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“El metro”, de Donato Ndongo. Reseña.

Donato Ndongo Bidyogo nació en Niefang, Guinea Ecuatorial, en 1950. Escritor y periodista, fue director adjunto del Centro Cultural Hispano-Guineano de Malabo, delegado de la Agencia EFE en África central y director del Centro de Estudios Africanos en la Universidad de Murcia.


Donato Ndongo durante su conferencia sobre las relaciones Europa-África en Antas (Almería)

Javier Irigaray / 18·06·2014

Su extensa labor de difusión del africanismo en España es unánimemente reconocida. En los círculos académicos está considerado como el máximo impulsor y el creador más notable de la literatura escrita en Guinea Ecuatorial, y uno de los escritores africanos más relevantes.

Autor de numerosos artículos en la prensa española, ha publicado, entre otros libros: Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial (1977), España en Guinea (1998), y novelas como Las tinieblas de tu memoria negra (1987, traducida al inglés y francés), Los poderes de la tempestad (1997) y El metro (2007). Su Antología de la literatura guineana (1984), primera en su género, es considerada como la obra fundacional de la literatura guineana escrita en español. Entre 2005 y 2008, fue profesor visitante en la Universidad de Missouri-Columbia (Estados Unidos).


“Nunca hubiese creído que el mundo fuera tan amplio, tan diverso, tan hermoso, tan confortable”.
El metro, Donato Ndongo


Cuando Lambert Obama Ondo, protagonista de la novela del periodista y escritor ecuatoguineano Donato Ndongo, ve por primera vez las calles de una gran ciudad europea, Madrid, sólo había leído un libro, El principito, y por él sabía que la ciencia de los blancos les había llevado muy lejos, pero nunca pudo imaginar cuánto.

Decía Jardiel Poncela en ¡Espérame en Siberia, vida mía!, que “antes, las selvas vírgenes del África bastaban para hacer un libro apasionante a base de aventuras entre negros salvajes y ex­ploradores blancos; ahora ya ni las selvas conservan su virgini­dad y en el África no hay exploradores, sino explotadores, y para hallar negros salvajes es preciso zambullirse en un cabaret y so­portar el ruido del jazz”.

No diré que carezca de razón Jardiel, pero yo abro el libro de Ndongo y entro, sin llamar, al país de los yendjok. Huellas de tinta impresa me guían, entre gente que no me ve, por pueblos sabios que comen crema de maíz y sopa de cacahuete con pescado salado, estofado de cabra en salsa de chocolate y envueltos de cacahuete con antílope ahumado. Vivo, a distancia, las circunstancias, peripecias, aventuras y pasiones que rodean, llenan y forman la vida de un joven de Camerún, la de sus antepasados y sé que no habrá mares suficientemente anchos, cuchillas convenientemente afiladas o vallas lo bastante altas como para impedir que los Lambert Obama Ondo que pueblan las selvas, desiertos, aldeas y ciudades de África dejen de intentar cruzarlos y saltarlas.

Amo los libros que me conectan a tantos mundos como existen y como pueden ser. Libros que me aportan puntos de vista distintos y, con frecuencia, distantes. La novela de Ndongo es una descripción, desde el otro lado de las concertinas, de un asunto que nos concierne a todos, africanos y europeos, negros y blancos, pero visto y contado por un observador excepcional que ha nacido y crecido allí español, europeo; que ha estudiado y vivido aquí, y fue despojado de la nacionalidad, junto a todos los negros de la Guinea española, de la noche a la mañana sin haber contado con ellos. Ndongo habla de un único problema al que llamamos de dos maneras diferentes en función del lado de la valla en que el azar nos dio a luz: inmigración o emigración. El metro nos sitúa al otro lado de la frontera. Una novela necesaria para comprender cosas que pasan.

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