Siret. Nació en Kassel el 1 de diciembre de 1930. Cursó estudios de Historia en las universidades de Greifswald y Leipzig, especializándose en Prehistoria y Arqueologíay realizó su tesis sobre la edad del bronce en Mecklenburg. En 1959 ingresó en el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, del que llegó a ser director. Ha participado y dirigido excavaciones en numerosos países, siendo los más reconocidos sus trabajos en el sur de Portugal y en Andalucía, fundamentalmente, los relacionados con el “proyecto geoarqueológico de las costas de Andalucía”, junto al también arqueólogo Oswaldo Arteaga y los geólogos Horst D. Schulz y Gerd Hoffman y sus excavaciones en El Argar y, sobre todo, en el poblado de Fuente Álamo, en Cuevas del Almanzora. Los reconocimientos a su carrera son, igualmente, numerosos. Es Doctor Honoris Causa de las universidades de Oporto y Autónoma de Madrid, medalla de oro de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología, al mérito en las Bellas Artes Juan Carlos I y Premio Andalucía de Arqueología entre muchos otros.

Podríamos considerarle como parte del paisaje arqueológico de la comarca. Él así se reconoce.

- Siempre es una alegría volver a El Argar –dice- y reencontrarse con este paisaje. auténticamente arqueológico; entras aquí y vives la arqueología. En otros lugares de Europa, en Alemania, una antigua villa romana es ocupada por árboles y pronto se convierte en bosque mientras que aquí, entras en El Argar, en Fuente Álamo, El Oficio o Los Millares e inmediatamente estás ante un paisaje rotundamente arqueológico.

Más de medio siglo en la comarca.

- Llegué aquí por primera vez en el año 59, pero ya había empezado a estudiar la cultura argárica. Realicé mi tesis doctoral sobre la edad del bronce en Alemania y observé una gran semejanza entre la cerámica y los utensilios de bronce de la cultura argárica y los de una cultura de Bohemia. Eso llamó mi atención, pues significa que, si no hubo un contacto directo, sí que compartieron una misma raíz y empecé a estudiarlo, publicando mi primer trabajo sobre la cronología de El Argar en 1962. Después vinieron invitaciones para excavar en yacimientos fenicios y de la edad del cobre en Portugal. Pensé que podía ser interesante conocer lo que existió antes del bronce y lo que hubo a continuación pero, como me decía un antiguo jefe ‘una excavación es como una guerra, uno sabe cuando empieza, pero no cuando termina’ y, así, hasta el 77 no pude volver a Fuente Álamo, que era para mí un sueño desde la primera visita en 1960.

Llegué a El Real de Antas buscando a la familia de Pedro Flores, que era quien había estado a cargo de las excavaciones de Siret sobre el terreno y alguien me indicó dónde vivía Cayetano, el menor de sus hijos. Cayetano me enseñó El Argar y me habló de aquellos días en que venía a traer la comida a su padre mientras trabajaba en las excavaciones. Para mí era extraordinariamente emocionante tener frente a mí al heredero de Pedro Flores, a alguien que había participado en las excavaciones dirigidas por Siret.


Fuente Álamo, su legado.


Foto Michael Kunst, Instituto Arqueológico Alemán, 1979-120

- En principio, no pensé excavar en El Argar; sabía que Siret lo había removido todo y lo había estudiado en profundidad, pero Fuente Álamo ejercía una atracción enorme sobre mí. Fuente Álamo tiene una situación especial con las dos crestas de roca y la hendidura. Justo en el punto más bajo de esa hendidura describe Siret en su Atlas que tuvo que bajar cuatro metros para llegar a la tumba 24 y hasta allí había estratigrafía arqueológica.

En Fuente Álamo, como en otros lugares de la cultura argárica, los muertos eran enterrados con grandes piezas de carne a modo de provisiones para su viaje al más allá, de buey para los guerreros y de cabra o de oveja para niños y mujeres y en dos de las tumbas se hallaron vasos pequeños con aceite que contenía restos de amapola de opio. No podemos saber si era el analgésico que tomaron durante los últimos días de su enfermedad o si se trataba de una ofrenda, pues sabemos que el aceite tenía una función en el culto. 
Abrimos una zanja de cuatro metros de ancho para ver el corte estratigráfico, es decir, para poder describir las sucesivas civilizaciones que habían vivido allí e hicimos otros cortes en los lados para comprobar la extensión del poblado de Fuente Álamo.

Pero su situación en la cima de un cabezo propició que la erosión hubiera causado demasiados destrozos y vimos conveniente, durante la última fase de las excavaciones, echar un vistazo al urbanismo de El Argar. Invitamos al profesor Helmut Becker, eminente geofísico que descubrió la ciudad de Troya.

Becker realizó prospecciones geofísicas en El Argar que plasmó en un plano urbanístico de la ciudad, con casas situadas con varias orientaciones e indicaciones de una metalurgia intensiva. Abrimos tres zanjas que nos mostraron zonas destruidas durante la ocupación musulmana y, también, zonas intactas de la población argárica. Pudimos comprobar que los restos metalúrgicos, en su mayoría, eran productos de metalurgia de la época musulmana pero el resultado más trascendente lo encontramos en el tercero de los cortes. Encontramos un pozo de más de dos metros de profundidad con esqueletos de animales y multitud de vasos intactos, así como restos de aceite. Se trataba de un lugar sagrado en el que se depositaban ofrendas, no sabemos si a los muertos o a los dioses, pero sí estaba claro que era un lugar en el que se hacían ofrendas de tipo religioso, pues a diferencia de las tumbas, no existían huesos humanos.

La argárica es, sin duda, una de las grandes civilizaciones de la antigüedad, corresponde que se declare patrimonio de la humanidad y, en esa tarea, siempre podéis contar con mi ayuda. También debe hacerse con la cultura de Los Millares. Al final de la época argárica vienen otras culturas, la evolución de El Argar sale al bajo Guadalquivir, a la cultura tartésica, pues la historia es dinámica, evoluciona. Las altas culturas de Oriente Próximo suben y suben a enormes alturas, pero los griegos llegan más allá y los romanos llegan más allá aún; el renacimiento europeo llega más allá. Siempre hay otros centros, otras culturas y otros escalones en la evolución de la humanidad, pero eso no quita importancia a ninguno de los anteriores porque los posteriores siempre se superponen sobre esa base, sobre esos cimientos.

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